viernes, 28 de marzo de 2008

La nube que quería sonreir


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Angel - Sarah MacLachlan

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Había una vez una nube blandita y esponjosa que quería sonreir...


- !Quiero sonreir!, - decía, - !quiero sonreir!, - repetía, - ¿quién quiere verme sonreir??, -preguntaba con algodonada voz.
- Eres una nube, - le decía con seriedad su papá Nube, - las nubes no sonríen...
- ¿qué hacen las nubes papá?- preguntó con ingenua voz.
- Pues, navegan por el cielo, surcando distintos momentos del día, recorren distancias tanto en vertical como en horizontal, en definitiva viajan y acompañan a otras nubes...
- ¿Viajan? ¿Llevan maleta?, cuando se viaja se lleva maleta, ¿verdad papi?.

- Eh, sí, claro nubecilla, sí, pero las nubes no llevan maletas, no hace falta, viajan desnudas...

- ¿Desnudas? ¿Estamos desnudas? y oye, ¿porqué no tenemos frío papi?.

- Eh, buf, verás pequeñina, las nubes no sienten ni frío ni calor, ni tienen pensamientos, ni son animalitos ni son personas ¿estamos?, - dijo el papá Nube ya un poco perdiendo su paciencia.


- Pero... si no tenemos sentimientos ¿porqué yo puedo sonreir?

- ¡Tú no puedes sonreir! dijo el papá ya poniéndose serio con su preguntona hija, ¡tú no sonríes, no puedes sonreir!.

- ¡Sí que puedo! - dijo la nubecilla muy contrariada por lo que estaba escuchando, ¡sí que puedo!, ¡yo puedo!.

- No, no puedes, - repitió el padre - y dejémonos ya de tonterías, vete con mamá nube a hacerla compañía y déjame seguir con mis trabajos, - sentenció Papá Nube.


La nubecilla triste y cabizabaja se acercó a su mamá.

- ¿Qué te pasa nubecilla? - dijo con voz candorosa su madre al detectar el semblante apagado de su hija.

- Pues que papi ¡es tonto!, ¡no cree que yo pueda sonreir!, - protestó la pequeña nube.


La madre con suma paciencia le dijo:

- verás, tu padre no es tonto, tu padre está en lo cierto, las nubes no podemos sonreir, eso solo lo hacen las personas, ni tan siquiera los animales o las plantas pueden sonreir, ese gesto sobre el propio de humanos y nosotras las nubes no somos humanas, argumento con lógica su madre para que su pequeña lo entendiera mejor.

- ¡Noooo!, - gritó la nubecilla cabezota, yo, yo, yo... ¡yo puedo sonreir! - dijo enfadada.


Y sin más se alejó de su mamá a sentarse solitaria en el cielo.


- Esta nube es demasiado niña - le dijo mamá nube a papá nube, - no sé qué vamos a hacer con ella, dice unas cosas....

- Déjala, ya se dará cuenta de sus limitaciones, es demasiado tozuda, ya aprenderá ella sola, -concluyó el padre.


El Sol que había estado pendiente de toda la conversación se acercó a la nubecilla y le dijo:

- ¿tú de verdad crees que puedes sonreir?

- Sí, sí, - dijo la nube recuperando ánimo, ¡¡claro que puedo!!!

- Y ¿porqué no sonríes? - preguntó el Sol con didáctica intención para que la pequeña viera su limitación.

- Es que yo... es solo que... solo que... - dijo con voz cada más entristecida...

- ¿Solo que qué? - le preguntó el Sol buscando que se enfrentara a la verdad.

- Pues... que yo... ¡no se hacerlo!, aún soy pequeña y bueno, yo aún no sé sonreir ¡porque no sé cómo se hace!, - dijo la nube apenada.


El Sol se quedó prendado de tan inocentes palabras, de la confianza que tenía esa nube en conseguir algo que ni sabía cómo se hacía ni que no se podía hacer. Entonces apartándose de la nube, se quedó reflexionando un momento, minutos después sin decir más llamó a un viento amigo y junto a su runfido le hizo una petición en voz muy baja. El viento asombrado le dijo al Sol:

- No te preocupes, hare lo que pueda.


