domingo, 9 de junio de 2013

Tiempo de cambios

Como suele decirse todo tiene su momento, su tiempo, su motivo, su límite.
El tiempo de compartir historias y cuentos infantiles, educativos y emocionales ha terminado.

Os invito a conocer mi nuevo blog sobre el mundo de la creatividad, sus Sastres y sus DeSastres.
http://desastrecillavaliente.blogspot.com


lunes, 31 de diciembre de 2012

Última nota del año




El alma es una parte de importante en los instrumentos de cuerda frotada y pulsada.
En los instrumentos de arco (violín, viola, cello, contrabajo, etc.) es una varilla cilíndrica de madera que se coloca de forma perpendicular a las tapas del instrumento, por el interior y por debajo del puente, y que soporta el peso de la presión de las cuerdas tensadas. Cuando el alma está floja el mástil se dobla ligeramente debido a la tensión de las cuerdas.

***
Se oyó un intenso suspiro, un suspiro cálido, cercano y emocionado, un suspiro en tiempos marcados, luego, suavemente, todo quedó con un silencio blanco.

Un oboe inició un desfile de intensas notas, profundas y coloridas. Al oirlas, los presentes quedaron emocionados. Dos violines, muy bien afinados, continuaron en un baile de partitura sencilla, con diferentes latidos en sus cuerdas de sonidos elevados. Por entre la melodía surgió solitario y elegante un clarinete con el delicado silbido del viento lento y prolongado, un suspiro de sedas musicales acarició lentamente la piel, el pensamiento y los labios. A continuación un regio piano se impuso durante unos minutos con una magnífica interpretación de cómo se siente por dentro la tristeza, el dolor, la ausencia o el desamparo. Los últimos compases fueron hechos con la melodía suave de un viejo instrumento de madera, de muchos años. Pero en su última nota algo sorprendió, salió de él un largo e intenso lamento, un quejido musical prolongado, como cansado, más bien exhausto. Tras ese instante, todo sonido se fue apagando. 

Al día siguiente nadie comentó nada, el suceso no se hizo eco, como solía ser costumbre, en los principales diarios. Aquella última nota... había desentonado tanto que afeaba demasiado un evento de esas características, mejor no comentarlo.

Sin embargo, varios días después un escrito en un periódico local desarrollaba la noticia de esta manera:

"Magnífico concierto de NocheBuena, digno del nacimiento de un Niño Dios. Su última nota, con un sonido envolvente y extraordinario ha descendido de los cielos para posarse en unas manos. Se nota que su creador con un infinito cansancio de años entregaba, en esa última nota, el alma sabia y reposada de aquel viejo Stradivarius". 
***

Y así termina esta historia, como terminan las bellas historias, con una Lágrima chiquitina y una especial y sentida última nota del año.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Para todos los que veis estrellas

Para todos los que veis estrellas... incluso cuando no las hay.


Sabía que era su estrella... 
así que tiraba y tiraba de ella;
un pedacito de felicidad,
de luz,
de color,
de alegría,
había dentro de su estrella
*
había dentro de su estrella
de alegría,
de color,
de luz,
un pedacito de felicidad,
así que tiraba y tiraba de ella;
Sabía que era su estrella...

¡!Felices Fiestas, Fiestas Felices¡!

sábado, 1 de diciembre de 2012

Por si este mundo termina


Este año las Navidades me han llegado más temprano de lo normal y mi espíritu ya está contagiado de luces y campanitas. Pero este año hay nueva y extraña noticia. El mundo se termina el 21 de Diciembre. Yo, tan despistada como es habitual en mi, creí haber oído que era un mes antes la fecha de tal catástrofe y me dispuse a abandonarlo pensando en todos mis seres queridos haciéndolo con un sonrisa (me resultaba innecesario decir a las personas que quiero que las quiero, las que me han conocido y me conocen de verdad, lo saben, el resto sólo me pide, exige o duda). Durante unos cuantos días leí y sentí, y repasé escritos y cuentos e imágenes, miré fotos, videos,  navegué por blogs, dejando en cada lugar, muchas veces sin palabras, mi mirada y mi sentir. Quería llevarme en mis ojos y para mis adentros todo lo más bello de esta vida que me ha tocado vivir.
Y entonces entré en el blog de AsereT y me quedé conmovida por un texto. Pedí permiso a la autora para traerlo aquí. Iba a ser mi despedida en ese 21 de Noviembre en el que todo terminaba...

Pero ese mismo día me enteré de mi error. Me he equivocado de fecha, pensé... pero no de texto. Luego sonreí, recordando que acababa de felicitar a mi cuñado por su cumpleaños como si fuera el último cumpleaños que iba a felicitar a cualquier persona de este mundo, jeje. Así de desastre soy.
Comienza Diciembre y aquí os dejo mi particular despedida del mundo, surgida de las manos de una persona muy, muy, limitada por fuera pero increiblemente intensa y viva por dentro. Ya no me importa que el mundo termine hoy o en cualquier fecha de cualquier año yo me llevo por dentro mis luces y mis campanitas y no necesito más.

Fechas preciosas de casualidades, causalidades, destinos y motivos han compartido mi vida tantas veces y de tantas maneras que se han hecho costumbre en mi, y se irán conmigo cuando yo me vaya, son el mejor equipaje de pensamiento que me podría llevar.

Me he permitido ponerle mi particular título a este bello texto para deciros que crezcais siempre más y siempre hacia las estrellas, pues eso somos, bellas estrellas y en eso nos vamos a convertir tarde o temprano.

POR SI ESTE MUNDO TERMINA...
Ten calma, desacelera el ritmo de tu corazón silenciando tu mente.
Afirma tu paso con la visión del futuro.
Encuentra la calma de las montañas.
Rompe la tensión de tus nervios y músculos
con la dulce música de los arroyos que viven en tu memoria.
Vive intensamente la paz del sueño.
Aprende a tomar vacaciones de un minuto,
al detenerte a mirar una flor, al conversar con un amigo,
al contemplar un amanecer o al leer algunas líneas de un buen libro.
Recuerda cada día la fábula de la liebre y la tortuga,
para que sepas que vivir más intenso no quiere decir vivir más rápido
y que la vida es más que aumentar la velocidad.
Voltea hacia las ramas del roble que florece y
comprende que creció grande y fuerte porque creció despacio y bien.
Ten calma, desacelera el paso y echa tus raíces en la buena tierra
de lo que realmente vale, para así crecer hacia las estrellas.

HELLEN KELLER (ciega, sorda y muda de nacimiento)

Podéis ver la entrada original de este texto con su título aquí

Y os dejo un enlace a una música que acompañe, porque quizás sea antes, un 25 de Noviembre, cuando para otras personas también se terminen y comiencen otros muchos mundos... y así debe ser.

HUECCO Y HANNA - Se acabaron las lágrimas.
http://youtu.be/2WO55sMR8rg



sábado, 10 de noviembre de 2012

Los dos lados de una cuerda

A veces las personas luchamos por los sentimientos, por la gente que nos importa sin darnos cuenta en nuestro esfuerzo que tal vez estemos luchando solos, que tal vez a nadie más que a nosotros le interese luchar.

Pero aún así seguimos esforzándonos, dándolo todo, entrega, ilusión, ganas de cambiar el mundo y las injusticias que hay en él y un buen día cansados, más bien exhaustos de no haber conseguido nada, dejamos de sostener la cuerda de nuestros sueños, de nuestras motivaciones, pensando, con ingenuidad, que habrá alguien, al menos una sola persona, que tome el relevo, que nos dé el aliento suficiente para recobrar las fuerzas y seguir luchando. Pero nada hay, nada llega. Porque entretenidos en luchar, en emplear nuestras fuerzas, en desgastarlas para mantener a las personas que apreciamos a nuestro lado, no llegamos a comprender que tan solo es eso, nuestro solitario esfuerzo por algo que nadie más comparte.

