En este mundo tan lleno de tristezas y problemas poder estar un ratito creando cosas bonitas, buscando una sonrisa, haciendo que todo tenga más luz, claridad y sentido, es algo que me ha ayudado mucho a superar los silencios de mi vida. Ahora lo comparto con todos vosotros, lo doy a conocer con nombre propio. Espero que os guste mi colección de detalles y de cuentos infantiles y educativos. Contando en Positivo - Cristina Mena
- Eh, ¿una historia? pero bueno, ¿alguien tan pequeño como tú ya quiere contarme una historia? y dime :¿de que es la historia?
- Quiero contarte una historia sobre el Sol
- ¿Sobre el Sol??, no me hagas reir, ¿tú? ¿sobre el Sol?, no seas fantasiosa, tú no puedes contar historias sobre el Sol, ¡qué temeridad!.
- ¡Sí puedo!, ¡¡claro que puedo!!, quiero contarte una historia sobre el Sol.
- Pero mira que eres cabezota, tú eres insignificante y encima no tienes ni idea de lo que es un Sol, no me hagas reir, anda vete a jugar con tus amiguitas y no me hagas perder más el tiempo.
- Jooo, ¡¡¡pero yo quiero contarte una historia sobre el Sol!!!, ¡¡puedo hacerlo!! ¿me dejas? ¿sí?, ¿me dejas??, andaaaa, por favooor, me dejas, ¡¡es una historia muy bonita!!!
- Ah, que pesada eres, seguro que no te vas si no te dejo que me la cuentes, bueno, veamos qué quieres contarme, pero no te inventes,¿¿eh??? no me gustan las mentirosillas, si vas a contarme algo del Sol que sea verdad, mira que enseguida voy a notar si lo que dices es cierto o no, ¿de acuerdo?
- De acuerdo, ya verás cómo lo que te cuento es verdad.
Y diciendo esto aquel ser comenzó su historia de esta manera:
Había una vez un inmenso Sol...
Cada mañana ese Sol brillaba con tanta intensidad que a todos les producía alegría verlo tan luminoso y en un cielo tan azul.
Un buen día una Nube se acercó al Sol para preguntarle si podía estar un ratito a su lado. El Sol se puso muy contento por la compañía y le dijo que sí.
La Nube extendió su algodonado manto color blanco tapando algunos rayitos del sol y esto hizo que el cielo se oscureciera un poquito. La Nube al ver que eso al Sol no le molestaba llamó a otras amigas suyas, otras nubecitas y todas se pusieron juntas alrededor del Sol. De esta manera fueron muchos los rayos de sol que se perdieron entre tanta blancura por lo que aquel paisaje de cielo limpio y claro desapareció.
Entonces se acercó un Viento amigo y le preguntó al Sol si podía acompañarlos a todos un poquito. El Sol dijo que sí y el Viento sopló suavecito sobre los rostros blancos y dorados de sus compañeros. Algunas Nubes con el Viento soplando se alejaron un poco del Sol pero siguieron felices estando presentes en aquel inmenso cielo.
Entonces se acercaron unos Rayos y unos Truenos que venían de algún extraño lugar con unas copitas encima, venían armando mucho ruido, al ver al Sol le preguntaron si podían quedarse un ratito a descansar. El Sol les dijo que sí y aquellos Rayos y Truenos se sentaron juntos. Con su bullicio y diversión sin darse cuenta formaron tal Tormenta que algunas Nubes, asustadas, se pusieron tristes y oscuras; el Sol, viendo a sus escandalosos amigos, por prudencia se alejo un poquito y el Viento intentó por todos los medios no sentirse cohibido y trató inútilmente de arrastrar con sus brazos de aire a aquellos vecinos tan molestos, aunque lo estaba pasando francamenta mal en ese intento. Algunas Nubes comenzaron entonces a llorar y quejarse, asustadas ante la Tormenta. Los Rayos y Truenos al ver la que habían armado, pues su intención solo era divertirse y no hacer llorar a nadie, decidieron ir a pasar su resaca a otro lugar y se alejaron de aquellos seres asustados que no querían acompañarlos ni entenderlos en sus fiestas. El Sol salió tímidamente para ver cómo estaban sus compañeros pero al ver que las Nubes ni se atrevían a acercarse a él ideó un plan para que aquellas Nubes recuperaran su sonrisa.