Entonces se acercó a la nube y soplando en diferentes zonas con mayor y menos intensidad fue separando y disgregando sus partículas, moldeándola con intención y logrando así formar dos huecos grandes, separados y redondos en su zona superior, y una franja prologada de derecha a izquierda en la zona inferior. Cuando hubo terminado su trabajo, le dijo al Sol:

- Ya está, tal y como me habías pedido.


Entonces el Sol sintiéndose complacido por el esfuerzo realizado por su amigo viento se coloco por detras de aquella nube y lució con brillo. Por entre los ojos y la boca formados en aquella pequeña nube una luz de sonrisa iluminó su algodonado rostro.


- ¡¡Mira papi!!, ¡¡mira papi!!, - se oyó a una niña decir desde la Tierra... -¡¡una nube en el cielo me está sonriendo!!!. ¡¡mira, mira! me está sonriendo!!!

- Sí, hija, sí, claro, claro, - dijo el padre sin despegar la vista de su recién comprado periódico.


Y desde entonces aquella nubecilla vivió siempre muy satisfecha sabiendo que su pequeño sueño, su ilógico, descabellado e inocente propósito de ser una nube que sonriera lo había conseguido.



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Todos llevamos dentro una nube que quizá aún no sabe cómo sonreir... pero que, no lo dudéis, puede hacerlo.

jueves, 27 de marzo de 2008

La tirita mágica


Este cuento para mi es especial, ojalá pudiera curarse cualquier corazón herido con una tirita mágica. Espero que os guste su letra, su imagen y la música que he escogido.


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Looking Through The Eyes Of Love -Enya

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- Mamá,mamá rápido, necesito una tirita, ¿dónde hay tiritas?.
- ¿Qué tienes mi vida?, ¿te has caido? ¿te duele algo?.
- ¡No!, solo necesito una tirita, o si no que me des unas gasas, un esparadrapo, unas vendas, algo que tengas para curar a las personas, ¿dónde hay?, ¿dónde tienes el botiquín para las curas?
- ¿A quién, a quien hay que curar??, mi vida, ¿quién te preocupa? ¿qué es lo que pasa?
- Me preocupa mi amiga, hay que curar a mi amiga, ¡rápido!, déjame una tirita, no hay que perder tiempo, ¡vamos!!
- Hijo, me estás poniendo nerviosa, ¿qué le sucede a tu amiga?:- ¿se ha caído?
- No
- ¿le han pegado?
- No
- ¿le duele algo?
- No sé, yo creo que sí.
- Hijo, no te entiendo, por favor ¡habla más claro!
- Pues verás, es que necesito una tirita para curar a mi amiga, está ahí fuera de casa y está llorando... le he preguntado, pero no me contesta, solo tiene apretado en su pecho con sus manitas un colgante con la foto de su hermano, y llora, llora mucho, algo tiene que dolerle para llorar tanto, yo creo que se le ha debido de romper el corazón y por eso se lo está sujetando.

La madre se quedó atónita con la lógica de su hijo y añadió para tranquilizar a su hijo:
- sí tienes razón, si se le ha roto el corazón debe dolerle mucho, pero verás hijo, ese dolor es por dentro, las tiritas para este caso no sirven para curarla.

El niño se quedó apenado con tal respuesta:
- ¿porqué?- dijo de repente en un hilo de voz infantil con los ojos enrramados mirando a su madre con gesto de súplica. Pero luego sin decir nada, con ese semblante niño que denota una profunda desilusión, se marchó a su habitación muy triste.

La madre se quedó pensando unos momentos y al cabo de un rato tuvo una idea. Tomó una tirita, fue a su habitación y le dijo a su hijo:
- mira, esta tirita yo la guardaba como algo muy especial, es un poquito más grande que las tiritas normales porque ¡es una tirita mágica! y por eso vale para lo que le pasa a tu amiga. Has de ponerle esta tirita encima de su corazón y entonces verás como deja de llorar y sonríe. La tirita tiene una propiedad mágica, al contacto con un corazón es capaz de pedirte algo. Si aquello que te pida esta tirita tú puedes cumplirlo tu amiga sonreirá y le aliviarás un poquito el dolor de su corazón roto, para eso es una tirita mágica!