Y cuando llega ese duro momento de darnos cuenta de la realidad, de un solo golpe comprendemos que el tiempo que empleamos tan solo nos sirvió para entretener nuestra mente, resistiéndonos a aceptar que esa lucha a nadie más motivaba.

A veces las personas luchamos con palabras dejando a los demás que luchen por nosotros a su forma. Y cuando ya no podemos percibir que haya nadie al otro extremo de la cuerda luchando por nosotros, cuando nada podemos ya luchar, nada nos queda más que dolernos al comprender que en esa lucha ibamos solos, tan solo apretaba nuestra mano una ilusión, que se suelta, se desvanece y se escapa, cada vez con más vergüenza, entre los dedos de la incomprensión.

Una vez leí este texto de una bloggera: "porque sólo escribimos para que nos quieran más".

Desde ese día yo escribo mucho menos y entiendo mucho más. Nadie merece la pena tanto como uno mismo, cuando al otro lado sólo tensa la cuerda... el silencio.

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Dedicado a Beén y a su reciente desengaño de amistad, cielo el mundo está lleno de personas grandes, no te esfuercer por las insignificantes. No sé si leerás esto, pero no importa sé que de alguna manera te llegará :-)

También dedicado a todas esas personas que creen que la cuerda sólo ha de sostenerse por un lado para que se mantenga firme o, lo más triste, que nunca podrían tensarla porque se han vuelto personas "pequeñas".


jueves, 1 de noviembre de 2012

Descanso al Sol


Y descansa...
Tras un baño, la piel humedecida,
el frescor como sensación,
el arropo entre cálidas piedras,
en donde se siente
más oso, más animal,
más suyo.

Y descansa, al Sol,
porque no puede ser de otra manera.
La sencillez de la tarea bien hecha.
Los ruidos no llegan, 
el griterío no le confunde, 
nada le inquieta.

Y descansa.
Porque no puede ser de otra manera.
Entre su pelo se adormecen 
gotas de paz.
C.M.

domingo, 1 de julio de 2012

Magia para ser feliz

Hubo una vez un juego de magia. Decían las lenguas curiosas que había caído del cielo y quien lo jugaba se volvía inmensamente feliz y ya no tenía que volver a preocuparse por su felicidad el resto de su vida. Así que se podrá comprender todo el mundo quisiera jugar a ese juego.


Nadie sabía el porqué de ese juego, pero las reglas eran sencillas, se tiraban dos dados sobre una mesa tres veces. Si en alguna de las tiradas los puntos de los dados sumaban menos de 10 esa persona experimentaba un regocijo increible y comenzaba a ser feliz, a tener suerte y a irle todo bien en su vida. Algunas personas ya habían podido experimentarlo y era una sensación increible. Si no se conseguían menos de 10 puntos se tenían tres tiradas en 365 oportunidades, todo un año y 1095 intentos para lograrlo. Por pura probabilidad estaba garantizado conseguir tal puntuación sin que pasara mucho tiempo y volverse feliz para siempre.

Pero había un problema. El juego sólo lo disfrutaba un vecino de ese pueblo cada año. Para el relevo de cada año había una única norma: la persona que optaba a conseguir el juego debía demostrarle a los demás que, al menos una vez en la vida, aunque fuera un instante, había sido realmente feliz.

Terminado el año, para decidir quién iba a ser el nuevo poseedor de ese juego se hizo un nuevo concurso. Acudió todo el pueblo muy animado a contar ese momento de sus vidas en que habían sido muy felices. Uno dio un paso al frente y dijo: yo recuerdo haber sido muy feliz una vez que estando en el campo de pura casualidad me encontré una moneda medio enterrada, era de oro, el hallazgo me hizo sentir muy feliz por inesperado y valioso. Todos aplaudieron la historia. Entonces otro se adelantó y dijo: pues yo recuerdo una vez que consegui trepar a lo más alto de un árbol, fue dificil, me herí las manos con las punzantes hojas de las ramas, pero no desistí y cuando me vi arriba, en la copa, me sentí muy feliz por haberlo conseguido. De nuevo hubo aplausos. Se aproximó un tercero que habló de esta manera: en cierta ocasión yo ví un pájaro mal herido, a punto de morir, lo recogí lo cuidé y con lo poco que sabía sobre los pájaros lo curé. Pensaba que moriría pero un buen día lo vi revoloteando por mi habitación y ese aleteo de vida fue un momento de felicidad irrepetible. Los aplausos en ese momento se intensificaron.

Tras varias historias más y muchísimos más aplausos de repente un pordiosero salió de entre la multitud y dio un paso al frente.

- ¿Quién eres tú? le interrogó un vecino.
- Uno que cree tener una historia digna de ser escuchada, dijo el pordiosero algo nervioso.
- ¿Estás seguro de ir a contarnos una historia que realmente te haya producido felicidad?, le dijo el habitante del pueblo mirando sus ropas con desprecio y con cierta desconfianza en sus ojos.
- Si, dijo temblando el hombre.
- Bien, tú mismo, entonces cuenta tu historia.

El pordiosero, levanto sus manos hacia los allí reunidos y les dijo:
- Bueno yo... en realidad no soy nadie para nadie, no tengo nombre, no tengo casa, no tengo familia, no tengo amigos, no tengo estudios, ni dinero, ni posesiones. No pido ni espero nada de nadie, tampoco nadie me espera; no comprendo mucho cuando me hablan, no sé leer, ni escribir, oigo y veo poco, sólo como una vez al día lo poco que me ofrecen las buenas personas, no tengo inteligencia ni capacidades, jamás he tenido suerte en mi vida, a veces pienso que incluso ni sé pensar. No busco nada, tampoco encuentro nada, nadie me llama ni piensa en mi, ni me dice hola o se molesta en decirme adios, soy ignorante e ignorado; no puedo trepar a ningún arbol ni montaña porque mis piernas son muy débiles, estoy enfermo, camino muy despacio, a veces ni puedo moverme, soy muy viejo, no puedo curar animales porque no sé ni curarme bien a mi mismo, no tengo bonitos recuerdos, solo tristeza en mi vida desde que mi memoria alcanza, por no tener no tengo ni siquiera razones para vivir más. Y diciendo esto bajó sus manos y se calló.

Todos comenzaron a murmurar entre ellos, pues nadie entendía qué significaba aquello, ¿qué quería decir? ¿porqué entonces había dado un paso al frente? ¿eso era lo que ese hombre creía que era la felicidad?

- Y entonces, ¿porqué has dado un paso al frente? se atrevió a replicarle un vecino.
- Este es el concurso anual para conseguir ese juego que produce felicidad ¿verdad?.
- Sí, - le dijo el vecino, - pero para conseguirlo has de aportar algo que nos parezca que te ha hecho muy feliz en tu vida.

- ¿Muy feliz? repitió el hombre mirando a todos los presentes con mucha nostalgia en sus ojos. Bueno, no sé bien porqué, pero ahora mismo tengo un nudo en mi garganta, manos sudorosas y unas inmensas ganas de reir y llorar, si yo pudiera conseguir... si fuera posible ... algo que llevo callado y deseando todos estos años de vida... 

