En este mundo tan lleno de tristezas y problemas poder estar un ratito creando cosas bonitas, buscando una sonrisa, haciendo que todo tenga más luz, claridad y sentido, es algo que me ha ayudado mucho a superar los silencios de mi vida. Ahora lo comparto con todos vosotros, lo doy a conocer con nombre propio. Espero que os guste mi colección de detalles y de cuentos infantiles y educativos. Contando en Positivo - Cristina Mena
Alguien dijo una vez: "la música es la banda sonora de nuestra vida"
Hagamos pues que la película sea bella.
Desciende...
Desciende para sentir unas lágrimas que no son las tuyas, desciende para añorar un gesto suave sobre tu rostro, sobre tu cuello, desciende para imaginar el vaivén de un mar reposado de virtudes que afloran en su superficie aferradas a la balsa de tus sentidos recuerdos.
Desciende para sentir esfuerzos, desciende para compartir este momento conmigo, desciende para imaginarme a tu lado sin que me veas, en tu caminar sin que sientas las huellas de mis pasos, en tu mirada resbalando contigo en una lágrima, en tu boca, recostada en ese beso que guardas en tus labios, en tu pelo, enredando mi sonrisa pícara en una cana, en tus manos bosquejando caricias en las venas de tu piel, en tus dedos, sintiendo el tacto de unas palabras cambiadas. A tu lado, sin pedir nada.
Desciende, reposa, entorna los ojos, descansa en la llanura de una música extendida... delicada. No desciendas para olvidar, deciende para entender, para sentir.
Ahora... para, déjalo, ya no desciendas más, eleva los ojos hacia la cima y escucha... mi esperanza te llama.
Hace unos días ví a un hombre caminando, iba muy lento, tan lento que cada paso que daba era un mundo para él, apenas posaba una pìerna parecía que habían pasado horas, sus huellas no se marcaban, se borraban en la lentitud del avance, así que nadie podía advertir realmente que iba caminando, su quietud era inmensa, su cuerpo apenas se desplazaba pero él con estusiasmo, con confianza, con valentía, sin decaer en el ánimo continuaba dando pequeños pasos, posando sus pies, estabilizándose, avanzando.
Yo, yendo con el paso más firme, más rompedor, más rápido, le alcancé en mi camino e inevitablemente aflojé mi paso y me puse a su altura; él amablemente me saludó y por unos momentos iniciamos una conversación en ese breve ratito de coincidencia en nuestro camino.
Hablamos amigablemente, incluso con familiaridad al hacerme confidencias sobre sus experiencias de vida, sus viajes pues había sido marinero mercante, los pequeños secretos de su desgastada vida, en ocasiones para afianzar sus palabras posaba su mano en mi hombro como tratando de acercarme más a él y se disculpaba, siento ir tan despacio, me decía con una voz quebrada y temblorosa, no se preocupe contestaba yo y así continuabamos progresando; en otros momentos buscaba apoyarse en mi mano como intentando recuperar aliento, luego recobrando fuerzas me soltaba y me hablaba en voz baja cosas que sólo pudiera escuchar yo.
Asi anduvimos un pequeño trecho del camino, muy pequeño pero interminable. Su lentitud era tan grande que tuve que acomodar mi paso al suyo para poder ir a la par. En ese trayecto a menudo levantaba la vista y miraba, no dejaba de mirarme, de sonreirme, de intentar escuchar lo que decía, pues por su avanzada edad su oído estaba ya muy deteriorado. Hablaba con dulzura, con palabras suaves y pausadas, buscando siempre en mis ojos la actitud de entrega necesaria para proseguir.
Tras esos momentos de charla, tuve que forzar una despedida pues me estaban esperando y se me hacía tarde, el paso lento del buen hombre era muy grande, así que nos despedimos, con cordialidad, como si ese encuentro casual fuera algo necesario y útil para que yo entendiera algo en mi vida. ¿Hacia donde va?, le pregunte finalmente interesándome por el destino de su trayecto. ¡Hacia adelante! dijo él sonriéndome animosamente y dejándome completamente cortada sin poder decirle ya nada más.