El niño abrió mucho sus ojitos con la explicación de su madre y sin pensarlo más, a toda prisa tomó aquella tirita tan especial y salió en busca de su amiga.

Al verla hizo lo que le había indicado su madre, dejó al descubierto la parte adhesiva de aquella tira blanca y con gran inocencia infantil colocó la tirita por encima del vestido de la niña, tapando así su corazón.La niña le miró muy asombrada sin entender qué hacía su amigo.

De repente el niño se fijó en aquella tirita y descubrió que escrita en tinta azul se distinguía una frase.

La frase decía: ¿me das un fuerte abrazo?.

El niño, ingenuo y creyendo que esa tirita era mágica de verdad pues le estaba pidiendo algo, se quedó mirando a su amiga y con gesto de cariño le apretó fuertemente entre sus brazos. La niña se quedó recogida y quieta pero pasados unos segundos comenzó a sentir el calor de su amigo y le apretó hacia ella para que no se soltara y así estuvieron abrazados sin decir nada un buen rato.

Al soltarse, al niño le brillaron los ojos:¡su mamá tenía razón!, tenía razón!! aquella tirita era mágica!!! había curado un corazón roto, pues su amiga, sin saber muy bien porqué, le miraba sonriendo!!!

Con gran satisfacción se despidió de su amiga y entró en su casa diciéndole a su madre en gritos de alegría: - mamiiiii, graciassss, ya le he curado a mi amiga su corazón roto con la tirita mágica que me disteeeeeeee. ¿tienes mássssss?


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A veces me gustaría poder ponerle una tirita en el corazón a una persona que sufre y decirle: ya está, ya pasó, ya te puse la tirita, ya te curé.

martes, 25 de marzo de 2008

La libreta del corazón



Imagine-Eva Cassidy

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- ¿Qué haces?
- Apunto.
- ¿Qué apuntas?
- Las personas que me quieren.
- ¿cómo vas a estar apuntando las personas que te quieren?, ¡no digas bobadas!
- No son bobadas, yo apunto.
- Y ¿a quién apuntas?
- Uy, llevo ya unas cuantas...
- ¿y para qué las apuntas?
- Para recordar que me quieren.
- ¿y porqué necesitas recordarlo?
- Qué tontería preguntas, pues para lo que se recuerdan las cosas... ¡para no olvidarlo!
- Ah... claro, claro.

Esta niña está cada vez más loca, djo el niño mientras se alejaba si decirle ya nada más.

La niña prosiguió escribiendo, muy afanosa en su tarea no se dio cuenta de que el niño regresaba...

- Oye ¿te puedo hacer una pregunta?
- Sí, claro.
- ¿porqué hay que recordar a las personas que te quieren? si te quieren, te quieren, ya está, ¿porqué apuntarlas para que no se te olviden?
- Es que cuando sea mayor quiero tener muy claro quienes me han querido.
- Y eso ¿cómo se sabe?
- Es fácil, ¡las que estén en mi libreta!
- Y ¿no tienes miedo a equivocarte con alguna, a dejar de escribir a alguien, a poner a alguién de más?
- Uy, no!, todas las que están en mi libreta son las que me quieren fijo, no hay equivocaciones...

- No sé, a mi eso me parece demasiado... radical, tal vez vayas y te dejes a alguien...
- ¡No me dejo a nadie!
- Bueno, bueno, no te enfades. Y dime, a mi... ¿me has apuntado?
- Hummm, veamos, puessss..... no, no estás.
- Ah, vale, me parece muy bonito ¿pues sabes qué te digo? Que eres una niña repelente, que eres boba, que más te valiera dedicarte a hacer cosas sencillas y productivas, que no te soporto, que ya te puedes ir, que no quiero saber nada de ti ¿te enteras?
- Sí, bueno sí, ya veo, pero oye no te enfades, ¿porqué te enfadas?
- ¿Qué por qué me enfado?, me preguntas ¿qué porqué me enfado?!!, tú lo que eres es una niña.... necia!, arghh, déjame en paz!, ¡olvídame!