- ¿Qué es??? - gritaron todos excitados a un mismo tiempo.
- Yo tuve ese juego en mis manos hace 30 años, lo intente muchas veces, apenas dormí intentándolo, no lo conseguí... Quisiera por favor, tener una nueva oportunidad, me haría inmensamente feliz volver a intentarlo... ¡PODER VOLVER A JUGAR!.
Es que ... - añadió con un hilo vibrante de voz - ¡ya he aprendido a SUMAR!

Todo quedó en silencio. Los asistente pudieron ver que en los ojos de aquel hombre había un brillo de ilusión, motivación y esperanza como jamás nadie había visto. La emoción del momento duró varios minutos en que cada cual se puso a pensar su propia vida y sus circunstancias y sin darse cuenta cada persona comenzó a entender que tampoco su vida era tan mala, o tenía salud, o tenía casa, o tenía familia, a tenía amigos, o tenía estudios o ganas de vivir... incluso si había alguno al todo le había ido terriblemente mal en su vida, si hubiera tenido la oportunidad de tener ese juego en sus manos... 

Todos, muy conmovidos, acordaron por unanimidad concederle ese año al prodiosero la nueva propiedad del juego y los aplausos en la entrega fueron tan emotivos, sinceros, alegres y duraderos que hicieron llorar al pordiosero de pura emoción y los presentes aún más. Y de repente sucedió algo verdaderamente mágico. Todos comenzaron a sentirse realmente felices y a bailar, reir y disfrutar. 


Realmente ese hombre era el primero al que le había caído del cielo ese juego y  vagaba desde entonces de mano en mano hasta poder encontrar a alguien que sintiera lo que era un momento verdadero de felicidad.

MORALEJA DEL CUENTO

Si tienes algo en tu vida, por pequeño que sea, ya tienes más posibilidades de ser feliz que el que nada tiene.


Si no tienes nada, si nada te queda, da un paso al frente, existen nuevas posibilidades: vuelve a intentarlo, es la esperanza y el deseo de lograrlo lo que produce felicidad.

C.M.

lunes, 11 de junio de 2012

Feliz 8 de Junio

Yo no sabía que SOMOS muchos, ni siquiera sabía que pertenecía a ese SOMOS, simplemente el 8 de Junio he salido, por pura intuición e intención, con algo puesto del revés... la tristeza :-(
y he estado feliz y sonriendo todo el día :-)



Os dejo el enlace en donde he visto este precioso video, como otros muchos textos y lecturas que hay en este maravilloso blog: Encuentos.com

miércoles, 16 de mayo de 2012

El universo de las motivaciones

Sobre esperas y motivaciones y tiempos perdidos, un buen ejemplo:




sábado, 17 de marzo de 2012

La historia de Tico y Ana


Hubo una vez en perrito, llamado Tico, color canela, de grandes orejas y naricilla oscura y muy pequeña.
Vivía con una familia que lo cuidaba y lo mimaba. Pero él se sentía muy triste porque su dueña Ana muchas veces se enfadaba con él. El no podía entender esos enfados, era un perro muy obediente, traía las zapatillas y siempre recogía su camita cuando se levantaba. De repente su dueña lo agarrraba por la correa y le obligaba a permanecer en una esquina sin moverse o lo encerraba en un balcón. Algunas veces era bastante brusca al hacerlo. Tico no entendía porqué pasaba eso, parecía una dueña tan maja...

Así que ante cualquiera de esos castigos simplemente aullaba y lloraba . Pero, era curioso, eso parecía que enfadaba a su dueña mucho más, era imposible entender por qué se comportaba así con él, - ¿por qué su dueña no podía escuchar su protestas y hacerle caso?, nunca entendía lo que le molestaba o sus necesidades- pensaba Tico.

Pero al otro lado la historia era diferente. Ana su dueña, estaba desesperada con Tico, parecía imposible que el perrito entendiera algo de lo que se le decía para mejorar su conducta. - Es muy rebelde,  -pensaba Ana, - le digo que se siente y no lo hace. Le llamo para comer y no atiende. Está siempre en su mundo, es muy rebelde, - repetía. - A veces me desespera tanto su rebeldía que le castigo para que aprenda, pero entonces se pone a aullar, no para, es muy molesto, no sé qué le puede pasar- concluía Ana.

Un buen día Ana decidió visitar a su amiga veterinaria Elsa para preguntarle por la conducta de Tico.
Después de contar las innumerables trastadas que hacía su perro y lo poco obediente que era, Elsa miró a Tico con ternura, que en ese momento estaba olisqueando su bata ajeno a todo y a todos, y le indicó: - ven Tico tengo algo muy rico para ti. Pero Tico siguió a lo suyo y ni se inmutó. Entonces le dijo a Ana:
- déjamelo un día y podré decirte por qué actúa así tu perrito.

Ana le pasó la correa a Elsa y marchó de la tienda ya mucho más tranquila. - Mañana sabré que le pasa a mi perro, - pensó Ana.

A la mañana siguiente Tico recibió a Ana moviendo con energía su rabito, se le veía más contento de lo normal, Ana se dio cuenta del cambio y le preguntó a Ana. - ¿has logrado averiguar porqué Tico se comporta así?.

- Ya lo creo - dijo Ana, - verás, tu perrito tiene un problema no muy común, no puede escuchar.

La dueña se quedó perpleja con la respuesta - ¿cómo no va a poder escuchar mi Tico con esas grandes orejas? ¡eso es imposible! - dijo con incredulidad Ana.

Entonces la veterinaria le explicó que había nacido con unos pequeños tapones en sus oídos que le cerraban
el pabellón auditivo y que eso era muy delicado y no se podía operar, por lo que su perro no iba a ser capaz
de oirle nunca.

Ana se quedó muy triste y preocupada con la respuesta. - Y... ¿cómo puedo hacer para que me atienda? - preguntó abatida.

Elsa miró a ambos con una sonrisa y simplemente dijo: - es fácil, debes hacer que te mire a la cara...

- Cuando llegues a casa, - prosiguió Elsa, - ponte en la cara una golosina, sujétala con un celo sobre tu nariz o en la frente. Luego deja a Tico que se acerque, la huela y la quiera y  después quítatela y dásela. Repite esto tres vez al día durante tres semanas luego ven a verme.

Ana se fue con Tico a casa e hizo lo que su amiga le indicaba.

A su vez Tico también andaba preocupado con el comportamiento de su dueña y le comentó a un Galgo, colega suyo que vivía dos pisos más abajo y con el que le gustaba salir a mear:
- ¿Qué podría yo hacer para que mi dueña me quisiera más? - dijo Tico.
- Tu dueña te quiere mucho, no seas bobo, lo que pasa es que tú eres muy rebelde y nunca le haces caso- concluyó el Galgo. - La próxima vez que tu dueña te dé una golosina o algo rico, para que se ponga contenta, simplemente lámele la mano. Eso les gusta mucho. A mi me funciona y me tienen a cuerpo de rey, dijo entusiasmado el Galgo.
- Así haré - dijo Tico a su amigo - espero que tengas razón y cambie todo.

Al cabo de las tres semanas Ana y Tico fueron a visitar a la veterinaria.

- Hola Ana, - dijo Elsa - ¿qué tal con tu perro?. - Fenomenal - contestó Ana entusiasmada. Ahora me hace caso en todo, siempre anda pendiente de lo que le digo, me mira y se sienta, me obedece mucho más y jugamos mucho, estoy muy contenta con él. Y a él lo veo distinto conmmigo, cada día más feliz, no deja de lamerme la mano, es divertido. Si alguna vez no me atiende, como ya entiendo lo que le pasa, me acerco y le doy una golosina y entonces ya vuelve a estar interesado en todo lo que hago. Me alegro - dijo Elsa, - como ves, todo era cuestión de saber lo que le estaba sucediendo realmente a Tico. Nada más.

