sábado, 10 de noviembre de 2012

Los dos lados de una cuerda

A veces las personas luchamos por los sentimientos, por la gente que nos importa sin darnos cuenta en nuestro esfuerzo que tal vez estemos luchando solos, que tal vez a nadie más que a nosotros le interese luchar.

Pero aún así seguimos esforzándonos, dándolo todo, entrega, ilusión, ganas de cambiar el mundo y las injusticias que hay en él y un buen día cansados, más bien exhaustos de no haber conseguido nada, dejamos de sostener la cuerda de nuestros sueños, de nuestras motivaciones, pensando, con ingenuidad, que habrá alguien, al menos una sola persona, que tome el relevo, que nos dé el aliento suficiente para recobrar las fuerzas y seguir luchando. Pero nada hay, nada llega. Porque entretenidos en luchar, en emplear nuestras fuerzas, en desgastarlas para mantener a las personas que apreciamos a nuestro lado, no llegamos a comprender que tan solo es eso, nuestro solitario esfuerzo por algo que nadie más comparte.

Y cuando llega ese duro momento de darnos cuenta de la realidad, de un solo golpe comprendemos que el tiempo que empleamos tan solo nos sirvió para entretener nuestra mente, resistiéndonos a aceptar que esa lucha a nadie más motivaba.

A veces las personas luchamos con palabras dejando a los demás que luchen por nosotros a su forma. Y cuando ya no podemos percibir que haya nadie al otro extremo de la cuerda luchando por nosotros, cuando nada podemos ya luchar, nada nos queda más que dolernos al comprender que en esa lucha ibamos solos, tan solo apretaba nuestra mano una ilusión, que se suelta, se desvanece y se escapa, cada vez con más vergüenza, entre los dedos de la incomprensión.

Una vez leí este texto de una bloggera: "porque sólo escribimos para que nos quieran más".

Desde ese día yo escribo mucho menos y entiendo mucho más. Nadie merece la pena tanto como uno mismo, cuando al otro lado sólo tensa la cuerda... el silencio.

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Dedicado a Beén y a su reciente desengaño de amistad, cielo el mundo está lleno de personas grandes, no te esfuercer por las insignificantes. No sé si leerás esto, pero no importa sé que de alguna manera te llegará :-)

También dedicado a todas esas personas que creen que la cuerda sólo ha de sostenerse por un lado para que se mantenga firme o, lo más triste, que nunca podrían tensarla porque se han vuelto personas "pequeñas".


jueves, 1 de noviembre de 2012

Descanso al Sol


Y descansa...
Tras un baño, la piel humedecida,
el frescor como sensación,
el arropo entre cálidas piedras,
en donde se siente
más oso, más animal,
más suyo.

Y descansa, al Sol,
porque no puede ser de otra manera.
La sencillez de la tarea bien hecha.
Los ruidos no llegan, 
el griterío no le confunde, 
nada le inquieta.

Y descansa.
Porque no puede ser de otra manera.
Entre su pelo se adormecen 
gotas de paz.
C.M.

domingo, 1 de julio de 2012

Magia para ser feliz

Hubo una vez un juego de magia. Decían las lenguas curiosas que había caído del cielo y quien lo jugaba se volvía inmensamente feliz y ya no tenía que volver a preocuparse por su felicidad el resto de su vida. Así que se podrá comprender todo el mundo quisiera jugar a ese juego.


Nadie sabía el porqué de ese juego, pero las reglas eran sencillas, se tiraban dos dados sobre una mesa tres veces. Si en alguna de las tiradas los puntos de los dados sumaban menos de 10 esa persona experimentaba un regocijo increible y comenzaba a ser feliz, a tener suerte y a irle todo bien en su vida. Algunas personas ya habían podido experimentarlo y era una sensación increible. Si no se conseguían menos de 10 puntos se tenían tres tiradas en 365 oportunidades, todo un año y 1095 intentos para lograrlo. Por pura probabilidad estaba garantizado conseguir tal puntuación sin que pasara mucho tiempo y volverse feliz para siempre.