El niño se dio la media vuelta para marcharse y de repente paró... escuchó... la niña estaba sollozando...
- Snif, snifff, snifff.
- Eh, oye, bueno, yo no quise decirte tanto, no quise decirlo así, yo es que...
- Buahh, es que eres un bruto, no tenías porqué decir todo eso, no sé, me has hecho sentirme triste... no vuelvas a ser tan brusco ¿vale?
- Vale, lo lamento, yo no quería... yo no quería hacerte llorar, de veras que no.
- Vale, déjalo, olvidalo ya, ya se me pasó, ya estoy bien.

Tras unos segundos de repente la niña de nuevo volvió a romper a llorar...
- Buahh, buahhh, snif, snif
- Pero ¿qué te pasa ahora? ¿he dicho algo más qué...?
- Sniff, snifff. ¡¡buahhh!!!
- Para, para, para ya por favor, yo no quiero que llores, ya te he pedido disculpas dime, ahora ¿porqué lloras tanto?
- Porque , porque, pues porque... ¡¡no sé que hacer!!!
- Eh??, como qué no sabes qué hacer... que no sabes qué hacer... ¿¿con qué??

- Pues... ¡con tu nombre!, dijo la niña recuperando aliento, pasándose la manga de su vestido por sus ojillos y haciendo florecer al mismo tiempo una sonrisa, ¡es que no quiero apuntarlo con faltas de ortografía!

¿me lo deletreas por favor?


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Algunas personas demostramos así a quienes queremos, dándoles, aunque sea de forma infantil, la certeza de que nos sentiríamos muy mal si no quedásemos apuntados en la libreta... de su corazón.

domingo, 23 de marzo de 2008

Un tambor en el cielo



Eye in the sky - Nora Jones

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-Papi, papi, ¡quiero hacer un dibujo!.-Bien hija toma tus pinturas y papel, todo está sobre la mesa. Ponte una bata ya sabes que mamá no quiere que te ensucies y dibuja algo bonito, como tú sabes hacer, ¿de acuerdo?-No, papi, no necesito papel, ¡quiero pintar una cosa en el cielo!-¡eh!,¿en el cielo? No, veras cariño, en el cielo todas las cosas ya están pintadas desde hace muchos muchos años. -No, no, yo quiero pintar algo en cielo, algo que aún no está pintado.-¿algo que aún no está pintado? No lo hay. Mira, el cielo es perfeccción, con sus nubes, con su sol, con su luna y sus estrellas, incluso cuando se pinta de azul intenso, el cielo es bello como es, no necesita ningún añadido ¿no lo comprendes?.-Pero, ¡yo quiero pintar algo que le falta!, si no lo pinto no sabré donde está y yo necesito saberlo, necesito tenerlo localizado, así siempre lo sabré, necesito pintar algo ¿puedo? ¿puedooo? ¿sí puedo? snifff, sniff, déjame papi, buahhh, (dijo la niña haciendo pucheros).-Bueno, bueno, tranquila, no pasa nada, si tú quieres pintar algo en el cielo, mira haz lo siguiente. Como el cielo ahora está muy azul es mejor que tomes la pintura blanca. Mira hacia arriba y con tu manita ve dibujando eso que tanto quieres ver.
La niña se paró unos segundos, miró sus pinturas sobre la mesa y tomando la pintura amarilla dijo, prefiero pintarlo en amarillo a él le gusta más ese color.
Entonces comenzó a hacer trazos grandes, deteniéndose en alguna zonas, y prosiguió dibujando por espacio de varios minutos, muy muy concentrada. Luego a modo de finalizar su dibujo tomó la pintura negra y pareció escribir algo.Su padre le miraba como extasiado, sin entender bien ni qué hacía ni qué dibujaba, esta niña es muy especial se decía para sus adentros, va a sufrir mucho en esta vida, viene a un mundo demasiado lógico, pero no hay duda de que es especial, pinta sobre el cielo y pone su firma... reflexionaba.
-Ya está papi, ya terminé ¡ahora el cielo está completo!-Ah, dijo el padre mirando a su hija con cara de desconcierto. -¿Te gusta papi?-Verás pequeña yo si miro al cielo no veo lo que has dibujado, será que lo has hecho muy pequeñito o muy especial y no logro verlo bien, así que no puedo decirte si me gusta o no. Dime tú, ¿qué es lo que has dibujado?-He dibujado un tambor, ¡al cielo le faltaba ¡un tambor!, he dibujado un tambor, el cielo es grande... -¿Un tambor? ¿para que has dibujado un tambor? dijo su padre desconcertado.- Verás mi mejor amigo del cole dice que su mamá está en el cielo, hoy le he visto llorando mirando hacia arriba y decía: sé que no puedo verte pero sé qué estás, te quiero mucho, no te olvides de mi. Y yo he pensado que como su mamá siempre era muy bromista, a lo mejor se ha escondido tras una nube o detrás el Sol y por eso no puede verla. Así que he dibujado un tambor y le he dejado escritas unas claras instruccciones. "Tócalo siempre que me eches de menos". Espero que lo entienda.
Y yo no sé lo que mi amigo pensó, solo sé que cuando fui más mayor un dia recordando esta historia se lo conté, el miró con afecto y me dio un abrazo y sin decir nada se marchó. Pero lo que si es cierto es que hoy en día cuando hay una tormenta y el cielo se pone oscuro, hay muchos truenos y todo resuena mucho, mucho, él sonríe.