Al quedarme ya a solas, apreté mi paso. Fui consciente de que iba dejando a mi viejo compañero de breves minutos más atrás, en otro punto más retrasado del camino, con su propio destino, con su propio rumbo. Al verme sola caminando, de nuevo con paso firme y decidido noté un vacío, una sensación extraña, iba rápido, alejándome pero esa era la sensación que tenía, que me alejaba. Sin saber muy bien porqué volví la vista y allí ví a ese pasajero, temporal y anciano compañero de escasos momentos, andando con dificultad, dando pasos pequeños, lentos, comedidos, planificados. Sin saber bien porqué me quedé mirándole, él para andar se mantenía pendiente tan solo del suelo, de sus piernas, de no caer, no podía darse cuenta de que le miraba, pues su concentración era grande para dar sus lentos pasos, para no tropezar. Allí me quedé mirando unos segundos más como avanzaba con dificultad, al ver cómo proseguía, por un momento, solo por un momento, entendí algo.
Sonreí, él no me veía pero yo sonreí, dí media vuelta y comencé a caminar, mi paso seguía siendo igual de firme pero andaba ahora más despacio, más reposada, respirando más profundo, disfrutando más del camino, entendiendo mejor mis pasos.
Un breve encuentro de minutos que ayuda a entender algo:
Ese encuentro se produjo en un estrecho pasillo; al salir del ascensor para dirigirme a visitar a un familiar enfermo topé con ese amable viejecillo e inevitablemente avanzamos ambos por un estrecho tramo de pasillo durante unos minutos. Él, con su paso muy lento, llevaba un andador que ocupaba todo el corredor y era imposible hacerse un hueco sin molestarle. Al despedirnos cuando comenzaba a ensancharse un poco más el pasillo y decirme que iba hacia adelante se dirigía tan solo a un comedor cercano para cenar. Lo sé porque casi una hora más tarde allí le ví, estaba sentándose por fin a la mesa.
***
Existen personas que dan pasos lentos, tal vez mucho más lentos que otros y aún así, tienen un motivo para caminar, algo por lo que sostenerse y aunque sea casi imperceptible su movimiento, su avance, tan solo por su creencia y su esfuerzo avanzan, no decaen... llegan.
- Eh, ¿una historia? pero bueno, ¿alguien tan pequeño como tú ya quiere contarme una historia? y dime :¿de que es la historia?
- Quiero contarte una historia sobre el Sol
- ¿Sobre el Sol??, no me hagas reir, ¿tú? ¿sobre el Sol?, no seas fantasiosa, tú no puedes contar historias sobre el Sol, ¡qué temeridad!.
- ¡Sí puedo!, ¡¡claro que puedo!!, quiero contarte una historia sobre el Sol.
- Pero mira que eres cabezota, tú eres insignificante y encima no tienes ni idea de lo que es un Sol, no me hagas reir, anda vete a jugar con tus amiguitas y no me hagas perder más el tiempo.
- Jooo, ¡¡¡pero yo quiero contarte una historia sobre el Sol!!!, ¡¡puedo hacerlo!! ¿me dejas? ¿sí?, ¿me dejas??, andaaaa, por favooor, me dejas, ¡¡es una historia muy bonita!!!
- Ah, que pesada eres, seguro que no te vas si no te dejo que me la cuentes, bueno, veamos qué quieres contarme, pero no te inventes,¿¿eh??? no me gustan las mentirosillas, si vas a contarme algo del Sol que sea verdad, mira que enseguida voy a notar si lo que dices es cierto o no, ¿de acuerdo?
- De acuerdo, ya verás cómo lo que te cuento es verdad.
Y diciendo esto aquel ser comenzó su historia de esta manera:
Había una vez un inmenso Sol...
Cada mañana ese Sol brillaba con tanta intensidad que a todos les producía alegría verlo tan luminoso y en un cielo tan azul.
Un buen día una Nube se acercó al Sol para preguntarle si podía estar un ratito a su lado. El Sol se puso muy contento por la compañía y le dijo que sí.
La Nube extendió su algodonado manto color blanco tapando algunos rayitos del sol y esto hizo que el cielo se oscureciera un poquito. La Nube al ver que eso al Sol no le molestaba llamó a otras amigas suyas, otras nubecitas y todas se pusieron juntas alrededor del Sol. De esta manera fueron muchos los rayos de sol que se perdieron entre tanta blancura por lo que aquel paisaje de cielo limpio y claro desapareció.