Pero había un problema. El juego sólo lo disfrutaba un vecino de ese pueblo cada año. Para el relevo de cada año había una única norma: la persona que optaba a conseguir el juego debía demostrarle a los demás que, al menos una vez en la vida, aunque fuera un instante, había sido realmente feliz.

Terminado el año, para decidir quién iba a ser el nuevo poseedor de ese juego se hizo un nuevo concurso. Acudió todo el pueblo muy animado a contar ese momento de sus vidas en que habían sido muy felices. Uno dio un paso al frente y dijo: yo recuerdo haber sido muy feliz una vez que estando en el campo de pura casualidad me encontré una moneda medio enterrada, era de oro, el hallazgo me hizo sentir muy feliz por inesperado y valioso. Todos aplaudieron la historia. Entonces otro se adelantó y dijo: pues yo recuerdo una vez que consegui trepar a lo más alto de un árbol, fue dificil, me herí las manos con las punzantes hojas de las ramas, pero no desistí y cuando me vi arriba, en la copa, me sentí muy feliz por haberlo conseguido. De nuevo hubo aplausos. Se aproximó un tercero que habló de esta manera: en cierta ocasión yo ví un pájaro mal herido, a punto de morir, lo recogí lo cuidé y con lo poco que sabía sobre los pájaros lo curé. Pensaba que moriría pero un buen día lo vi revoloteando por mi habitación y ese aleteo de vida fue un momento de felicidad irrepetible. Los aplausos en ese momento se intensificaron.

Tras varias historias más y muchísimos más aplausos de repente un pordiosero salió de entre la multitud y dio un paso al frente.

- ¿Quién eres tú? le interrogó un vecino.
- Uno que cree tener una historia digna de ser escuchada, dijo el pordiosero algo nervioso.
- ¿Estás seguro de ir a contarnos una historia que realmente te haya producido felicidad?, le dijo el habitante del pueblo mirando sus ropas con desprecio y con cierta desconfianza en sus ojos.
- Si, dijo temblando el hombre.
- Bien, tú mismo, entonces cuenta tu historia.

El pordiosero, levanto sus manos hacia los allí reunidos y les dijo:
- Bueno yo... en realidad no soy nadie para nadie, no tengo nombre, no tengo casa, no tengo familia, no tengo amigos, no tengo estudios, ni dinero, ni posesiones. No pido ni espero nada de nadie, tampoco nadie me espera; no comprendo mucho cuando me hablan, no sé leer, ni escribir, oigo y veo poco, sólo como una vez al día lo poco que me ofrecen las buenas personas, no tengo inteligencia ni capacidades, jamás he tenido suerte en mi vida, a veces pienso que incluso ni sé pensar. No busco nada, tampoco encuentro nada, nadie me llama ni piensa en mi, ni me dice hola o se molesta en decirme adios, soy ignorante e ignorado; no puedo trepar a ningún arbol ni montaña porque mis piernas son muy débiles, estoy enfermo, camino muy despacio, a veces ni puedo moverme, soy muy viejo, no puedo curar animales porque no sé ni curarme bien a mi mismo, no tengo bonitos recuerdos, solo tristeza en mi vida desde que mi memoria alcanza, por no tener no tengo ni siquiera razones para vivir más. Y diciendo esto bajó sus manos y se calló.

Todos comenzaron a murmurar entre ellos, pues nadie entendía qué significaba aquello, ¿qué quería decir? ¿porqué entonces había dado un paso al frente? ¿eso era lo que ese hombre creía que era la felicidad?

- Y entonces, ¿porqué has dado un paso al frente? se atrevió a replicarle un vecino.
- Este es el concurso anual para conseguir ese juego que produce felicidad ¿verdad?.
- Sí, - le dijo el vecino, - pero para conseguirlo has de aportar algo que nos parezca que te ha hecho muy feliz en tu vida.