Entonces llamó al Arco Iris y le dijo que por favor hiciera algo para que las Nubes se sintieran mejor. El Arco Iris pensó y pensó y de repente tuvo una idea, abrió mucho sus brazos recogiendo las últimas gotas de aquel aún encapotado cielo y pidiéndole al Sol que iluminara el agua, de sus brazos salieron multitud de haces de diferente luz y color que inundaron el cielo.
Las Nubes al ver aquellos brazos de luz tan bonitos expuestos en aquel inmenso y acristalado cielo fueron recuperando la confianza y comenzaron a sonreir y sacudirse unas últimas gotas de tristeza hasta quedarse de nuevo completamente blancas, brillantes y felices. Ante tanta felicidad el Sol de nuevo volvió a lucir.
Y dicen las gentes del lugar que lo vieron todo que fue precioso el paisaje que se formó en aquel inmenso cielo pues el Sol estaba tan contento que todos estaban de acuerdo en opinar que, incluso a través de las Nubes, aquel Sol brillaba ahora con más intensidad.
Y así todos vivíeron felices sabiendo que son varios los elementos que han de componer un bello paisaje, son varios los elementos que han de formar un buen cuento que nos hable del Sol.
- ¿Te ha gustado mi cuento sobre el Sol?
- Ah, ¡que bonito cuento!. Pero ¡es increible!, ¡qué descripción tan exacta!, ¡que claridad en lo que contabas!, ¡me ha encantado!, y dime ¿quién te ha contado esa historia? es imposible que alguien como tú pueda saber tanto sobre el Sol.
- La historia es mía, solo te he narrado algo vivido por mi.
- ¡No seas fantasiosa, ni me enfades!, dime quién te ha contado esta historia, algo así Tü no puedes saberlo.
- ¿Por qué dices eso?
- Pues es algo evidente, porque solo eres una Estrella, y las estrellas salen de noche, así que es imposible que sepan lo que sucede de día, las estrellas solo pueden saber de lunas, de más estrellas, de la noche pero jamás podrían contar algo tan detallado sobre el día, mucho menos sobre el Sol.
Entonces aquella estrella mirando a su amigo le dijo con serena voz:
- Este es el gran mal del mundo, se juzga a cada individuo por su apariencia, quien es grande se le considera grande y quien es pequeño se le advierte demasiado diminuto para comprender las grandezas de este mundo. Pero eso es una gran equivocación, porque hay un tipo de enfoque que nunca se contempla: que quien es grande puede volverse pequeño.
- No entiendo lo que dices ¿y porqué ha de hacerse pequeño alguien que ya es grande?
- Para no sentir soledad, para compartir, por simple compañía, para contar a los que se sientan más pequeños una historia sobre cosas grandes ¿conoces un motivo más generoso para brillar en esta vida?
Y diciendo esto la estrella que me había hablado con tanta franqueza comenzó a hincharse e hincharse ante mi, hasta llegar a formar un bello y radiante Sol.
Y yo, el Mar, avergonzado por haber juzgado tan inconsistentemente a ese gran Sol que solo por querer mi compañía y hablarme de cosas grandes se había transformado en diminuta Estrella no pude evitar comprender esa enseñanza y sin más demora recogí todas mis aguas y por unos instantes me concentré en una gota, una sola gota, transparente, salada y pequeña gota de agua y estoy seguro que he ido a parar a los ojos de algún lector cuya mirada brlla ahora de emoción al comprender todo lo leido.
--------------------------------------
Porque una Estrella grande es un Sol, un Mar inmenso emepequeñecido una lágrima de emoción y un cuento contado con cariño y generosidad a grandes y pequeños, un simple cuento infantil que habla de bellos momentos, que brilla con luz propia.
El niño con su natural curiosidad se acercó a la flor, la mariposa le miró pero juzgando que ese niño sólo estaba contemplando la naturaleza y nada podía hacerle, continuó libando el rico néctar dándose un buen banquete. Pero el niño de repente puso su mano sobre las alas de la mariposa y al instante el pequeño sintió sus dedos manchados con un polvillo extraño y retiró rápidamente sus manitas.
El padre al ver lo que había hecho no pudo evitar reprenderle con rabia y decirle que por haber querido coger la mariposa de esa forma le había quitado su pigmentación y ahora sería presa fácil de los depredadores, pues ese polvo en sus dedos era los colores que le permitían protegerse y camuflarse de sus enemigos.