Al otro lado de la historia el perrito Tico estaba entusiasmado con el comportamiento de su dueña, ya no le castigaban en una esquina y todos eran felices. Comentaba a su amigo el Galgo: - no sé realmente que ha podido cambiar, pero ¡tu truco ha funcionado! poco después de hablar contigo, una mañana, vi una golosina en la cara de mi dueña, una de esas golosinas ricas que tanto nos gustan a nosotros los perros, y luego ví otra y otra, siempre me las acababa dando. Yo hice lo que dijiste y le daba un lametón cada vez que me daba esa rica golosina. Ahora cada día que me levanto lo primero que hago es fijarme a ver si hay una rica golosina en la cara de mi dueña. Cuando estoy jugando miro a Ana, quizá vuelva a tener esa rica golosina encima de su nariz. Cuando me pone la correa, la miro otra vez, ella con la mano me dice que me siente y yo me siento... ¿quizás vea la golosina ahora?. Y cuando me entra el hambre la miro siempre. Incluso a veces, sin venir a cuento, de repente mi dueña me pone una golosina en la boca. Yo no paro de darle lametones y ¡es fántastico!, ahora vivo muy feliz, ¡no la pierdo de vista!, es que me gustan mucho las golosinas - le decía Tico a su amigo el Galgo.

Y así fue como Ana y Tico se llevaron cada vez mejor . A los dos se les olvidó por completo que no podían escucharse. Y es que, como le comentaba el Galgo entre su círculo de amistades: - con empatía, hay entendimiento y con entendimiento ¡hay lametones y golosinas siempre!.

C.M.

martes, 14 de febrero de 2012

Pequeño cuento de final feliz

Vivía en un lejano planeta un niño.

Vivía en otro lejano planeta una niña.

Y en una estrella, también lejana, vivía un grupo de personas llamadas lectores.

La niña deseaba con todas sus fuerzas que le trajeran un gran regalo: la paz en el mundo, que las gentes se llevaran bien, que no hubiera envidias, ni odios, ni malos modos, ni violencia. Deseaba los mares limpios, los árboles perdurables, las sonrisas llenas de paz y miradas llenas de amor del bueno en todas las gentes.
El niño deseaba con todas sus fuerzas su gran regalo: tener a su lado a la niña... para poder disfrutar un día de todos esos deseos cumplidos, pues sabía que la niña, siendo tan cabezota, todo aquello en lo que se empeñaba lo lograba.

Los lectores, desde su pequeña estrella, deseaban con todas sus fuerzas que los niños tuvieran sus regalos cuanto antes, para poder vivir todos más felices.

Y mientras tanto... leían pequeños cuentos con esperanza.


No había mostruos en este cuento, el Universo sencillamente se los había tragado.


viernes, 16 de diciembre de 2011

Felicitación navideña 2012


Felicitación navideña para peques y personas grandes con alma de niños.
(pulsa en ella para verla más grande)

jueves, 1 de diciembre de 2011

La jugada maestra y la sabiduría

Me gusta jugar al ajedrez, es un juego apasionante en el que se ponen a prueba muchas facultades de las personas, la visión, la perspicacia, la intuición, la agilidad de pensamiento, la estrategia, la inteligencia, la coordinación, la psicología de conducta, etc.
La vida, al fin y al cabo, es también como una partida de ajedrez.
Para cada una de las circunstancias importantes de esta vida siempre hay y habrá una nueva partida. Pero con los años y la experiencia yo me he ido dando cuenta de que siempre se realizan las mismas jugadas y con unos mismos tipos de jugadores.

Hay un tipo de jugadores, principiantes, que solo aprecian las jugadas más inmediatas, creen en ellas y se posicionan. Luego solo juegan defendiéndose de todo el resto de jugadas que se van sucediendo, sin entender porqué discurre el juego de esa manera. Finalmente se repliegan y se dejan vencer.

Hay otro tipo de jugador más avanzado o simplemente más avispado, que cree advertir la intención del adversario desde las primeras jugadas, se posiciona con prudencia y va esquivando el resto de jugadas, le termina perturbando el aplomo de su rival y se acerca al final con pura espontaneidad y pánico, al no comprender como el juego no se ha desarrrollado tal como pensaba.

Luego están otro tipo de jugadores ya más profesionales, esos no solo ven las primeras jugadas mientras van pensando en las que harán después, advierten también los siguientes movimientos del adversario, van despacio, cubriendo sus piezas, no dejando ni una sola pieza clave sin defensa y llegado el momento, cuando imaginan la partida segura y ganada, ya no les importa descubrir su estrategia pensando que ya nada puede cambiar. Pero, a veces, se equivocan y una jugada inesperada por pura rabia de un contrario caótico o a la desesperada, les deseliquibra. Quizá ganen, pero sudan.

El tipo de jugadores plenamente profesionales son los más envidiados por su alta capacidad, mantienen un ataque tan constante y sosegado que muy pocos son capaces mentalmente de resistirles.

Finalmente, quiero creerlo, debe de haber un tipo de jugador, el jugador maestro, yo no lo he visto nunca. Debe ser un jugador principalmente seguro de sí mismo, lo que ya resulta muy complicado de encontrar. A cada nueva jugada ha de tener muy claro cómo actuar. Desde una posición mental privilegiada, no es que sepa que va a ganar a su contrario, ni que crea que tiene las mejores piezas o el mejor posicionamiento. No es nada de eso. Es tan solo que sea jugador maestro porque no le importe ni ganar ni perder.

Esta vida siempre parece un juego que hay que ganar. Nos dicen que ser mejor que el otro es la mejor manera de triunfar. Pero no es cierto. La mejor manera de salir adelante en una vida, que siempre es algo temporal, es estar seguro de lo que es, nuestro yo, mientras vivamos con esa consciencia, será lo único que nos será perenne.

Nadie sale ileso en cualquier lucha, así que es absurdo pelear si el resultado es pura y simplemente quedar mal herido.

Haz tu vida o tu trabajo lo mejor que puedas y sepas, no busques ganar creyendo que eso será definitivo, no existe nada definitivo, ni tan siquiera eso nos sobrevivirá, pelea por lo que consideras justo sin intimidar a los demás, eso no es juego limpio, vive la vida como si en ella no hubiera perdedores ni ganadores. Lo más bonito y lo más sereno para un espíritu en paz es imaginar que siempre, seas buen o mal jugador de ajedrez, quedas en tablas, porque la vida si se torna larga, en cada nueva jugada inesperada ya se encarga de decírtelo.

Ojala un día llegue a ser jugador maestro de ajedrez, sé que aún me queda aprender mucho y ni idea de si llegaré a tener el privilegio de conseguirlo, pero seguiré intentándolo.

Ah, se me olvidaba, existe un tipo de jugador extraño, un jugador que yo hasta ahora ni me imaginaba que podía existir, un jugador que me ha dejado flipada, se trata de mi sobrina de 10 años, cuando jugamos al ajedrez sabe con total seguridad que ella no va ganar, simplemente porque es muy consciente de que aún es pequeña, entonces simplemente me dice: venga, agiliza la partida y gáname de una vez que esto resulta pesado, se pierde mucho el tiempo y me aburro.

La infancia: todo un ejemplo de sabiduría, en serio.