- ¿Muy feliz? repitió el hombre mirando a todos los presentes con mucha nostalgia en sus ojos. Bueno, no sé bien porqué, pero ahora mismo tengo un nudo en mi garganta, manos sudorosas y unas inmensas ganas de reir y llorar, si yo pudiera conseguir... si fuera posible ... algo que llevo callado y deseando todos estos años de vida... 

- ¿Qué es??? - gritaron todos excitados a un mismo tiempo.
- Yo tuve ese juego en mis manos hace 30 años, lo intente muchas veces, apenas dormí intentándolo, no lo conseguí... Quisiera por favor, tener una nueva oportunidad, me haría inmensamente feliz volver a intentarlo... ¡PODER VOLVER A JUGAR!.
Es que ... - añadió con un hilo vibrante de voz - ¡ya he aprendido a SUMAR!

Todo quedó en silencio. Los asistente pudieron ver que en los ojos de aquel hombre había un brillo de ilusión, motivación y esperanza como jamás nadie había visto. La emoción del momento duró varios minutos en que cada cual se puso a pensar su propia vida y sus circunstancias y sin darse cuenta cada persona comenzó a entender que tampoco su vida era tan mala, o tenía salud, o tenía casa, o tenía familia, a tenía amigos, o tenía estudios o ganas de vivir... incluso si había alguno al todo le había ido terriblemente mal en su vida, si hubiera tenido la oportunidad de tener ese juego en sus manos... 

Todos, muy conmovidos, acordaron por unanimidad concederle ese año al prodiosero la nueva propiedad del juego y los aplausos en la entrega fueron tan emotivos, sinceros, alegres y duraderos que hicieron llorar al pordiosero de pura emoción y los presentes aún más. Y de repente sucedió algo verdaderamente mágico. Todos comenzaron a sentirse realmente felices y a bailar, reir y disfrutar. 


Realmente ese hombre era el primero al que le había caído del cielo ese juego y  vagaba desde entonces de mano en mano hasta poder encontrar a alguien que sintiera lo que era un momento verdadero de felicidad.

MORALEJA DEL CUENTO

Si tienes algo en tu vida, por pequeño que sea, ya tienes más posibilidades de ser feliz que el que nada tiene.


Si no tienes nada, si nada te queda, da un paso al frente, existen nuevas posibilidades: vuelve a intentarlo, es la esperanza y el deseo de lograrlo lo que produce felicidad.

C.M.

lunes, 11 de junio de 2012

Feliz 8 de Junio

Yo no sabía que SOMOS muchos, ni siquiera sabía que pertenecía a ese SOMOS, simplemente el 8 de Junio he salido, por pura intuición e intención, con algo puesto del revés... la tristeza :-(
y he estado feliz y sonriendo todo el día :-)



Os dejo el enlace en donde he visto este precioso video, como otros muchos textos y lecturas que hay en este maravilloso blog: Encuentos.com

miércoles, 16 de mayo de 2012

El universo de las motivaciones

Sobre esperas y motivaciones y tiempos perdidos, un buen ejemplo:




sábado, 17 de marzo de 2012

La historia de Tico y Ana


Hubo una vez en perrito, llamado Tico, color canela, de grandes orejas y naricilla oscura y muy pequeña.
Vivía con una familia que lo cuidaba y lo mimaba. Pero él se sentía muy triste porque su dueña Ana muchas veces se enfadaba con él. El no podía entender esos enfados, era un perro muy obediente, traía las zapatillas y siempre recogía su camita cuando se levantaba. De repente su dueña lo agarrraba por la correa y le obligaba a permanecer en una esquina sin moverse o lo encerraba en un balcón. Algunas veces era bastante brusca al hacerlo. Tico no entendía porqué pasaba eso, parecía una dueña tan maja...