El niño se quedó muy triste con tal noticia, bajó la cabeza y se puso a llorar.
Al instante el padre comprendió que había lastimado la sensibilidad del niño con sus duras palabras y buscando una forma de que entendiera lo que le habia querido decir le explicó:
- Verás cariño, a veces es inevitable hacer daño, no queremos hacerlo pero ya sea por inconsciencia, curiosidad, prepotencia, temor u otro motivo humano lo hacemos. Cuando eso sucede no debes centrarte en lamentaciones ni paralizarte por tal error, pues el gesto ya está hecho, solo debes entender lo que no has de volver a hacer y aprender una lección de ello: los niños bobos se duelen del daño que se hacen asi mismos pero los niños sabios aprenden del daño que hacen a los demás. Es la mariposa la que debe preocuparte, no tu error.
- ¿Qué puedo hacer para curar a la mariposa? - dijo el niño entoces calmando con más entereza su llanto.
- Esperar, - contestó el padre serenamente, - esperar y confiar, la naturaleza es sabia no permitirá que algo tan bello ya no pueda protegerse de sus enemigos, solo porque tú hayas querido tocarla sin saber cuánto la podías lastimar por ello.
Entonces el pequeño, que había entendido las palabras de su papá, tocó la cabecita de la mariposa y le dijo: - perdona, no sabía que eras tan sensible y que si te tocaba de esa manera podía perjudicarte. No quería molestar, solo fue que no pude resistir la tentación de tocarte, al verte tan bonita, venga, perdóname, no lo hice con mala intención, ¿sí? ¿vale? ¿me perdonas? ¿me perdonas? ¿me perdonas?, ¡no me voy de aquí hasta que me perdones!!
La mariposa entonces levantó su vuelo y por unos segundos se paseó por delante de aquel niño en un suave recorrido, lo cual fue interpretado por el niño y su papá como un gesto de perdón, luego se alejó y fue a posarse en otra flor un poco más distanciada, buscando protegerse entre unos pétalos más grandes.
El niño se volvió a su padre y con voz encendida y muy serio le dijo: - desde ahora te digo que no pienso lavarme las manos hasta que la mariposa vuelva a tener colores en su alita!! ¿cuándo venimos otra vez al campo a ver si ya los consiguió???
....Últimamente me valgo de un pequeño truco: cuando las cosas se ponen feas y no puedo seguir adelante, intento empeorarlas más aún, me pongo a pensar en nuestro campamento junto al río y en la primera vez que me llevaste en tu avioneta ¡Qué estupendo fue aquello! Y cuando veo que ya no puedo seguir soportándolo, aguanto aún un poco más... y entonces sé que puedo soportar cualquier cosa."
(Meryl Streep a Robert Redford en "Memorias de África")
Cuando las miro observo muchos pliegues de recuerdos en ellas.
Esas manos fueron las que me tomaron en brazos en mi primer llanto, en mi primer bostezo, en mi primera sonrisa, las que me abrazaron con ilusión cuando regresaba del colegio, las que se movían enérgicas en gesto en un enfado, las que limpiaban, troceaban y cocinaban los alimentos. Esas manos cogieron altura al apoyarse en mi hombro para conversar, esas manos sujetaron con fuerza las mías para transmitir confianza. Esas manos cosieron mis botones rotos, plancharon mis ropas arrugadas, frotaron aquellas intensas manchas que nunca supe como surgieron. Esas manos escribieron cartas, también las recibieron, se mostraron compasivas ante un intolerancia, se detuvieron a peinar mis cabellos y acariciaron con generosidad mi espalda cuando me hacía falta. Esas manos me cuidaron cuando estuve enferma, me arroparon cuando tenía frío y me sujetaron con decisión por los brazos cuando debía escuchar.
Ahora observo tus manos, enredadas de años, deformes por el avance inevitable de esa carcomida desesperanza que avanza enferma por la savia de tus dedos y que te produce tanto dolor, tanta debilidad. Apenas son recuerdo de manos firmes, ya perdieron su tersura, su belleza, sus desgastados huesos se vuelven polvo, se ajan, ya no de distinguen dedos largos, alineados y estirados, ahora son dedos embotados, oprimidos, horadados de fortaleza, se tuercen y se retuercen por dentro, sobreviven en unas manos repletas de experiencia, de años.