:-)

martes, 27 de septiembre de 2011

PREPARADOS, LISTOS... YA

Son tiempos muy difíciles. Tal vez por este motivo me he decidido a escribir esto.

Hoy en día el grito y la protesta al aire, son los medios considerados más eficaces para conseguir doblegar la voluntad de un empresario, una empresa, una sociedad, un mundo. El grito y el vaciado ruidoso de gargantas y conciencia parecen ser los únicos medios de respuesta para salir adelante.

A través de los cristales uno ve, uno escucha, al otro lado, el grito, levantándose amenazador, con gran sonoridad, poderoso y contundente, es el golpe sonoro que busca sacudir una conciencia, tal vez un bolsillo.

Se nos ha olvidado, tal vez muchos ni lo han conocido, la manera en que nuestros padres, nuestros abuelos, se buscaron el sustento para poder salir adelante... y sacarnos adelante. Se nos han olvidado las emigraciones a Europa con una simple maleta llena de preocupaciones y sueños, los reenevíos de dinero a la casa paterna para ayudar al sustento familiar, las cruzadas de charco para "hacer las Américas" y poder regresar un día, (algunos ni regresaron), los pluriempleos y sacrificios para poder pagarle los estudios a los hijos (nosotros) y hasta se nos ha olvidado eso que oímos una vez que hablaba no sé qué del estraperlo o de cartas de racionamiento, que una vez me dijeron que era un papelito que regulaba lo que se podía comer y lo que no. ¿Lo que se podía comer? ¿Qué duro eso, verdad??. Se nos ha olvidado todo.

Es lo que tiene la memoria humana, es olvidadiza de los malos momentos, tiene dentro demasiada ambición de buenos tiempos, de esperanza. Una vez conocida otra realidad mejor, mayores comodidades, ¿llamados lujos quizá para el concepto de vida de nuestros abuelos? ¿quén quiere, entonces, volver a algo más "precario"? Nadie. Y entonces salimos a la calle y damos gritos y protestamos que queremos seguir teniendo todos esos privilegios que nos han sido dados, principalmente, por los esfuerzos de las generaciones anteriores. Y protestamos, y seguimos protestando y protestando.

¿Resultado? Perdemos fuerzas, aliento, gastamos tiempo y el tiempo es dinero, pero junto a ello perdemos algo mucho más importante que el dinero... perdemos esperanza. Tal vez en uno de esos gritos solidario, absoluto y demoledor, logremos nuestro gran triunfo, ese por el que tanto luchamos: aplazar un tiempo más una agonía...

Porque no por gritar dejamos de estar agónicos y encima la agonía no es rápida sino, con nuestro grito, más lenta, eso sí, con muchísimas más razones que nos protegen y nos asisten legalmente, por supuesto, siempre es mejor un grito trajeado, dónde va a parar la diferencia entre un grito vulgar y uno que esté bien documentado, ¿verdad?.

Pero la verdad es que anímicamente lo único que nos viste es una camisa de triunfos con un pantalón de fracasos. No comprendemos que el camino del grito ya no es la mejor manera de defendernos, de ser justos, de promover esperanza, de recrear nuestor futuro dañado. Creemos que el grito es la marca a hierro de nuestros derechos y la sólida base y firma de nuestros argumentos. Pero, a mi modo de verlo, no es una buena verdad.

El grito es aire, aire muy muy enfadado es cierto, pero aire. Palabra que hace mucho ruido, pero palabra, es decir, letras dispuestas en un orden establecido, letras quer pueden cambiarse de orden y resultar absurdas. Letras que no se comen, y lo más importante, letras que no nos visten, ni nos construyen un techo, ni tampoco nos dan de comer.

Se nos sigue olvidando que todo lo que hemos recibido nos ha llegado porque otros lo lucharon antes, no comimos con sus gritos, sino con su esfuerzo, trabajando y muchas horas y muy duro y con mucho esfuerzo, incluso con hambre, tan solo para que cuando nosotros llegáramos... ya no tuviéramos que gritar.

Pero nosotros, que nos sentimos ahora tan llenos de derechos, hacemos lo mismo, gritamos.

No nos preparamos, no estudiamos más, nos abandonamos al grito ancestral y desesperado. Queremos que nos escuchen... no importa el motivo, no importa el qué, solo que nos escuchen bien cómo gritamos. Despilfarramos la voz y el dinero, al parecer son tiempos de abandono y despilfarro. No afrontamos el hecho de que esta vida es pura lucha continua, que no nos podemos quedar estancados, dormidos, ni apaciguados, ni calmos. Que hay que estar vivos y seguir adelante y salir adelante y que el estar cada vez más preparados es el verdadero camino para que nadie pisotee de verdad nuestros derechos, para que nos confundan ni nos engañen, porque el único derecho incuestionable que tenemos en nuestra vida es nuestra capacidad para querer prepararnos, para estudiar, para informarnos, para conocer más, para poder actuar mejor.

Si echamos la vista atrás, ¿qué nos han dejado las anteriores generaciones? el camino abierto y cada día más llano a poseer cada vez más información, más conocimiento. Nuestros padres lucharon y muy duro para darnos ese derecho, para que nosotros pudiéramos estar más preparados que ellos. No lucharon para que gritáramos en la calle como ya lo hicieron ellos, sino para que tengamos la oportunidad de conseguir lo que ellos no tuvieron, la preparación, la información, el aumento progresivo de conocimiento, la capacidad de maniobra suficiente para que nadie pueda realmente pisar lo único que nadie puede quitarnos: nuestro conocimiento, y con él asegurar ese futuro incierto, simplemente por estar cada vez más preparados.

Y con la preparación llega algo verdaderamente incuestionable, la inteligencia. Porque el aumento de inteligencia es también un aprendizaje. Porque la suma de nuestra inteligencia base más nuestra inteligencia cristalizada (fruto de la experiencia) es nuestra mejor herramienta para ser cada día más capaces, para destacar. Porque más preparados somos más listos, simplemente porque destacamos de aquellos que solo creen en gritos como forma de hacer un mundo más justo para todos y salir adelante y comer mejor. Porque preparados somos más listos y siendo más listos no nos importan las listas, no nos cohiben ni amedrentan los números ni los recortes, nos asisten y nos envuelven y nos alientan las actitudes, porque preparados sabemos cómo y dónde poner el acento para que no se cometan injusticias con nosotros. Porque el mundo se nos abre a nuevas oportunidades, nuestros padres lo sabían, por eso quisieron dejarnos, como fruto de su esfuerzo, un futuro mejor. Ahora podemos gritar.. ¿para decirles que no lo han logrado?

Así que tenemos dos opciones, gritar y gritar como ya lo hicieron nuestros antepasados o prepararnos, ser competitivos, estudiar, ampliar estudios, idiomas, capacidades, conocimientos, abrirnos la mente y el mundo. Tan solo uno de esos dos caminos lleva a un futuro más tranquilizador, un futuro en el que nadie tenga ni argumento ni capacidad para cohibirnos, asustarnos, ni mucho menos... manejarnos.

Nuestros antepasados no gritaron para que nosotros ahora continuemos gritando. Este puede ser un mundo de gritos hereditarios convincentemente indignados o UN MUNDO MÁS INTELIGENTE... de preparados. Son tiempos difíciles, hasta para tomar las decisiones más acertadas, pueden ser tiempos iguales a otros, o tiempos más preparados. Cada uno decide.

Tal y como yo lo veo, ante un grito trajeado yo prefiero abrir un libro y aprender más... preparada, lista y...

la siguiente palabra la podré poner con total honestidad.