Así que ante cualquiera de esos castigos simplemente aullaba y lloraba . Pero, era curioso, eso parecía que enfadaba a su dueña mucho más, era imposible entender por qué se comportaba así con él, - ¿por qué su dueña no podía escuchar su protestas y hacerle caso?, nunca entendía lo que le molestaba o sus necesidades- pensaba Tico.

Pero al otro lado la historia era diferente. Ana su dueña, estaba desesperada con Tico, parecía imposible que el perrito entendiera algo de lo que se le decía para mejorar su conducta. - Es muy rebelde,  -pensaba Ana, - le digo que se siente y no lo hace. Le llamo para comer y no atiende. Está siempre en su mundo, es muy rebelde, - repetía. - A veces me desespera tanto su rebeldía que le castigo para que aprenda, pero entonces se pone a aullar, no para, es muy molesto, no sé qué le puede pasar- concluía Ana.

Un buen día Ana decidió visitar a su amiga veterinaria Elsa para preguntarle por la conducta de Tico.
Después de contar las innumerables trastadas que hacía su perro y lo poco obediente que era, Elsa miró a Tico con ternura, que en ese momento estaba olisqueando su bata ajeno a todo y a todos, y le indicó: - ven Tico tengo algo muy rico para ti. Pero Tico siguió a lo suyo y ni se inmutó. Entonces le dijo a Ana:
- déjamelo un día y podré decirte por qué actúa así tu perrito.

Ana le pasó la correa a Elsa y marchó de la tienda ya mucho más tranquila. - Mañana sabré que le pasa a mi perro, - pensó Ana.

A la mañana siguiente Tico recibió a Ana moviendo con energía su rabito, se le veía más contento de lo normal, Ana se dio cuenta del cambio y le preguntó a Ana. - ¿has logrado averiguar porqué Tico se comporta así?.

- Ya lo creo - dijo Ana, - verás, tu perrito tiene un problema no muy común, no puede escuchar.

La dueña se quedó perpleja con la respuesta - ¿cómo no va a poder escuchar mi Tico con esas grandes orejas? ¡eso es imposible! - dijo con incredulidad Ana.

Entonces la veterinaria le explicó que había nacido con unos pequeños tapones en sus oídos que le cerraban
el pabellón auditivo y que eso era muy delicado y no se podía operar, por lo que su perro no iba a ser capaz
de oirle nunca.

Ana se quedó muy triste y preocupada con la respuesta. - Y... ¿cómo puedo hacer para que me atienda? - preguntó abatida.

Elsa miró a ambos con una sonrisa y simplemente dijo: - es fácil, debes hacer que te mire a la cara...

- Cuando llegues a casa, - prosiguió Elsa, - ponte en la cara una golosina, sujétala con un celo sobre tu nariz o en la frente. Luego deja a Tico que se acerque, la huela y la quiera y  después quítatela y dásela. Repite esto tres vez al día durante tres semanas luego ven a verme.

Ana se fue con Tico a casa e hizo lo que su amiga le indicaba.

A su vez Tico también andaba preocupado con el comportamiento de su dueña y le comentó a un Galgo, colega suyo que vivía dos pisos más abajo y con el que le gustaba salir a mear:
- ¿Qué podría yo hacer para que mi dueña me quisiera más? - dijo Tico.
- Tu dueña te quiere mucho, no seas bobo, lo que pasa es que tú eres muy rebelde y nunca le haces caso- concluyó el Galgo. - La próxima vez que tu dueña te dé una golosina o algo rico, para que se ponga contenta, simplemente lámele la mano. Eso les gusta mucho. A mi me funciona y me tienen a cuerpo de rey, dijo entusiasmado el Galgo.
- Así haré - dijo Tico a su amigo - espero que tengas razón y cambie todo.

Al cabo de las tres semanas Ana y Tico fueron a visitar a la veterinaria.