Y sin embargo... al pensar en tus manos, veo... distingo aún en ellas aquellas caricias llenas de frescura, veo con nitidez tu dedo enérgico levantado y tieso diciendo ¡no!, distingo la palma de tu mano sosteniendo mi cabeza, educando. Cuando veo tus manos veo el paso decidido de la experiencia, te veo a ti enebrando una aguja con precisión, sujetando con fuerza el hilo que nos une como familia y cerrando a puntadas firmes y bien cosidas lo que no deseas padezca de tristezas mi corazón. Cuando veo tus manos, veo la vida en forma de caricias que no necesitan de ninguna parte del cuerpo para seguir emocionando como el primer día.
Cuando veo tus manos, las siento tan cercanas, tan niñas, tan auténticas... que comprendo porqué se termina el cuerpo pero porqué no se acaba nunca... la Vida.
----------------------------------------------------------------------------- Se lo dedico a las manos de todas madres.
Poema breve para inteligentes ¿QUÉ MÁS, APARTE DE YA?
Poema breve para superdotados ¡ANDA YA!
Poema breve para sabios
...
Poema breve para tontos del culo ya, ya, lo sabía, lo sabía, sabía que algo querías decirme con todo esto,
a mi no se me escapa una, era lógico pensarlo porque hay personas que son así, no pueden dejar de pensar e inquietar, bla, bla, bla.
Y luego la rueda vuelve a empezar...
(Yo una vez fui tonta del culo, otra vez simplemente corta, otra después un poco más lista, un buen día empecé a ser inteligente, hasta hubo una ocasión en que fuí superdotada... ahora callo).
Había una vez un paraguas mágico, ese paraguas servía para refugiarse de la lluvia pero todo el que se colocaba bajo él, de repente sentía una inmensa felicidad, su sonrisa florecía, si estaba contento chistes, bromas y gracias eran su conversación, si estaba triste sus lágrimas no asomaban y en su lugar, sin saber porqué nacía el esbozo de una pequeña sonrisa.
Aquel paraguas era mágico y su fama de ser un objeto positivo se extendía por muchos reinos y todos acudían a contemplarlo y si su dueño les dejaba disfrutar unos segundos de él, lo tomaban en sus manos, lo abrían y al sujertarlo firmemente de repente les embargababa tal felicidad que les duraba ya todo el día la sonrisa en la cara.
El vecino del dueño del paraguas no podía soportar que todo el mundo quisiera acercarse a aquella casa que albergaba aquel maravilloso paraguas. El había pintado su verja, había arreglado sus plantas de jardín, había pintado la fachada de su casa y sin embargo nadie se paraba a admirar su obra, su trabajo y su esfuerzo, todo el mundo pasaba de largo e iba a contemplar y disfrutar, por un ratito, de aquel paraguas.
Resuelto a terminar con aquella fama, durante una noche estuvo ideando la forma de que aquel paraguas dejara de ser tan popular pero nada se le ocurría, pensaba una idea y enseguida la desechaba: -no, no, eso no resultaría, - se decía, - me pillarían, no, he de buscar otra forma, algo más silencioso. A la mañana siguiente al despertarse, habiendo estado toda la noche dándole vueltas a sus ideas en la almohada, en su cabeza brillaba una malicia. Entonces con sigilo se acercó a aquella casa, tomó el paraguas y sin que nadie le viera, rompió un varilla.
La gente ya muy de mañana comenzaba a acercarse a aquella casa pidiendo ver el paraguas y cobijarse bajo él. El dueño, como hacía todas las mañanas, sacó el paraguas y lo abrió, y al hacerlo una de sus varillas estaba rota, doblada, la figura de paraguas mermó. La gente al verlo, desconfió un poco pero al final aceptó refugiarse bajo el paraguas, el paraguas les dio felicidad pero su sonrisa esta vez ya no era tan profunda en ellos, pues andaban recelosos viendo que aquel paraguas ya no tenía la correcta forma de una paraguas. Toma, toma, decía uno, algo le pasa, ya no soy tan feliz, toma yo creo que este paraguas está roto. La gente que se agolpaba en su puerta empezó a murmurar y enseguida abandonaron aquella casa. El dueño viendo que a su paraguas algo le pasaba, lo cerró y se refugió en su casa.