Cristina Mena

jueves, 30 de junio de 2011

Para recuperar aliento

Hace unos días ha llegado a mi buzón un texto precioso y deseo compartirlo aquí, con todo el que desee leer algo bonito y esperanzador durante un rato. Un abrazo a todos.


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Desiderata

Camina plácidamente entre el ruido y la prisa,
y recuerda qué paz puede haber en el silencio.
En la medida de lo posible y sin traicionarte
procura vivir en buenos términos con todo aquel que te rodea.
Di tu verdad tranquila y claramente;
y escucha a los demás,
incluso al aburrido y al ignorante;
ellos también tienen una historia que contar.

Evita a los ruidosos y a los agresivos,
ellos afligen al espíritu.
Si te comparas con otras personas,
puedes tornarte vanidoso y amargo;
porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus logros y también de tus planes.

Mantén el interés en tu propia carrera, por humilde que sea;
es una verdadera posesión en las cambiantes fortunas del tiempo.
Sé cuidadoso en los negocios;
pues el mundo está lleno de trampas.
Pero no dejes que ésto te ciegue a la virtud del mundo;
muchas personas luchan por grandes ideales;
y en todas partes la vida está llena de heroísmo.

Sé tú mismo.
En especial, no finjas afecto.
Tampoco seas cínico ante el amor;
porque frente a la aridez y al desencanto,
el amor es perenne como la hierba.

Toma con serenidad el consejo de los años,
y renuncia grácilmente a los dones de la juventud.
Nutre la fuerza del espíritu para protegerte de las desgracias inesperadas,
pero no te crees falsos fantasmas.
Muchos miedos nacen de la fatiga y la soledad.
Sin olvidar una justa disciplina,
sé amable contigo mismo.

Eres un hijo del Universo,
no menos que los árboles y las estrellas;
tienes derecho a estar aquí.
Y no importa si te resulta evidente o no,
no hay duda de que el Universo se está desarrollando como debe.

Por ello procura estar en paz con Dios,
de la manera en que lo concibas,
y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones,
mantén la paz en tu espíritu en la ruidosa confusión de la vida.

A pesar del trabajo duro, las falsas esperanzas y los sueños rotos,
este sigue siendo un mundo hermoso.
Procura estar alegre.
Lucha por ser feliz.

Max Ehrmann, 1927


miércoles, 8 de junio de 2011

Tu gran regalo

Hoy como día especial que es, quise hacerte un regalo.

Primeramente pensé, es una persona muy grande debe ser un gran regalo. Pero al ponerme a sacar ideas me asaltó una gran pregunta: ¿qué es un gran regalo para alguien a quién no le gustan las cosas muy grandes?

Entonces pensé que sería más apropiado un gran escrito. Pero apenas empezé a redactarlo me detuve y me dije: ¿qué se puede escribir realmente que, al leerlo, resulte grande?

Creí entonces que si creaba una gran frase, una frase extraordinaria, especial, intensa, directa al corazón, eso sí que sería un gran regalo muy apropiado para una persona grande. Pensé y pensé, hay por ahí frases tan bonitas, cualquiera que yo dijera o pensara no iba a ser tan grande...

Desesperada e indecisa decidí aplazarlo y me fui a comer.

Por el camino vi a un pobre pidiendo muy humildemente y pensé: qué suerte tengo en mi vida, yo no tengo que ponerme de rodillas si necesito algo. Unos pasos más adelante una persona trató de que me apuntara a un grupo solidario: qué suerte tengo en mi vida, volví a pensar, nadie tiene que pedir por mi en una calle. Entré en unos grandes almacenes para comer algo y vi a dos personas que parecían perdidas, eran extranjeras y querían ir a la sexta planta, se lo indiqué en su idioma, me lo agradecieron, al marchar pensé: qué suerte tengo de que me hayan enseñado cómo comunicarme. Mientras comía me fijé en una camarera, con su sonrisa iba y venía atravesando un largo mostrador, atendiendo, poniendo y recogiendo platos, ¡no paraba!, en toda la hora que estuve yo allí, ni un minuto tuvo de descanso. Qué cansado debe ser pensé, ¡qué suerte tengo!, mi trabajo es mucho más descansado y cómodo.

Ya delante del café saqué una pequeña libretita y comencé a escribir mis pensamientos sobre todo esto.

Entonces recordé, siempre me dices que para ti el regalo más grande que yo pudiera hacerte es uno de mis escritos.

Así que recogí todas las letras decidida a ponerlas en mi blog a modo de regalo, y a punto estaba de subirlo cuando dudé:

¿entenderá realmente cuál es ese regalo grande que quiero hacerle?

Convencida de que las palabras confunden mucho y se instalan en parcelas del pensamiento que a veces no son hacia las que van dirigidas pensé: mira, mejor me dejo de profundidades en letras y le hago un regalo pequeñito y práctico que también le gustará.

Pero...

¡¡no sé qué paso!!, no sé si calcule mal el tamaño o el peso, solo eran 39 MB pero parece ser ¡¡que no caben!!

Así que ya me he dado por vencida, te dejo este escrito, una foto de mi regalo y decirte que un pequeño detalle te está esperando en casa.




Metidito en tu regalo: un PENDRIVE con forma de osito pinchado en un puerto USB, porque en esta vida, jamás lo dudes, las apariencias siempre engañan. :-)




!!Felicidades!! - 08/06/2011



martes, 3 de mayo de 2011

El Sol de los sueños cumplidos

28-04-2011


Al frente el Sol de los sueños cumplidos.

Los árboles engalanados con sonrisas de hoja perenne dejaban entrever que ese sería un gran día. El Sol, a modo de sombrero, se inclinaba unos minutos elegantemente sobre la cima, observando con placidez como la vida le entregaba el futuro... al destino.

Dos manos se entrelazaron en un lento paseo de flores por la boca, comenzó a despertarse un beso en el centro mismo de dos latidos.

Por debajo de sus pies se iba abriendo, sin saberlo, un camino compartido.

Fue un ceremonia preciosa, todos alababan las sedas de paz que ella llevó por vestido y el generoso gesto de él por el cielo bendecido. El Sol se hinchó, iba de padrino.

A sus espaldas quedaban ya años inciertos, deudas de dudas, obligaciones de dolor, fantasmas de retrasos y compromisos perdidos, convertido todo con sencillez y bondad... en préstamos ya pagados y por estar pagados... vencidos.

Ella no pudo olvidarse... y lanzó un beso al Sol, parecía ir sin rumbo, pero un copo de nieve blanca era su destino.

Bendita la luz... que hizo de testigo.

lunes, 11 de abril de 2011

Los dos caminos

Un buen día se reunieron dos sabios y se pusieron a discutir sobre cual de los dos caminos de la vida era el que debía seguirse para ser feliz.

El primer sabio dijo: - yo escogería un camino fácil, normal, sin altibajos, que se sepa siempre por donde se va, sin líos y que todo sea muy llano y muy sencillo. Un camino en el que no haya dificultades, qe sea cómodo de andar, así nunca me llevaré sorpresas y todo en el camino siempre será normal y asequible.

El segundo sabio dijo: -yo sin embargo prefiero elegir un camino más complicado porque al no estar muy transitado tendrá un paisaje más cuidado, más especial, algo que no haya visto todo el mundo porque no todo el mundo lo recorrerá, un camino con más dificultades, es cierto, pero con la enorme recompensa de que pocos lo han disfrutado, por que pocos son capaces de apreciarlo.