- Hola Ana, - dijo Elsa - ¿qué tal con tu perro?. - Fenomenal - contestó Ana entusiasmada. Ahora me hace caso en todo, siempre anda pendiente de lo que le digo, me mira y se sienta, me obedece mucho más y jugamos mucho, estoy muy contenta con él. Y a él lo veo distinto conmmigo, cada día más feliz, no deja de lamerme la mano, es divertido. Si alguna vez no me atiende, como ya entiendo lo que le pasa, me acerco y le doy una golosina y entonces ya vuelve a estar interesado en todo lo que hago. Me alegro - dijo Elsa, - como ves, todo era cuestión de saber lo que le estaba sucediendo realmente a Tico. Nada más.

Al otro lado de la historia el perrito Tico estaba entusiasmado con el comportamiento de su dueña, ya no le castigaban en una esquina y todos eran felices. Comentaba a su amigo el Galgo: - no sé realmente que ha podido cambiar, pero ¡tu truco ha funcionado! poco después de hablar contigo, una mañana, vi una golosina en la cara de mi dueña, una de esas golosinas ricas que tanto nos gustan a nosotros los perros, y luego ví otra y otra, siempre me las acababa dando. Yo hice lo que dijiste y le daba un lametón cada vez que me daba esa rica golosina. Ahora cada día que me levanto lo primero que hago es fijarme a ver si hay una rica golosina en la cara de mi dueña. Cuando estoy jugando miro a Ana, quizá vuelva a tener esa rica golosina encima de su nariz. Cuando me pone la correa, la miro otra vez, ella con la mano me dice que me siente y yo me siento... ¿quizás vea la golosina ahora?. Y cuando me entra el hambre la miro siempre. Incluso a veces, sin venir a cuento, de repente mi dueña me pone una golosina en la boca. Yo no paro de darle lametones y ¡es fántastico!, ahora vivo muy feliz, ¡no la pierdo de vista!, es que me gustan mucho las golosinas - le decía Tico a su amigo el Galgo.

Y así fue como Ana y Tico se llevaron cada vez mejor . A los dos se les olvidó por completo que no podían escucharse. Y es que, como le comentaba el Galgo entre su círculo de amistades: - con empatía, hay entendimiento y con entendimiento ¡hay lametones y golosinas siempre!.

C.M.

martes, 14 de febrero de 2012

Pequeño cuento de final feliz

Vivía en un lejano planeta un niño.

Vivía en otro lejano planeta una niña.

Y en una estrella, también lejana, vivía un grupo de personas llamadas lectores.

La niña deseaba con todas sus fuerzas que le trajeran un gran regalo: la paz en el mundo, que las gentes se llevaran bien, que no hubiera envidias, ni odios, ni malos modos, ni violencia. Deseaba los mares limpios, los árboles perdurables, las sonrisas llenas de paz y miradas llenas de amor del bueno en todas las gentes.
El niño deseaba con todas sus fuerzas su gran regalo: tener a su lado a la niña... para poder disfrutar un día de todos esos deseos cumplidos, pues sabía que la niña, siendo tan cabezota, todo aquello en lo que se empeñaba lo lograba.

Los lectores, desde su pequeña estrella, deseaban con todas sus fuerzas que los niños tuvieran sus regalos cuanto antes, para poder vivir todos más felices.

Y mientras tanto... leían pequeños cuentos con esperanza.


No había mostruos en este cuento, el Universo sencillamente se los había tragado.


viernes, 16 de diciembre de 2011

Felicitación navideña 2012


Felicitación navideña para peques y personas grandes con alma de niños.
(pulsa en ella para verla más grande)

jueves, 1 de diciembre de 2011

La jugada maestra y la sabiduría

Me gusta jugar al ajedrez, es un juego apasionante en el que se ponen a prueba muchas facultades de las personas, la visión, la perspicacia, la intuición, la agilidad de pensamiento, la estrategia, la inteligencia, la coordinación, la psicología de conducta, etc.
La vida, al fin y al cabo, es también como una partida de ajedrez.
Para cada una de las circunstancias importantes de esta vida siempre hay y habrá una nueva partida. Pero con los años y la experiencia yo me he ido dando cuenta de que siempre se realizan las mismas jugadas y con unos mismos tipos de jugadores.