A la mañana siguiente de nuevo al abrirlo una nueva varilla estaba rota y por ello su tela ya no quedaba tensada. - ¡Qué paraguas más feo! - comenzaron a decir los que aún se acercaban, pues ya no eran muchos al correrse la voz de que no funcionaba bien; - eso ya no puede ya dar felicidad, hombre, véndelo, - le aconsejaban... Entonces el dueño al ver que su paraguas cada vez estaba más viejo sin entender qué pasaba lo vendió y se olvidó de él,- ya no me servía, - pensaba, - era mejor venderlo, alguno nuevo harán que pueda dar felicidad.
Pasaron varios años y un buen día corrió la fama en el reino de que un bastón al apoyarse en él volvía contenta a la gente. - Ah, debe tener las propiedades mágicas de aquel paraguas ¿os acordáis?, ¡vamos a verlo!, - se animaban. Allá fueron todos y así lo comprobaron. Tomaban en sus manos el bastón se apoyaban y de repente les invadía una extrema felicidad, eran felices de nuevo, solo apoyándose en él. Pero de nuevo aquel ser envidioso rondando por aquella lejana casa pensó: - si éste lo rompo también, si lo astillo, la gente no podrá apoyarse, y se terminará su fama. Y de nuevo, sigilosamente lo quebró. Al día siguiente su dueño llorando por que su bastón había aparecido roto y ya no valía para dar felicidad lo cogio con rabia y lo tiró por la ventana a un camino.
Una niña que pasaba por allí vió como en sus pies caía desde una ventana un viejo trozo de madera roto en dos pedazos y en uno de ellos sobreesalía de forma llamativa una empuñadura de plata. Recogió la madera con sus manitas que por ser pequeñas casi no abarcaban el grosor de aquel palo, detuvo su mirada en el pedacito de plata que lo remataba y pudo comprobar que formaba la cabeza de un cisne y llamándole tanto la atención, sonrió cogió su pequeño objeto plateado y se lo llevó a su casa.
Al llegar se lo enseñó corriendo a sus papás, ellos al verlo se quedaron prendados de la belleza de aquella talla en plata, pues el repujado era un trabajo muy fino y de gran detalle. La niña lo sujetaba fuertemente con sus manitas y no dejaba que nadie se lo quitara. - ¿Puedo quedarme con él?, - pidió con su inocente voz. Sus padres se miraron y viendo la carita ilusionada de aquella niña por su halllazgo no tuvieron objeción y le dijeron: - sí, tú lo encontraste, túyo es, quédatelo, no creo que nadie venga a reclamar algo así, que es un adorno y no vale para nada. La pequeña se llevó aquel trocito a su cuarto. Lo colocó como remate a una simpática cachava de muchos colores, de esas que llevan cascabeles y cintas de colores y allí lo posó.
A la mañana siguiente, al salir de su habitación la pequeña estaba radiante. - ¿Qué le pasa? le decía su mamá a su papá, - ¿te has fijado? no quita la sonrisa de su cara. - Sí, es extraño, vamos a preguntarla. - Hija, ¿te sucede algo?. - No, dijo la niña, no me pasa nada, es solo que hoy hace un día estupendo, los pájaros se han acercado a mi ventana a cantarme, las nubes han dibujado un tobogán para mi y el sol al mirarme y darme calor me ha hecho cosquillas en la nariz, es solo que... hoy estoy feliz.
Los padres se miraron complacidos de tener una hija tan sensible y buena y siguieron con sus tareas.
Y desde aquel día, en silencio, cada mañana la niña bajaba de su habitación le daba un beso de buenos días a sus padres y se sentaba a desayunar haciendo florecer una sonrisa en su cara.
Nadie se acercó nunca a aquella casa para ver a una niña feliz, aquel ser envidioso no se preocupó de analizar porqué aquella niña tenía una sonrisa siempre en su cara, todos vivieron tranquilos y nadie supo nunca que aquella extraña magia de luz de amor, cariño y bondad residió siempre en una vieja empuñadura de plata, la que todos siempre habían tocado al apoyarse en un bastón o al abrir un paraguas.
Esa felicidad que la niña tocaba todas las mañanas al saludar a su cascabelera cachava. ------------------------------------------------------
Y se puso a llorar como una niña, y se buscó los pedazos de dignidad entre las ropas, pero encontró solo unos poquitos reposados en su vestido, entretenidos en la telas de sus sueños.