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Y con el paso de más años esta historia se ha ido trasladando de persona en persona y ahora somos muchos los que en una noche de tormenta en vez de andar asustados, sencillamente, durante un breve espacio de tiempo, sonreimos. Cuanto más grande es el ruido... creo que sonreimos más y más personas

martes, 31 de julio de 2007

Hilos dorados de ilusión


Bela musica-Wollenreider

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Había una vez una niña, esta niña poseía un pequeño tesoro. Entre sus manos guardaba unos hilos dorados, eran tres, cada hilo significaba algo en su vida, su familia, sus amigos y su corazón. Tres hilos dorados que guardaba en sus manitas pequeñas tratando de que nadie se los quitara nunca.

Pero tenía unos amigos que siempre andaban investigando porqué ella siempre escondía las manos, no las escondas decían, déjanos ver qué tienes ahí, presionaban, sin embargo ella sonreía y continuaba con sus hilos entrelazados entre sus deditos y sus manos juntas, apretadas inocentemente a la espalda, sabía que tenía un tesoro y sabía que debía protegerlo.

Un buen día mientras llevaba ese tesoro entre sus manos vino un viento muy fuerte y en un descuido suyo, los hilos juguetones se fueron desenrredando y libres volaron hacia el cielo escapándose de sus manos. La niña contempló con tristeza como su pequeño tesoro se escapaba rumbo a las estrellas.

Y quedó triste...

Pasaron muchos, muchos años y aquella niña había crecido hasta convertirse en una hermosa mujer. Pero seguía recordando aquellos hilos que un buen día habían volado en un descuido suyo de sus manos.

Un buen día estando con su madre, de repente ella empezó a llorar y le dijo: no quiero volver a sufrir como cuando era pequeña, no quiero volver a revivir aquella historia, yo no voy a poder afrontarla sola... La hija comprendiendo lo que decía le dijo, no te preocupes mamá yo estoy aquí, no te voy a dejar sola, todo saldrá bien, estoy a tu lado, lo pasaremos juntas y sonreiremos al final, ya lo verás. Al punto a sus manos cayó del cielo un hilo dorado, ella sin comprender bien pero contenta de tener algo que le recordaba lo que había perdido, apretó su mano y mirando al cielo le agradeció el regalo y se lo enroscó en un dedo recordando cómo lo hacía cuando era pequeña.

Pasaron unos meses y otro día quedó con unas amigas, querían decirle algo... Ella ilusionándose pensando que le invitarían a una fiesta, a tomarse unas copas quedó con ellas. Pero la noticia fue distinta en vez de salir sonriendo se despidió con el alma en un puño y el corazón hecho pedazos. Al marcharse sin comprender porqué ese daño... miró al cielo y dijo, ojalá sean felices y dejen de necesitar herirme, al momento de haber pronunciado esa frase cayó del cielo otro dorado hilo que se instaló cómodamente entre sus dedos. La mujer al verlo, lo recogió con cuidado y volvió a cerrar su mano agradeciendo el detalle.