Hay un tipo de jugadores, principiantes, que solo aprecian las jugadas más inmediatas, creen en ellas y se posicionan. Luego solo juegan defendiéndose de todo el resto de jugadas que se van sucediendo, sin entender porqué discurre el juego de esa manera. Finalmente se repliegan y se dejan vencer.

Hay otro tipo de jugador más avanzado o simplemente más avispado, que cree advertir la intención del adversario desde las primeras jugadas, se posiciona con prudencia y va esquivando el resto de jugadas, le termina perturbando el aplomo de su rival y se acerca al final con pura espontaneidad y pánico, al no comprender como el juego no se ha desarrrollado tal como pensaba.

Luego están otro tipo de jugadores ya más profesionales, esos no solo ven las primeras jugadas mientras van pensando en las que harán después, advierten también los siguientes movimientos del adversario, van despacio, cubriendo sus piezas, no dejando ni una sola pieza clave sin defensa y llegado el momento, cuando imaginan la partida segura y ganada, ya no les importa descubrir su estrategia pensando que ya nada puede cambiar. Pero, a veces, se equivocan y una jugada inesperada por pura rabia de un contrario caótico o a la desesperada, les deseliquibra. Quizá ganen, pero sudan.

El tipo de jugadores plenamente profesionales son los más envidiados por su alta capacidad, mantienen un ataque tan constante y sosegado que muy pocos son capaces mentalmente de resistirles.

Finalmente, quiero creerlo, debe de haber un tipo de jugador, el jugador maestro, yo no lo he visto nunca. Debe ser un jugador principalmente seguro de sí mismo, lo que ya resulta muy complicado de encontrar. A cada nueva jugada ha de tener muy claro cómo actuar. Desde una posición mental privilegiada, no es que sepa que va a ganar a su contrario, ni que crea que tiene las mejores piezas o el mejor posicionamiento. No es nada de eso. Es tan solo que sea jugador maestro porque no le importe ni ganar ni perder.

Esta vida siempre parece un juego que hay que ganar. Nos dicen que ser mejor que el otro es la mejor manera de triunfar. Pero no es cierto. La mejor manera de salir adelante en una vida, que siempre es algo temporal, es estar seguro de lo que es, nuestro yo, mientras vivamos con esa consciencia, será lo único que nos será perenne.

Nadie sale ileso en cualquier lucha, así que es absurdo pelear si el resultado es pura y simplemente quedar mal herido.

Haz tu vida o tu trabajo lo mejor que puedas y sepas, no busques ganar creyendo que eso será definitivo, no existe nada definitivo, ni tan siquiera eso nos sobrevivirá, pelea por lo que consideras justo sin intimidar a los demás, eso no es juego limpio, vive la vida como si en ella no hubiera perdedores ni ganadores. Lo más bonito y lo más sereno para un espíritu en paz es imaginar que siempre, seas buen o mal jugador de ajedrez, quedas en tablas, porque la vida si se torna larga, en cada nueva jugada inesperada ya se encarga de decírtelo.

Ojala un día llegue a ser jugador maestro de ajedrez, sé que aún me queda aprender mucho y ni idea de si llegaré a tener el privilegio de conseguirlo, pero seguiré intentándolo.

Ah, se me olvidaba, existe un tipo de jugador extraño, un jugador que yo hasta ahora ni me imaginaba que podía existir, un jugador que me ha dejado flipada, se trata de mi sobrina de 10 años, cuando jugamos al ajedrez sabe con total seguridad que ella no va ganar, simplemente porque es muy consciente de que aún es pequeña, entonces simplemente me dice: venga, agiliza la partida y gáname de una vez que esto resulta pesado, se pierde mucho el tiempo y me aburro.