Y se puso a suspirar y a mirar al cielo y no advirtió el Sol, ni tan siquiera las sombras, las nubes se le volvieron gaviotas que se alejaban de ella, los árboles se le clavaron en su ojos como muros impenetrables y cuando llegó la lluvia, todo se volvió gris y muy húmedo y el dolor se le deshizo en tempestades de luces de verdades.
Y se puso a rebuscarse el corazón y lo encontró escondido y tímido, tembloroso pidiendo le trajeran a su lado el amor bueno, el amor que lo quisiera y quisiera mezclarse con honestidad con sus latidos. Y lo tomó en sus manos pero lo advirtió cansado, tal vez dolido y lo posó en su vestido junto a los trocitos de dignidad que apenas se percibían ante el tamaño de su desesperanza.
Y se puso a cantar una canción, y de sus labios nacieron notas de olvido, vibró al compás una extensa partitura de latidos y cerró su boca, y cayeron en sus ropas los sonidos más sentidos y de nuevo suspiró y se puso, por dentro, a inventarse una nueva letra para su vida.
Y se imaginó querida, y se imaginó que las caricias eran todas para ella y los besos se envolvían de suavidad para alcanzar sus mejillas y se puso a pensar, y cogió en sus manos todas las mentiras y las rompió en pedazos que cayeron en su vestido mezclándose con su corazón y con aquellos pequeños retazos de dignidad que aún no se habían perdido.
Y se puso en pie, y lloró y le vencieron las fuerzas y se volvió a sentar y al mirarse su vestido ya no había corazón, ni pedazos de dignidad ni todas aquellas mentiras, solo la tela de sus sueños se balanceaba en su pequeño cuerpo que despuntaba mujer...
================================================
He recuperado este texto de hace tres años, hoy, un día cualquiera de Agosto y quería ponerlo ahora aquí dedicado a todas esas personas que simplemente son excepcionales porque son parte de la naturaleza: la vida les muestra cuando han de bailar con el Sol y cuando deben mecerse con la lluvia.
Abrí la puerta y enseguida salieron revoloteando mil seres alados, virtudes, dones, caracteres, defectos, vanidades... el más audaz el Amor, volaba entre todos seguro de saber quien era. Todos andaban siempre pendientes del Amor, pues sabían que era el más relevante, el más importante, el más poderoso. A poca distancia la Pasión le miraba de reojo, nunca podía alcanzarle con sus juegos, pero a veces cuando le tenía bien cerca formaban una pareja formidable, saltaban chispas...
Un poquito más rezagado la Nostalgia buscaba hacerse un hueco para ser notada en aquel improvisado juego de sentimientos.
De repente se advirtió algo extraño, un elemento no muy bien definido, al que no se le podía poner ningún nombre tenía su cabeza baja, su mirada hacia el suelo, indicaba que estaba triste, que no lo estaba pasando bien.
Los demás sentimientos y seres comenzaron a rumorear sobre ese elemento ¿quién es? decían unos, ¿porqué está tan triste? preguntaban otros; pero nadie acertaba a dar ninguna respuesta sensata así que sin más se acercaron a él y hablaron así:
- ¿Porqué no juegas? ¿porqué no sales volando y te diviertes como todos nosotros?
- Estoy esperando, (se oyó una voz) estoy esperando a que vengan a recogerme, ya se están retrasando...
- ¿retrasando? ¿esperando? pero ¿qué es lo tratas de decir? no te comprendemos, ¡explícate mejor!, (acertó a expresar el más osado caracter, la Impaciencia).
- Sí, veréis, yo soy la Tristeza y tan solo estoy esperando, dentro de unos momentos, estoy segura, volaré de la misma forma que voláis vosotros, es solo que ahora estoy esperando.
Todos los sentimientos se quedaron muy confusos sin saber bien qué estaba esperando aquel ser que no parecía poder volar ni tan siquiera lo intentaba.
Pasaron varios minutos pero por allí no aparecia nadie de los que ya estaban. La Ilusión que jugaba con la Compasión al escondite se le acercó y le dijo: yo te comprendo, esperas que venga alguien a quien necesitas mucho, pero aunque yo me quede a tu lado no por ello puedo asegurarte que vendrá, pues yo sé que no es suficiente la Ilusión para conseguirlo. Al rumor de la conversación se acercó la Paciencia y le dijo:
- Yo me quedo si quieres aquí un ratito, tal vez sea necesaria mi compañía si pasa el tiempo y nadie aparece. Voy a llamar al Don de la Oportunidad, tal vez nos ayude con esta espera.