Entonces se acercó un Viento amigo y le preguntó al Sol si podía acompañarlos a todos un poquito. El Sol dijo que sí y el Viento sopló suavecito sobre los rostros blancos y dorados de sus compañeros. Algunas Nubes con el Viento soplando se alejaron un poco del Sol pero siguieron felices estando presentes en aquel inmenso cielo.
Entonces se acercaron unos Rayos y unos Truenos que venían de algún extraño lugar con unas copitas encima, venían armando mucho ruido, al ver al Sol le preguntaron si podían quedarse un ratito a descansar. El Sol les dijo que sí y aquellos Rayos y Truenos se sentaron juntos. Con su bullicio y diversión sin darse cuenta formaron tal Tormenta que algunas Nubes, asustadas, se pusieron tristes y oscuras; el Sol, viendo a sus escandalosos amigos, por prudencia se alejo un poquito y el Viento intentó por todos los medios no sentirse cohibido y trató inútilmente de arrastrar con sus brazos de aire a aquellos vecinos tan molestos, aunque lo estaba pasando francamenta mal en ese intento. Algunas Nubes comenzaron entonces a llorar y quejarse, asustadas ante la Tormenta. Los Rayos y Truenos al ver la que habían armado, pues su intención solo era divertirse y no hacer llorar a nadie, decidieron ir a pasar su resaca a otro lugar y se alejaron de aquellos seres asustados que no querían acompañarlos ni entenderlos en sus fiestas. El Sol salió tímidamente para ver cómo estaban sus compañeros pero al ver que las Nubes ni se atrevían a acercarse a él ideó un plan para que aquellas Nubes recuperaran su sonrisa.
Entonces llamó al Arco Iris y le dijo que por favor hiciera algo para que las Nubes se sintieran mejor. El Arco Iris pensó y pensó y de repente tuvo una idea, abrió mucho sus brazos recogiendo las últimas gotas de aquel aún encapotado cielo y pidiéndole al Sol que iluminara el agua, de sus brazos salieron multitud de haces de diferente luz y color que inundaron el cielo.
Las Nubes al ver aquellos brazos de luz tan bonitos expuestos en aquel inmenso y acristalado cielo fueron recuperando la confianza y comenzaron a sonreir y sacudirse unas últimas gotas de tristeza hasta quedarse de nuevo completamente blancas, brillantes y felices. Ante tanta felicidad el Sol de nuevo volvió a lucir.
Y dicen las gentes del lugar que lo vieron todo que fue precioso el paisaje que se formó en aquel inmenso cielo pues el Sol estaba tan contento que todos estaban de acuerdo en opinar que, incluso a través de las Nubes, aquel Sol brillaba ahora con más intensidad.
Y así todos vivíeron felices sabiendo que son varios los elementos que han de componer un bello paisaje, son varios los elementos que han de formar un buen cuento que nos hable del Sol.
- ¿Te ha gustado mi cuento sobre el Sol?
- Ah, ¡que bonito cuento!. Pero ¡es increible!, ¡qué descripción tan exacta!, ¡que claridad en lo que contabas!, ¡me ha encantado!, y dime ¿quién te ha contado esa historia? es imposible que alguien como tú pueda saber tanto sobre el Sol.
- La historia es mía, solo te he narrado algo vivido por mi.
- ¡No seas fantasiosa, ni me enfades!, dime quién te ha contado esta historia, algo así Tü no puedes saberlo.
- ¿Por qué dices eso?
- Pues es algo evidente, porque solo eres una Estrella, y las estrellas salen de noche, así que es imposible que sepan lo que sucede de día, las estrellas solo pueden saber de lunas, de más estrellas, de la noche pero jamás podrían contar algo tan detallado sobre el día, mucho menos sobre el Sol.
Entonces aquella estrella mirando a su amigo le dijo con serena voz:
- Este es el gran mal del mundo, se juzga a cada individuo por su apariencia, quien es grande se le considera grande y quien es pequeño se le advierte demasiado diminuto para comprender las grandezas de este mundo. Pero eso es una gran equivocación, porque hay un tipo de enfoque que nunca se contempla: que quien es grande puede volverse pequeño.