La infancia: todo un ejemplo de sabiduría, en serio.

:-)

martes, 27 de septiembre de 2011

PREPARADOS, LISTOS... YA

Son tiempos muy difíciles. Tal vez por este motivo me he decidido a escribir esto.

Hoy en día el grito y la protesta al aire, son los medios considerados más eficaces para conseguir doblegar la voluntad de un empresario, una empresa, una sociedad, un mundo. El grito y el vaciado ruidoso de gargantas y conciencia parecen ser los únicos medios de respuesta para salir adelante.

A través de los cristales uno ve, uno escucha, al otro lado, el grito, levantándose amenazador, con gran sonoridad, poderoso y contundente, es el golpe sonoro que busca sacudir una conciencia, tal vez un bolsillo.

Se nos ha olvidado, tal vez muchos ni lo han conocido, la manera en que nuestros padres, nuestros abuelos, se buscaron el sustento para poder salir adelante... y sacarnos adelante. Se nos han olvidado las emigraciones a Europa con una simple maleta llena de preocupaciones y sueños, los reenevíos de dinero a la casa paterna para ayudar al sustento familiar, las cruzadas de charco para "hacer las Américas" y poder regresar un día, (algunos ni regresaron), los pluriempleos y sacrificios para poder pagarle los estudios a los hijos (nosotros) y hasta se nos ha olvidado eso que oímos una vez que hablaba no sé qué del estraperlo o de cartas de racionamiento, que una vez me dijeron que era un papelito que regulaba lo que se podía comer y lo que no. ¿Lo que se podía comer? ¿Qué duro eso, verdad??. Se nos ha olvidado todo.

Es lo que tiene la memoria humana, es olvidadiza de los malos momentos, tiene dentro demasiada ambición de buenos tiempos, de esperanza. Una vez conocida otra realidad mejor, mayores comodidades, ¿llamados lujos quizá para el concepto de vida de nuestros abuelos? ¿quén quiere, entonces, volver a algo más "precario"? Nadie. Y entonces salimos a la calle y damos gritos y protestamos que queremos seguir teniendo todos esos privilegios que nos han sido dados, principalmente, por los esfuerzos de las generaciones anteriores. Y protestamos, y seguimos protestando y protestando.

¿Resultado? Perdemos fuerzas, aliento, gastamos tiempo y el tiempo es dinero, pero junto a ello perdemos algo mucho más importante que el dinero... perdemos esperanza. Tal vez en uno de esos gritos solidario, absoluto y demoledor, logremos nuestro gran triunfo, ese por el que tanto luchamos: aplazar un tiempo más una agonía...

Porque no por gritar dejamos de estar agónicos y encima la agonía no es rápida sino, con nuestro grito, más lenta, eso sí, con muchísimas más razones que nos protegen y nos asisten legalmente, por supuesto, siempre es mejor un grito trajeado, dónde va a parar la diferencia entre un grito vulgar y uno que esté bien documentado, ¿verdad?.

Pero la verdad es que anímicamente lo único que nos viste es una camisa de triunfos con un pantalón de fracasos. No comprendemos que el camino del grito ya no es la mejor manera de defendernos, de ser justos, de promover esperanza, de recrear nuestor futuro dañado. Creemos que el grito es la marca a hierro de nuestros derechos y la sólida base y firma de nuestros argumentos. Pero, a mi modo de verlo, no es una buena verdad.

El grito es aire, aire muy muy enfadado es cierto, pero aire. Palabra que hace mucho ruido, pero palabra, es decir, letras dispuestas en un orden establecido, letras quer pueden cambiarse de orden y resultar absurdas. Letras que no se comen, y lo más importante, letras que no nos visten, ni nos construyen un techo, ni tampoco nos dan de comer.