Pasaron apenas unas horas de ese encuentro y estando de noche ya una de esas mismas amigas, apretó la herida con un mensaje certero... la mujer al recibirlo comenzó a sentir que su pecho se separaba del corazón y todo se deshacía en desilusión, desesperanza y desencanto... pero mantuvo la entereza y repondió con serenidad y buenas palabras y luego, aún siendo de noche miró al cielo y tan solo dijo: ojalá sea feliz, se lo merece... y en ese mismo instante apareció del cielo sin luna un tercer hilo dorado que posándose en las manos se enredó con familiaridad entre sus dedos.

La mujer contempló su mano y vio con asombro y emoción que había recuperado su tesoro y entonces comprendió y esbozando una sonrisa abrió su mano con gratitud y soltó todos los hilos, que libres volaron de nuevo al inmenso cielo.

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Un hilo dorado es ese momento especial que cae del cielo a tus manos para recordarte que quien sabe generar amor, amistad y comprensión, siempre tendrá un tesoro en su vida y no hay que tener miedo ni tristeza a perder ese tesoro por malos vientos cuando se ha comprendido de que manera SIEMPRE se pueden volver a enroscar en tus manos pequeños hilos de ilusión.

Mascota para días grises

(¨),,,,,(¨)
( o = )
(o)
() , ()
(")_(")


Esta es una mascota analógica que os despertará una linda sonrisa en esos días que se despierten grises. Con sus grandes orejotas escuchará con entrega y atención vuestras calladas tristezas.


Tiene un gran cabezón para que le quepan todas sus grandes ideas.
Tiene un ojito pequeño para ver lo esencial y el otro haciendo el guiño de la complicidad.
Tiene una gran nariz para oler rápidamente las desilusiones.
Y sentadito y calladito, simpaticón y fiel, siempre estará ahí cuando lo necesites.

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Si estáis tristes nada mejor que una buena dosis de imaginación para despertar sonrisas y abrir el corazón.

Las palabras que producen Sol




¡Niños!, ¿queréis saber cómo se construye un Sol?

Tenéis que seguir las siguientes indicaciones, ¿vale?:

Esta noche elegid de entre todas, una nube, cerrad los ojos y pensad que os subís a ella, sentaros y acomodaros bien y con las manitas muy cerca del corazón pedid a los vientos algodonados que os lleven con ilusión hacia el viaje maravilloso de los sueños. Dejad antes bajo vuestra almohada vuestros deseos hacia vuestra familia escritos en un papel, escribidlos en letra grande y en varios colores, ah y colocad también una linterna, es por precaución, algunos a donde váis tal vez encontréis un poquito más de oscuridad, entonces la encendéis y así veréis mejor el camino que seguís.

Agarraos bien porque volaréis al pais de las sonrisas y los bellos colores en la cara, donde hay un montón de golosinas, caramelos de muchos colores y sabores y muchos, muchísimos juegos que despertarán vuestra imaginación. Cuando después de un ratito de estar jugando en los cielos percibáis una dulce voz que os llama, tal vez sintáis una caricia en vuestra carita, abrid con fuerza los ojos, estaréis despertando a un nuevo día.

Y entonces con mucha ilusión no olvidéis pronunciar las palabras mágicas y entonces dentro de vuestra casa, yo os lo aseguro, veréis brillar el Sol. Unos niños las pronunciaréis así de golpe, abiertamente, otros incluso gritando,los más tímidos entregad vuestra lista de deseos como si fuera un regalo y con ello será suficiente y si alguno no tiene ánimo para hacer nada de eso... simplemente que mire al cielo y regale una sonrisa, eso me han dicho que también vale.
Ah, pero qué despistada soy, se me olvidó deciros cuales son esas palabras mágicas que debéis pronunciar:

A ver repetid conmigo, todos al mismo tiempo, tenéis que aprenderla muy bien, no se os puede olvidar:

¡¡Te quiero mamá!!

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Mamá se puede además sustituir por Madre y así esta recomendación la podemos seguir las personas que somos un poco más mayores que vosotros, porque el efecto que produce es el mismo, esas palabras producen Sol.