Los dos sabios siguieron explicando su postura sin llegar a ponerse de acuerdo en una opción u otra ni acercarse siquiera a una postura intermedia.

Seguían imbuidos en su particular discusión cuando llegaron a una encrucijada en la vereda del camino por el que transitaban. Allí en el centro de la senda encontraron a un niño.

El primer sabio dijo:
- Este niño resolverá nuestro gran dilema, veamos qué rumbo toma: si elige el camino que discurre por entre esos campos su senda sería cómoda y llana, siendo niño, no sería de extrañar que busque una ruta sencilla y acorde con sus limitaciones; si por el contrario elige el que se puebla de arbustos y zarzas deberá atravesar más dificultades, pero ya se sabe que los niños siempre son más atrevidos, si tiene mente abierta puede que escoja ese camino lleno de aventuras e improvisaciones, esperemos a ver cual es su decisión - concluyó el sabio.

Pero el niño no sabiendo por cual decidirse se quedó parado en medio sin avanzar por ninguno mirando hacia los dos caminos con cara de preocupación. Pasados unos minutos los dos sabios se le acercaron y uno de ellos dijo: - ¿porqué no continuas avanzando? - y el niño respondió con ilusionada ingenuidad: - es que ambos caminos me asustan porque no sé qué hay detrás de ellos, no sé qué se esconde detrás de aquel inmenso campo, parece muy llano pero ¿y si se hace muy extenso? ¿y si me canso de andar siempre lo mismo? ¿y si al final me aburre? ¿y si no sé cómo volver atrás?; no, no puedo ir por ese camino... pero tampoco veo lo que puede esperarme tras esas zarzas y quizá sea peligroso o complicado de atravesar, ¿y si me hago daño? ¿y si aparece un monstruo y me come? ¿y si lo emocionante al final es demasiado confuso, dificil?. Uy,no sé que hacer, creo que mejor me estaré quieto o daré media vuelta, ¡no sé qué camino tomar!

- Pero has de elegir uno de los caminos - le recomendó uno de los sabios, - es imposible seguir por los dos y es muy necio desandar lo andado hasta ahora, ¿qué sentido tiene? has de tomar aquel camino que más se identifique contigo, ¿cual tomarías?

No sé repitió el niño, es que no sé.... de veras yo no sé cual tomar... si por mi fuera... se aventuró a decir el niño en un alarde de entusiasmo, ¡me convertiría en gigante! para así poder dar zancadas tanto por un camino como por el otro, así vería todos los peligros y cuando un camino me aburriera saltaría de una enorme zancada al otro y cuando el otro me asustara haría lo mismo y con grandes saltos podría estar siempre a salvo de cualquier peligro, siendo gigante solo tendría que cambiar de camino si las cosas no me gustaran o fueran mal. O si no, tal vez podría ser un enorme pájaro que volara y...

Ambos sabios se miraron avergonzados y comprendiendo la sabia lección que sin saberlo les daba aquel niño sin mediar palabra se separaron y cada uno siguió avanzando por su camino elegido. Allí en medio quedó el niño, confuso, paralizado y volviendo la vista hacia atrás, hacia un lado, hacia el otro.

Y mientras los sabios con paso firme se separaban y proseguían en silencio su camino escogido, a lo lejos, como en un eco se oía una voz infantil, atudida, temblorosa... ¿qué camino tomo? ¿qué me aconsejáis? pero ¿qué camino tomo?, ¡por favor! no os vayáis, yo sólo no puedo elegir...decidme por favor... ¿mejor me quedo quieto? ¡aún soy un niño!


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Es una postura muy humana paralizarse ante una encrucijada y no seguir avanzando por ningún camino o dar media vuelta y regresar a ninguna parte, pero la verdad es que ambos caminos son lícitos para alcanzar la felicidad, sólo hay que querer avanzar por uno de ellos con firmeza, solo hay que apostar por uno y seguir el camino.

No es de sabios poner las decisiones importantes de la propia vida en la inmadurez de alguien que duda, se paraliza o desanda lo recorrido, tal vez, porque aún no haya crecido.

Solo cuando se crece... con firmeza, sin temor y sin previo aviso, se sabe escoger camino.

sábado, 26 de febrero de 2011

Los héroes y los villanos de los cuentos

Los héroes en los cuentos, son las personas anónimas, que con lealtad se mantienen tanto en los buenos como en los malos momentos. Se sacrifican, se compadecen de los demás, se enfrentan a las injusticias, se cuestionan y se duelen con las maneras encubiertas de los demás, tienen defectos por eso a veces se rebelan de forma errónea, piden perdón con su corazón en la mano y sufren con sinceridad sus equivocaciones, y mantienen la esperanza de que todo cambie un día mientras continuan creciendo por dentro, para avanzar por fuera.

Son los personajes de cuentos extraordinarios, de historias grandes y superadas, son el reflejo de una inquietud constante por conocer nuevos valores, nuevos principios, nuevos caminos en su búsqueda constante de la felicidad, tratando de no hacer daño a los demás.

Pero en los cuentos también hay villanos, son personas de muchos tipos, personajes de gesto interior duro, que afianzan en la debilidad de los demás sus propias flaquezas humanas. Se encargan de desgarrar, de romper en pedazos de hipocresías, todo lo que es auténtico y por ser auténtico, especial. Son los que se aprovechan, los que manipulan, los que destruyen la bondad y la esperanza de los demás, los que imponen sus egoismos tratando de anular cualquier atisbo de inocencia, de esperanza, de verdad o se presentan ante los demás cómo injustas víctimas de historias dañinas que les han hundido, que les han paralizado, imposibles de superar.

Los héroes, en los cuentos, son silenciosos, incomprendidos, son torpes en sus inicios, tan solo triunfan en pocas líneas, no se conocen bien hasta el final, mientras los villanos están presentes en el día a día, llamativos y destacados acorralan a sus presas formando círculo de lealtades con los demás, tratan de agrupar en torno a ellos a quienes consideran sus iguales, se apropian de las ideas de otros para exhibirlas como propias deformándolas con su vanidad, se mantienen en lo más alto de las injusticias que provocan y a lo largo de su historia van obteniendo entre victimismos, lástimas y mediocridades, sonoros méritos por sus villanías.

Y esta vida, realmente, es como un cuento, un compendio de pequeños capítulos variados que conforman una historia completa y final.

La experiencia en cambio me ha demostrado, para todos aquellos que no creen en los cuentos, que en las páginas finales de cualquier historia, no entre líneas, sino de forma clara y contundente, se descubre la verdad, quiénes son los héroes y los villanos de cada historia de vida.


Tan solo hay que ir pasando página... todo cuento tiene un final.

domingo, 30 de enero de 2011

El cuento aburrido

Había una vez un país mágico en el que vivían hadas, duendes y mil seres fantásticos de bellos colores y bellas formas que...

- Ese es un empiece de cuento aburrido ¿no hay ogros?
- No, no hay ogros.
- Entonces no me gusta el cuento, empieza otro.

- Había una vez un bosque enorme lleno de animalitos que vivían felices...
- Buah, ese ya me le sé. y luego se incendia el bosque y todos tienen que huir y buscarse una nueva casa. Buf, muy aburrido, otro más.

Había una vez un lindo gorrión que vivía en un nido construido en lo alto de un árbol.
- Vaya, ja, ja, otro cuento de pájaros... ¿es qué no te sabes alguno que sea más emocionante?, eso es algo tremendamente aburrrido, ¿no te sabes alguno más movidito?