- No entiendo lo que dices ¿y porqué ha de hacerse pequeño alguien que ya es grande?
- Para no sentir soledad, para compartir, por simple compañía, para contar a los que se sientan más pequeños una historia sobre cosas grandes ¿conoces un motivo más generoso para brillar en esta vida?
Y diciendo esto la estrella que me había hablado con tanta franqueza comenzó a hincharse e hincharse ante mi, hasta llegar a formar un bello y radiante Sol.
Y yo, el Mar, avergonzado por haber juzgado tan inconsistentemente a ese gran Sol que solo por querer mi compañía y hablarme de cosas grandes se había transformado en diminuta Estrella no pude evitar comprender esa enseñanza y sin más demora recogí todas mis aguas y por unos instantes me concentré en una gota, una sola gota, transparente, salada y pequeña gota de agua y estoy seguro que he ido a parar a los ojos de algún lector cuya mirada brlla ahora de emoción al comprender todo lo leido.
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Porque una Estrella grande es un Sol, un Mar inmenso emepequeñecido una lágrima de emoción y un cuento contado con cariño y generosidad a grandes y pequeños, un simple cuento infantil que habla de bellos momentos, que brilla con luz propia.
El niño con su natural curiosidad se acercó a la flor, la mariposa le miró pero juzgando que ese niño sólo estaba contemplando la naturaleza y nada podía hacerle, continuó libando el rico néctar dándose un buen banquete. Pero el niño de repente puso su mano sobre las alas de la mariposa y al instante el pequeño sintió sus dedos manchados con un polvillo extraño y retiró rápidamente sus manitas.
El padre al ver lo que había hecho no pudo evitar reprenderle con rabia y decirle que por haber querido coger la mariposa de esa forma le había quitado su pigmentación y ahora sería presa fácil de los depredadores, pues ese polvo en sus dedos era los colores que le permitían protegerse y camuflarse de sus enemigos.
El niño se quedó muy triste con tal noticia, bajó la cabeza y se puso a llorar.
Al instante el padre comprendió que había lastimado la sensibilidad del niño con sus duras palabras y buscando una forma de que entendiera lo que le habia querido decir le explicó:
- Verás cariño, a veces es inevitable hacer daño, no queremos hacerlo pero ya sea por inconsciencia, curiosidad, prepotencia, temor u otro motivo humano lo hacemos. Cuando eso sucede no debes centrarte en lamentaciones ni paralizarte por tal error, pues el gesto ya está hecho, solo debes entender lo que no has de volver a hacer y aprender una lección de ello: los niños bobos se duelen del daño que se hacen asi mismos pero los niños sabios aprenden del daño que hacen a los demás. Es la mariposa la que debe preocuparte, no tu error.
- ¿Qué puedo hacer para curar a la mariposa? - dijo el niño entoces calmando con más entereza su llanto.
- Esperar, - contestó el padre serenamente, - esperar y confiar, la naturaleza es sabia no permitirá que algo tan bello ya no pueda protegerse de sus enemigos, solo porque tú hayas querido tocarla sin saber cuánto la podías lastimar por ello.
Entonces el pequeño, que había entendido las palabras de su papá, tocó la cabecita de la mariposa y le dijo: - perdona, no sabía que eras tan sensible y que si te tocaba de esa manera podía perjudicarte. No quería molestar, solo fue que no pude resistir la tentación de tocarte, al verte tan bonita, venga, perdóname, no lo hice con mala intención, ¿sí? ¿vale? ¿me perdonas? ¿me perdonas? ¿me perdonas?, ¡no me voy de aquí hasta que me perdones!!
La mariposa entonces levantó su vuelo y por unos segundos se paseó por delante de aquel niño en un suave recorrido, lo cual fue interpretado por el niño y su papá como un gesto de perdón, luego se alejó y fue a posarse en otra flor un poco más distanciada, buscando protegerse entre unos pétalos más grandes.
El niño se volvió a su padre y con voz encendida y muy serio le dijo: - desde ahora te digo que no pienso lavarme las manos hasta que la mariposa vuelva a tener colores en su alita!! ¿cuándo venimos otra vez al campo a ver si ya los consiguió???