También se aproximó el Orgullo pero viendo que todos andaban muy sumisos y humildes decidió no quedarse, no era su lugar, le aburría esa reunión tan pausada de débiles y entregados.
Al poco rato se vio un resplandor grande en el cielo, la Tristeza se incorporó un poco y pudo percibir cómo dos alas blancas y radiantes bajaban desde los cielos para posarse con suavidad sobre su apenada y encorvada espalda. Al contacto con su piel se fundieron en su cuerpo y majestuosas se desplegaron por encima de todos los sentimientos reunidos. Aquel sentimiento triste entonces agitó las alas y brindando una sonrisa de luz se elevó al cielo y llamando a su lado al resto de sus compañeros se puso a jugar y disfrutar revoloteando por los aires. La Paciencia viendo que ya no tenía sentido permanecer allí también agitó sus alas y se levantó del suelo. La Ilusión, ilusionada de que todo hubiera terminado bien, emprendió vuelo para reunirse contenta con sus amigos de juegos. El Orgullo se sintió desconcertado, tal vez no había medido bien las fuerzas de la Tristeza, tal vez se había precipitado en su juicio sobre ella. Le comentó el suceso a la Soberbia que comenzó a mirar a la Tristeza con otros ojos, con más amabilidad y simpatía, tal vez pensando qué en ocasiones podían tener un mismo rostro en su fondo.
El Amor abrió muy grandes sus ojos y con total asombro mirando cómo la Tristeza se ponía una sonrisa en su cara y se confundía con la Alegría les preguntó a todos un poco asustado:
- ¿Quién es ese ser? ¿Quién es capaz de acercarse a la Tristeza, coserle unas alas y lograr implantar en su rostro una sonrisa?
¿Quién es más poderoso que yo?, ¿quién puede ser más poderoso que yo? preguntaba insistente el Amor, totalmente desubicado.
La Esperanza, la Esperanza, ¡la Esperanza!, se oyó en ecos en el cielo el batir de alas blancas de una verdad.
El Amor, miró a todos sus compañeros que revoloteaban por el cielo, miró sus espaldas... vió esa nueva luz de Esperanza en la Tristeza... y comprendió.
Quería dejaros hoy un escrito de gran belleza de un autor que tiene sus pies en la tierra y el alma en las nubes y os animo a que visitéis sus páginas de cuentos y dibujos infantiles: dibucuentos porque es realmente encantadora para todos los que tengáis peques y queráis disfrutar en familia de un momento de ilusión. Y también para todos aquellos que simplemente queráis pasar un rato creyendo en cosas sencillas que despiertan sonrisas. He tratado de hacer una imagen que refleje sus sueños, espero haberme acercado a ello.
Poema de la melancolía
A menudo yo también me paro a pensar y, con su tintineo, el reloj del paso del tiempo de mis sentimientos, me hace volar. Y vuelo por el pasado, por los jirones etéreos de brillantes sentimientos que vamos almacenando, como canicas de la suerte, o cromos nuevos que de niños íbamos acumulando. Sí, es el álbum de fotos que en nuestra mente todos tenemos, repleto de sueños y vivencias y vayamos donde vayamos siempre nos llevaremos.
Sueño con un mundo hermoso de libertad Donde nuestros antepasados vivieron por la verdad. Sueño con un camino azul entre la tierra y el cielo Con una dorada brisa que me va envolviendo en su velo.
Quiero recordar antiguas sensaciones que formaron parte de mi pasado para así mirar al mañana con otros ojos no empañados de lágrimas melancólicas, sino del brillo refulgente de una estrella reflejada. Sí, en el barco de los recuerdos siempre se marcha el pasado, y un poco de nosotros en él; pero la estela que va dejando en ese mar de la vida siempre servirá de camino para que por él partamos, inevitablemente, en la búsqueda de nuestra fortuna.
Sueño con verdes senderos por donde descalzo camino Y, como escudo, ese sentimiento puro bruñido del alma. Sueño con los perfumados besos del viento del alba Con ese deseo o sensación, una corazonada del viaje a mi destino.