La cajita de los deseos...



Escapar-Moby_y_Amaral

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- ¿Qué tienes ahí?
- Es mi cajita de deseos, - dijo una niña sonriendo.
- ¿Y qué hay en ella?
- Pues mis deseos, ¿qué va a haber?, vaya pregunta más tonta.
- Me refiero a qué deseos, no seas tan listilla, dime ¿qué deseos guardas?.
- En realidad solo guardo uno, porque solo tengo uno... pero es un deseo muy muy muy muy grande.
- ¿Muy grande y lo guardas en una cajita tan pequeña?, a ver y dime, ¿cual es?
- Mi deseo es... ¡ser feliz!- Hale, ¿no podías haber buscado algo más sencillito más cercano?
- ¿Como qué?
- Pues no sé un deseo de esos que puedan llegar a cumplirse, eso que dices es como muy general, ¿no?
- Ah, no, qué va, es muy concreto mi deseo, dijo la niña ampliando su sonrisa infantil.
- ¿Cómo va a ser concreto el deseo de ser feliz?, eso es como muy impreciso, no dice nada, eso lo desea todo el mundo, además nadie sabe cómo se consigue, así que una niña como tú pues menos, sentenció el pequeño.
- Yo sí lo sé, ¡claro que lo sé! yo lo tengo aquí guardado, en mi cajita... dijo la niña de forma inocente.
- Pero ¿cómo vas a tener guardado en tu cajita ese deseo?, no seas loca, eso no es posible.
- Claro que sí ¿te gustaría verlo?
El niño, con actitud prudente pero corazón curioso, dijo:

- Bueno, vale, a ver enseñáme qué tienes en la cajta, enséñame tu deseo.

La niña abrió la caja, dentro de ella había una pequeña almohada de plumas blancas...

- ¿Una almohada?, ja, ja, ja, ¿esa es tu forma de definir la felicidad?, ja, ja, ja, no me hagas reir más, mira que eres graciosa, ¡que loca estás!.

La niña se le quedó mirando boquiabierta y mirando su cajita con incertidumbre la fue cerrando lentamente y se sentó en una escalera.

El niño no paraba de reir, ella simplemente le observaba.

Después de una rato de risas, de repente el niño viendo a la niña sentada que seguía sin moverse, sin reirse ni decir nada, pensó que tal vez había sido desconsiderado por reirse de esa forma, pues parecía que ella no lo había tomado bien y entonces se acercó a ella y le dijo:

- Oye, perdona, lo siento, es que no podía evitarlo, al ver la almohada, las risas me han saltado como resortes, perdona ¿te ha molestado?
- No, pero no entiendo muy bien... ¿porqué te ríes?, - contestó la niña.
- ¿Qué porqué río?, hombre, no me negarás que simplificar la felicidad en una almohada resulta divertido... es que tienes cada cosa...
- Anda, pues entonces tú, dime... ¿cómo simplificarías la felicidad?
- ¿Yo?, - dijo el niño un poco inquieto pues no se imaginaba tal pregunta así, tan de repente, -pues, humm, veamos, yo... yo resumiría la felicidad, pues, no sé, en alegría, en risas, muchas risas y ¡muchas carcajadas!!.

Entonces la niña mirándole a los ojos esbozó una sonrisa y le dijo a su amigo con voz ilusionada:
- Ah, bueno, entonces no está todo perdido, tú también puedes tener una cajita de deseos y ya sé lo que puedes guardar en ella...
- ¿El qué?, - dijo el niño confundido.
- Pues tu deseo de ser feliz... - contestó la niña como si la respuesta fuera algo obvio.
- ¿Pero qué dices? sigo pensando que eso no se puede hacer, ¿cómo voy a guardar todo eso que te he dicho en una caja?
- Pues muy fácil, toma mi cajita... -dijo la niña tendiéndole en su mano su pequeña caja.
- ¿Y para que quiero yo tu cajita? ¿estás loca o qué te pasa?
- No, no estoy loca, te doy mi cajita para que la metas dentro de la tuya... te despertará una sonrisa siempre que la abras y así tendrás tu felicidad... tus risas, tu alegría y tus carcajadas.