....Últimamente me valgo de un pequeño truco: cuando las cosas se ponen feas y no puedo seguir adelante, intento empeorarlas más aún, me pongo a pensar en nuestro campamento junto al río y en la primera vez que me llevaste en tu avioneta ¡Qué estupendo fue aquello! Y cuando veo que ya no puedo seguir soportándolo, aguanto aún un poco más... y entonces sé que puedo soportar cualquier cosa."
(Meryl Streep a Robert Redford en "Memorias de África")
Cuando las miro observo muchos pliegues de recuerdos en ellas.
Esas manos fueron las que me tomaron en brazos en mi primer llanto, en mi primer bostezo, en mi primera sonrisa, las que me abrazaron con ilusión cuando regresaba del colegio, las que se movían enérgicas en gesto en un enfado, las que limpiaban, troceaban y cocinaban los alimentos. Esas manos cogieron altura al apoyarse en mi hombro para conversar, esas manos sujetaron con fuerza las mías para transmitir confianza. Esas manos cosieron mis botones rotos, plancharon mis ropas arrugadas, frotaron aquellas intensas manchas que nunca supe como surgieron. Esas manos escribieron cartas, también las recibieron, se mostraron compasivas ante un intolerancia, se detuvieron a peinar mis cabellos y acariciaron con generosidad mi espalda cuando me hacía falta. Esas manos me cuidaron cuando estuve enferma, me arroparon cuando tenía frío y me sujetaron con decisión por los brazos cuando debía escuchar.
Ahora observo tus manos, enredadas de años, deformes por el avance inevitable de esa carcomida desesperanza que avanza enferma por la savia de tus dedos y que te produce tanto dolor, tanta debilidad. Apenas son recuerdo de manos firmes, ya perdieron su tersura, su belleza, sus desgastados huesos se vuelven polvo, se ajan, ya no de distinguen dedos largos, alineados y estirados, ahora son dedos embotados, oprimidos, horadados de fortaleza, se tuercen y se retuercen por dentro, sobreviven en unas manos repletas de experiencia, de años.
Y sin embargo... al pensar en tus manos, veo... distingo aún en ellas aquellas caricias llenas de frescura, veo con nitidez tu dedo enérgico levantado y tieso diciendo ¡no!, distingo la palma de tu mano sosteniendo mi cabeza, educando. Cuando veo tus manos veo el paso decidido de la experiencia, te veo a ti enebrando una aguja con precisión, sujetando con fuerza el hilo que nos une como familia y cerrando a puntadas firmes y bien cosidas lo que no deseas padezca de tristezas mi corazón. Cuando veo tus manos, veo la vida en forma de caricias que no necesitan de ninguna parte del cuerpo para seguir emocionando como el primer día.
Cuando veo tus manos, las siento tan cercanas, tan niñas, tan auténticas... que comprendo porqué se termina el cuerpo pero porqué no se acaba nunca... la Vida.
----------------------------------------------------------------------------- Se lo dedico a las manos de todas madres.
Poema breve para inteligentes ¿QUÉ MÁS, APARTE DE YA?
Poema breve para superdotados ¡ANDA YA!
Poema breve para sabios
...
Poema breve para tontos del culo ya, ya, lo sabía, lo sabía, sabía que algo querías decirme con todo esto,
a mi no se me escapa una, era lógico pensarlo porque hay personas que son así, no pueden dejar de pensar e inquietar, bla, bla, bla.
Y luego la rueda vuelve a empezar...
(Yo una vez fui tonta del culo, otra vez simplemente corta, otra después un poco más lista, un buen día empecé a ser inteligente, hasta hubo una ocasión en que fuí superdotada... ahora callo).
Había una vez un paraguas mágico, ese paraguas servía para refugiarse de la lluvia pero todo el que se colocaba bajo él, de repente sentía una inmensa felicidad, su sonrisa florecía, si estaba contento chistes, bromas y gracias eran su conversación, si estaba triste sus lágrimas no asomaban y en su lugar, sin saber porqué nacía el esbozo de una pequeña sonrisa.
Aquel paraguas era mágico y su fama de ser un objeto positivo se extendía por muchos reinos y todos acudían a contemplarlo y si su dueño les dejaba disfrutar unos segundos de él, lo tomaban en sus manos, lo abrían y al sujertarlo firmemente de repente les embargababa tal felicidad que les duraba ya todo el día la sonrisa en la cara.