Tal vez busque en mi diario, donde las páginas garabateadas de mi vida mi hado ha ido anotando, donde tal vez encuentre reflejada la coherencia existente de ese puente entre mi cuerpo afincado y mi espíritu errante; y sólo así, tal vez, ocurra que comprenda los escarceos que se van dando en la vida entre lo que ocurre y lo que realmente quisiera que ocurriera. Pero este mundo es así y los sueños también, por mucho que intentemos cambiarlo.
Sigo soñando, no obstante, cada vez que miro tus ojos Un reflejo azulado brilla en ellos, y me pongo a imaginar. Sueño con la verdad; sin vanidades, vicios ni triviales antojos Observo la sutil caricia del recuerdo y me pongo a caminar.
Cada vez que miro atrás veo mis huellas bajo un polvillo gris. Su intención no es otra que querer borrar lo que una vez hice. También veo y siento, percibo y diviso, atisbo y vislumbro a todos aquellos amigos que quedaron en el pasado. Sus sonrisas, sus abrazos… me llenan hoy con la nostalgia del pasado, con su magia, con todo aquello que viví hoy me siento marcado. Por eso, cada mañana, creo que inconscientemente canto al futuro con un poema del ayer, melancólico, pero pletórico de fuerza y sencillez: que viviré en mi morada de ensueño tan fastuosa o humilde como los cimientos que fui edificando en el pasado.
Nos empeñamos en no hablar, mas no comprendemos que los sonidos que salen por otras bocas comparten, aunque no lo deseemos, el mismo aire que respiramos.
Nos empeñamos en no mirarnos, mas no alcanzamos a entender que los ojos que elegimos mirar tal vez llevan encerrados las imágenes de quienes no deseamos ver.
No empeñamos en decepcionar, mas no calibramos bien en la respuesta el alcance del daño que nos hacemos a nosotros mismos al decepcionarnos.
Nos empeñamos en mentirnos, y trabajamos afanosamente por construirnos castillos inaccesibles que no se puedan conquistar, mas no somos capaces de distinguir que los sueños no van por tierra, sino volando y de esa forma penetran en las ventanas de nuestros dormitorios y donde nos creemos invencibles, a salvo, nos despertamos sin saber porqué... asustados, como llorando.
Nos empeñamos en engañarnos y vivimos engañados, nos esforzamos en alejarnos y vivimos distanciados, nos afanamos en afirmarnos y vivimos todo el tiempo de nuestra vida firmemente aposentados... pero cuando sostenemos en nuestra propia mano una mano inerte, cuando descubrimos una lágrima retenida sin vida en las cuencas de unos ojos, cuando buscamos una última palabra y nos regalan un primer silencio eterno, el único que es eternamente disculpable, entonces como en una ráfaga de realidad nos damos cuenta de que tan solo vivimos esta vida... empeñándonos.
Y en ese momento, las distancias, los malos gestos, los desprecios de cariño, los ecos de un amor que nunca despertamos se vuelven humo, huecos de vida que ya no necesitamos llenar, se vuelven palomas de paz que soltamos libres a los cielos sabiendo que volarán muy alto, que no regresarán a nuestro lado.
Es en ese momento en el que descubrimos que hay dos formas de vivir en esta vida, una es tachando siempre con temor a las personas a las que no queremos a nuestra lado, porque no comparten nuestro sentir, porque nos asustan, adolecen de defectos que nosotros no tenemos y por tanto rechazamos y la otra es simplemente... abriendo los brazos y esperando confiados, pues si somos honestos es la propia vida quien selecciona para nosotros lo que debemos tener cerca nuestro, lo que ha de vivir a nuestro lado, lo que por nuestra generosidad y naturaleza nos ganamos.
Nos empeñamos en decir adios, en huir para vivir... y vivimos estúpidamente distanciándonos tan solo porque nos distanciamos.
Qué bello sería todo si nos diésemos cuenta que en la pupila del amigo que apreciamos puede estar quien ya no queremos ver, en el oido del que no queremos atender pueden estar las palabras de aquel que queremos escuchar y en la negativa a abrir nuestro espacio y compartir un sentimiento. puede vivir el afecto que necesitamos descubrir. Nos empeñamos...
Nos empeñamos.
----------------------------------------------------------- Qué necedad no comprender que todos compartimos un mismo aire, nos respiramos.