Se nos sigue olvidando que todo lo que hemos recibido nos ha llegado porque otros lo lucharon antes, no comimos con sus gritos, sino con su esfuerzo, trabajando y muchas horas y muy duro y con mucho esfuerzo, incluso con hambre, tan solo para que cuando nosotros llegáramos... ya no tuviéramos que gritar.

Pero nosotros, que nos sentimos ahora tan llenos de derechos, hacemos lo mismo, gritamos.

No nos preparamos, no estudiamos más, nos abandonamos al grito ancestral y desesperado. Queremos que nos escuchen... no importa el motivo, no importa el qué, solo que nos escuchen bien cómo gritamos. Despilfarramos la voz y el dinero, al parecer son tiempos de abandono y despilfarro. No afrontamos el hecho de que esta vida es pura lucha continua, que no nos podemos quedar estancados, dormidos, ni apaciguados, ni calmos. Que hay que estar vivos y seguir adelante y salir adelante y que el estar cada vez más preparados es el verdadero camino para que nadie pisotee de verdad nuestros derechos, para que nos confundan ni nos engañen, porque el único derecho incuestionable que tenemos en nuestra vida es nuestra capacidad para querer prepararnos, para estudiar, para informarnos, para conocer más, para poder actuar mejor.

Si echamos la vista atrás, ¿qué nos han dejado las anteriores generaciones? el camino abierto y cada día más llano a poseer cada vez más información, más conocimiento. Nuestros padres lucharon y muy duro para darnos ese derecho, para que nosotros pudiéramos estar más preparados que ellos. No lucharon para que gritáramos en la calle como ya lo hicieron ellos, sino para que tengamos la oportunidad de conseguir lo que ellos no tuvieron, la preparación, la información, el aumento progresivo de conocimiento, la capacidad de maniobra suficiente para que nadie pueda realmente pisar lo único que nadie puede quitarnos: nuestro conocimiento, y con él asegurar ese futuro incierto, simplemente por estar cada vez más preparados.

Y con la preparación llega algo verdaderamente incuestionable, la inteligencia. Porque el aumento de inteligencia es también un aprendizaje. Porque la suma de nuestra inteligencia base más nuestra inteligencia cristalizada (fruto de la experiencia) es nuestra mejor herramienta para ser cada día más capaces, para destacar. Porque más preparados somos más listos, simplemente porque destacamos de aquellos que solo creen en gritos como forma de hacer un mundo más justo para todos y salir adelante y comer mejor. Porque preparados somos más listos y siendo más listos no nos importan las listas, no nos cohiben ni amedrentan los números ni los recortes, nos asisten y nos envuelven y nos alientan las actitudes, porque preparados sabemos cómo y dónde poner el acento para que no se cometan injusticias con nosotros. Porque el mundo se nos abre a nuevas oportunidades, nuestros padres lo sabían, por eso quisieron dejarnos, como fruto de su esfuerzo, un futuro mejor. Ahora podemos gritar.. ¿para decirles que no lo han logrado?

Así que tenemos dos opciones, gritar y gritar como ya lo hicieron nuestros antepasados o prepararnos, ser competitivos, estudiar, ampliar estudios, idiomas, capacidades, conocimientos, abrirnos la mente y el mundo. Tan solo uno de esos dos caminos lleva a un futuro más tranquilizador, un futuro en el que nadie tenga ni argumento ni capacidad para cohibirnos, asustarnos, ni mucho menos... manejarnos.

Nuestros antepasados no gritaron para que nosotros ahora continuemos gritando. Este puede ser un mundo de gritos hereditarios convincentemente indignados o UN MUNDO MÁS INTELIGENTE... de preparados. Son tiempos difíciles, hasta para tomar las decisiones más acertadas, pueden ser tiempos iguales a otros, o tiempos más preparados. Cada uno decide.

Tal y como yo lo veo, ante un grito trajeado yo prefiero abrir un libro y aprender más... preparada, lista y...

la siguiente palabra la podré poner con total honestidad.

Cristina Mena