El vecino del dueño del paraguas no podía soportar que todo el mundo quisiera acercarse a aquella casa que albergaba aquel maravilloso paraguas. El había pintado su verja, había arreglado sus plantas de jardín, había pintado la fachada de su casa y sin embargo nadie se paraba a admirar su obra, su trabajo y su esfuerzo, todo el mundo pasaba de largo e iba a contemplar y disfrutar, por un ratito, de aquel paraguas.
Resuelto a terminar con aquella fama, durante una noche estuvo ideando la forma de que aquel paraguas dejara de ser tan popular pero nada se le ocurría, pensaba una idea y enseguida la desechaba: -no, no, eso no resultaría, - se decía, - me pillarían, no, he de buscar otra forma, algo más silencioso. A la mañana siguiente al despertarse, habiendo estado toda la noche dándole vueltas a sus ideas en la almohada, en su cabeza brillaba una malicia. Entonces con sigilo se acercó a aquella casa, tomó el paraguas y sin que nadie le viera, rompió un varilla.
La gente ya muy de mañana comenzaba a acercarse a aquella casa pidiendo ver el paraguas y cobijarse bajo él. El dueño, como hacía todas las mañanas, sacó el paraguas y lo abrió, y al hacerlo una de sus varillas estaba rota, doblada, la figura de paraguas mermó. La gente al verlo, desconfió un poco pero al final aceptó refugiarse bajo el paraguas, el paraguas les dio felicidad pero su sonrisa esta vez ya no era tan profunda en ellos, pues andaban recelosos viendo que aquel paraguas ya no tenía la correcta forma de una paraguas. Toma, toma, decía uno, algo le pasa, ya no soy tan feliz, toma yo creo que este paraguas está roto. La gente que se agolpaba en su puerta empezó a murmurar y enseguida abandonaron aquella casa. El dueño viendo que a su paraguas algo le pasaba, lo cerró y se refugió en su casa.
A la mañana siguiente de nuevo al abrirlo una nueva varilla estaba rota y por ello su tela ya no quedaba tensada. - ¡Qué paraguas más feo! - comenzaron a decir los que aún se acercaban, pues ya no eran muchos al correrse la voz de que no funcionaba bien; - eso ya no puede ya dar felicidad, hombre, véndelo, - le aconsejaban... Entonces el dueño al ver que su paraguas cada vez estaba más viejo sin entender qué pasaba lo vendió y se olvidó de él,- ya no me servía, - pensaba, - era mejor venderlo, alguno nuevo harán que pueda dar felicidad.
Pasaron varios años y un buen día corrió la fama en el reino de que un bastón al apoyarse en él volvía contenta a la gente. - Ah, debe tener las propiedades mágicas de aquel paraguas ¿os acordáis?, ¡vamos a verlo!, - se animaban. Allá fueron todos y así lo comprobaron. Tomaban en sus manos el bastón se apoyaban y de repente les invadía una extrema felicidad, eran felices de nuevo, solo apoyándose en él. Pero de nuevo aquel ser envidioso rondando por aquella lejana casa pensó: - si éste lo rompo también, si lo astillo, la gente no podrá apoyarse, y se terminará su fama. Y de nuevo, sigilosamente lo quebró. Al día siguiente su dueño llorando por que su bastón había aparecido roto y ya no valía para dar felicidad lo cogio con rabia y lo tiró por la ventana a un camino.
Una niña que pasaba por allí vió como en sus pies caía desde una ventana un viejo trozo de madera roto en dos pedazos y en uno de ellos sobreesalía de forma llamativa una empuñadura de plata. Recogió la madera con sus manitas que por ser pequeñas casi no abarcaban el grosor de aquel palo, detuvo su mirada en el pedacito de plata que lo remataba y pudo comprobar que formaba la cabeza de un cisne y llamándole tanto la atención, sonrió cogió su pequeño objeto plateado y se lo llevó a su casa.