- Hummm, veamos, déjame que piense... ah ya lo tengo...

- Había una vez un niño que no creía en los cuentos... ¿sigo?
- Eh, sí, la verdad es que ese no sé cual es, sigue, sigue.
- Pues como digo, había una vez un niño que no creía en los cuentos. Su mamá intentaba siempre dormirle leyéndole alguna historia fanstástica pero él siempre la interrumpía, no la dejaba terminar pues se sabía casi todas las historia, al ser un niño que no creía en los cuentos, se los había leído todos y como cada uno de ellos tenía una parte que podía ser vivida como real pues ninguno le parecía hermoso, todos le aburrían...
- Je, lo entiendo, me hago cargo, - interrumpió el niño, - sé cómo puede sentirse ese niño.
- No interrumpas que sigo...

Pero de repente sonó el timbre de la puerta y la mamá interrumpió su cuento para ir a abrir. Era un vendedor de libros.

-Buenas, traigo los últimos ejemplares de unos fantásticos cuentos que van a gustarle mucho a su pequeño, - dijo el vendedor dirigiéndose al niño que con la curiosidad había bajado a la puerta y estaba en ese momento agarrado a las faldas de su madre.

- ¿Van a gustarme, seguro?, - interrogó el niño frunciendo el ceño en tono de desconfianza.
- Uy, si, seguro, ¿quieres uno?.
- Bueno, - dijo el pequeño.

El vendedor sacó un pequeño libro que parecía tener muy poquitas hojas y se lo dio al niño. Mientras el pequeño lo tomaba entre sus manos la mamá pagó el precio que marcaba. El niño al abrirlo se quedó asombrado pues en sus hojas no había escrito... ¡nada!

- Oye que aquí no hay nada escrito, ¿me estás tomando el pelo?, - le dijo el pequeño al vendedor.
- No, ¡qué va!, como digo son libros especiales, verás son libros que se van escribiendo ellos solos a medida que van pasando los días.

La madre miró con enfado al vendedor tratando de advertir si se trataba de una broma pero el niño creyendo en sus palabras con emoción le preguntó:

- ¿Cómo? ¿cómo se escribe?
- Cuando llegue la noche tú, vuelve a abrir el libro y verás escrita la primera hoja.

Ante la imposibilidad de que el niño devolviera el libro la madre le cerró la puerta al vendedor un poco mosqueada pero sin decirle ya nada más, pues el niño para entonces ya había subido a su cuarto con el libro. Se sentó en la cama y esperó y esperó y esperó hasta que se hiciera de noche...

Llegando la noche el niño andaba ya muy impaciente pues quería ver rápidamente si lo que aquel vendedor decía era así. Después de cenar cuando llegó la hora de acostarse, con manitas temblorosas abrió su libro y cual no sería sorpresa al ver que en letras muy grandes en la primera hoja estaba escrita la palabra "aburrido". El niño se quedó pensativo.


Por un lado era mágica la forma en que se había escrito esa palabra pero por otro ¿cómo un cuento iba a empezar por la palabra aburrido? eso no tenía mucho sentido, más bien parecía un insulto que un empiece. Pero puesto que se había quedado prendado de cómo se había escrito mágicamente aquella palabra decidió esperar al día siguiente a ver qué era lo que se escribía de nuevo en aquel libro.

Así, al llegar la noche siguiente el niño abrió el libro por la segunda hoja. Su cara se quedó sorprendida, en letras más grandes aún que en la primera hoja estaban las palabras "muy aburrido". - Esto es increible, - se dijo el niño un poco molesto, este libro se escribe solo pero no escribe un cuento, solo pone palabras y parece que las repite ¿qué querrá decirme?

Curioso como era se dijo: - esperaré a mañana y si en el libro no aparece algo que yo entienda buscaré a ese vendedor y le pediré explicaciones, esto ya no me está gustando nada.

A la noche siguiente en la tercera hoja aparecieron unas palabras más grandes aún: "tremendamente aburrido".

- ¡Bueno, ya está bien!, se enfadó el niño, este libro no escribe un cuento, solo parece que me insulta,¡ esto es inaudito! mañana mismo voy a por ese vendedor a decirle cuatro cosas.

Al día siguiente el niño se vistió a toda prisa y se fue en busca del vendedor al que recordaba haber visto en la pequeña plaza de su pueblo como vendedor ambulante, - me va a oir, - se decía cada vez más enojado.

Al llegar a la plaza al fondo divisó a aquel señor que le había dado el libro. Al llegar hasta él le dijo sin opción ni que le saludarae si quiera: - este libro es un fraude, ¡es un fraude!

- ¿Porqué? - le preguntó el vendedor con mucha tranquilidad.
- He hecho como me dijiste pero cada día que pasa cuando voy por la noche a mirar solo está escrita la palabra aburrido, y al día siguiente, ¡mira!, - dijo el niño mostrandole al vendedor su libro por la segunda hoja, - ¿lo ves? pone muy aburrido... y ¡mira la tercera hoja! en ella pone tremendamente aburrrido. ¡Devuélvele el dinero a mi mamá!, ¡eres un mentiroso! - dijo el niño haciendo pucheros.
- No, - le dijo el vendedor muy firme, - yo te dije que ese libro se escribía solo y eso es cierto, así que yo he cumplido... yo no te he mentido.

Tras un breve silencio el vendedor miró con más tranquilidad al pequeño y le dijo observando el libro:
- bueno, tal vez este ejemplar sea de los que escriben cuentos con verdades, tal vez sea solamente que eres aburrido y no sabe qué más escribir, ¿no te parece?.

El niño se quedó de piedra al escuchar a ese hombre y mirando el libro como embobado lo fue cerrando lentamente un poco avergonzando.

- Trata de tener un día más completo, haz más cosas, tal vez el libro se anime y escriba algo que te agrade más, - le aconsejó el viejo sin darle mayor importancia al hecho y proseguiendo con su venta.

El niño que ya no sabía qué más decir, giró sobre sus pasos y se marchó con la cabeza baja y muy pensativo. Al llegar a su casa posó el libro con tristeza. - ¿Qué te pasa? - le dijo su hermanito al verlo con el semblante tan abatido.
- Nada, es este libro que me dice que soy aburrido, protestó el niño.

El hermano se echó a reir.

- Pero qué dices... ¿un libro que te llama aburrido?.
- Sí, le dijo el niño, mira lo que me ha pasado.

Entonces el niño comenzó a contarle a su hermano todo la historia que había vivido, lo del vendedor, como pasó esos tres días pendiente de lo que se escribía en ese libro mágico, las plabras que se iban escribiendo cada día...

El hermano escuchándole atentamente cada vez abría más y más la boca con admiración, hasta que al final dijo: - ohhhh, ¡acabas de contarme una aventura apasionante!, ¡qué tonto eres! y ¿tú pensando que eres aburrrido???

Aquella noche al volver a abrir el libro por la cuarta hoja... en aquel libro... ¡¡había escritas muchas palabras!!! estaba escrita una historia... que comenzaba así:

Había una vez un niño al que no le gustaban los cuentos... hasta que un buen día un cuento se atrevió a llamarle...

¡aburrrido!.

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La gran magia de un cuento no son las palabras que contiene... ni la historia escrita, la gran magia de un cuento es la persona que lo lee, el mundo desde el que lo lee, lo que se guarda para sus adentros, lo que le transmite.

Tan solo con esas sensaciones puras se puede escribir un cuento.
Entre las palabras escritas y los silencios leidos está la magia de un cuento.
Y los cuentos están para ser contados.