Al llegar se lo enseñó corriendo a sus papás, ellos al verlo se quedaron prendados de la belleza de aquella talla en plata, pues el repujado era un trabajo muy fino y de gran detalle. La niña lo sujetaba fuertemente con sus manitas y no dejaba que nadie se lo quitara. - ¿Puedo quedarme con él?, - pidió con su inocente voz. Sus padres se miraron y viendo la carita ilusionada de aquella niña por su halllazgo no tuvieron objeción y le dijeron: - sí, tú lo encontraste, túyo es, quédatelo, no creo que nadie venga a reclamar algo así, que es un adorno y no vale para nada. La pequeña se llevó aquel trocito a su cuarto. Lo colocó como remate a una simpática cachava de muchos colores, de esas que llevan cascabeles y cintas de colores y allí lo posó.
A la mañana siguiente, al salir de su habitación la pequeña estaba radiante. - ¿Qué le pasa? le decía su mamá a su papá, - ¿te has fijado? no quita la sonrisa de su cara. - Sí, es extraño, vamos a preguntarla. - Hija, ¿te sucede algo?. - No, dijo la niña, no me pasa nada, es solo que hoy hace un día estupendo, los pájaros se han acercado a mi ventana a cantarme, las nubes han dibujado un tobogán para mi y el sol al mirarme y darme calor me ha hecho cosquillas en la nariz, es solo que... hoy estoy feliz.
Los padres se miraron complacidos de tener una hija tan sensible y buena y siguieron con sus tareas.
Y desde aquel día, en silencio, cada mañana la niña bajaba de su habitación le daba un beso de buenos días a sus padres y se sentaba a desayunar haciendo florecer una sonrisa en su cara.
Nadie se acercó nunca a aquella casa para ver a una niña feliz, aquel ser envidioso no se preocupó de analizar porqué aquella niña tenía una sonrisa siempre en su cara, todos vivieron tranquilos y nadie supo nunca que aquella extraña magia de luz de amor, cariño y bondad residió siempre en una vieja empuñadura de plata, la que todos siempre habían tocado al apoyarse en un bastón o al abrir un paraguas.
Esa felicidad que la niña tocaba todas las mañanas al saludar a su cascabelera cachava. ------------------------------------------------------
Y se puso a llorar como una niña, y se buscó los pedazos de dignidad entre las ropas, pero encontró solo unos poquitos reposados en su vestido, entretenidos en la telas de sus sueños.
Y se puso a suspirar y a mirar al cielo y no advirtió el Sol, ni tan siquiera las sombras, las nubes se le volvieron gaviotas que se alejaban de ella, los árboles se le clavaron en su ojos como muros impenetrables y cuando llegó la lluvia, todo se volvió gris y muy húmedo y el dolor se le deshizo en tempestades de luces de verdades.
Y se puso a rebuscarse el corazón y lo encontró escondido y tímido, tembloroso pidiendo le trajeran a su lado el amor bueno, el amor que lo quisiera y quisiera mezclarse con honestidad con sus latidos. Y lo tomó en sus manos pero lo advirtió cansado, tal vez dolido y lo posó en su vestido junto a los trocitos de dignidad que apenas se percibían ante el tamaño de su desesperanza.
Y se puso a cantar una canción, y de sus labios nacieron notas de olvido, vibró al compás una extensa partitura de latidos y cerró su boca, y cayeron en sus ropas los sonidos más sentidos y de nuevo suspiró y se puso, por dentro, a inventarse una nueva letra para su vida.
Y se imaginó querida, y se imaginó que las caricias eran todas para ella y los besos se envolvían de suavidad para alcanzar sus mejillas y se puso a pensar, y cogió en sus manos todas las mentiras y las rompió en pedazos que cayeron en su vestido mezclándose con su corazón y con aquellos pequeños retazos de dignidad que aún no se habían perdido.
Y se puso en pie, y lloró y le vencieron las fuerzas y se volvió a sentar y al mirarse su vestido ya no había corazón, ni pedazos de dignidad ni todas aquellas mentiras, solo la tela de sus sueños se balanceaba en su pequeño cuerpo que despuntaba mujer...
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He recuperado este texto de hace tres años, hoy, un día cualquiera de Agosto y quería ponerlo ahora aquí dedicado a todas esas personas que simplemente son excepcionales porque son parte de la naturaleza: la vida les muestra cuando han de bailar con el Sol y cuando deben mecerse con la lluvia.