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Que bello sería este mundo si cada vez que nos invade la tristeza o la desesperanza pudieramos coger una cajita de un ser querido y guardarla dentro de nuestra cajita de deseos. Aumentarían nuestros deseos... de ser felices.

Historia de un punto y una coma


Había una vez un punto... un punto grande, bien redondo, uno de esos puntos que cuando lo ves piensas: ese punto es de los que marcan finales, de los que se ponen aparte... pero él siempre se sentía el último, es por eso que todos sus amigos le llamaban Puntito.

Y había una vez una coma, una coma pequeñita, muy tímida, apenas terminaba una palabra y aparecía como sorprendiendo, ¿me pongo ya? era siempre su pregunta, humm, veamos, decía una palabra, humm, vale Comita, ya tenía ganas de descansar un ratito. Comita era feliz haciendo su cometido, parar, dar aliento, su vida se resumía en esa importante misión y trabajaba afanosamente en cada frase larga.

Puntito, aunque no se daba ninguna importancia siempre sentenciaba, era su cometido, a él no le gustaba pero esa era su misión, ahora acabas porque lo digo yo y punto y así era, Puntito llegaba corriendo y se ponía. Él lo terminaba siempre todo, alguien decía: se acabó y entonces iba y se ponía y sí, era cierto, porque todo terminaba.

Un buen día Puntito se reunió con otros dos puntos e hizo la siguiente pregunta:¿vosotros qué pensáis de Comita?Todos al unísono contestaron: pues que es muy tonta, muy presumida, se cree alguien pero todo el mundo la torea, es verla aparecer y enseguida una palabra se abalanza sobre ella y se queda así como en medio de nada, siendo muy poquita cosa, además es débil, no se hace respetar, a veces cuando va a ponerse de repente aparece una y griega... y hale, tiene que quitarse corriendo porque a esa conjunción no le gusta nada que le resten protagonismo.Ya, tal vez tengáis razón, - dijo Puntito - yo también pensaba igual pero, no sé, siempre anda de aquí para allá con su sonrisa, no sé, parece feliz...

Qué va, no puede ser feliz, es imposible que lo sea, no puede, no sabemos cómo podría serlo, dijeron los dos puntos uniéndose a Puntito mientras se quedaban todos como suspendidos, pensando, dudando, los tres puntos juntos...

Comita, un buen día acertó a pasar por delante de Puntito y éste le dijo: me gustaría preguntarte, ¿porqué siempre que te veo andas feliz de un lado para otro?, tu misión no creo que sea tan importante, no tienes tanta responsabilidad y sin embargo actúas como si fueras lo más importante del mundo, y diciendo esto terminó en punto y se apartó para dejarle hablar.
Uy, es que lo soy, dijo Comita sin inmutarse, soy muy importante, sí, sí, sí, sin mi el mundo iría al revés, soy imprescindible, me siento bien estando por aquí, ayudando, dando aliento, por eso y tan solo con eso pues soy feliz.

Puntito, que seguía sin entender porqué tenía tanto ánimo, porque era tan incansable, le dijo: Hagamos una prueba, yo voy a demostrarte para lo que valgo, porqué se me necesita, porqué creo que sin mi, nada tendría el sentido que ha de tener.Humm, vemos dijo Comita, demuéstramelo, yo te escucho.

Verás, dijo Puntito, tratando de sacar pecho, yo sentencio frases, las termino, aquello que no me gusta pues voy y hale lo pongo punto. Cuando se necesita cambiar de tema, siempre acudo, vario el tono, afirmo, niego, soy necesario en una frase, sin mi, no todo tendría el sentido correcto. He dicho y punto. He finalizado.

¿Lo ves?, dijo Puntito emocionado de que todo le hubiera salido tan rápido y tan bien hasta el final.

Vaya, vaya, ya veo, ya, dijo Comita, claro eres tan, tan, tan... tan punto, pero, bah, psssst, yo así mirándote ahora más, te veo más bien tirando a normalito, un punto como muchos otros. Verás, siendo redondo... no sé podrías haber tenido más aspiraciones, ¿no? no sé, podrías haber estudiado más y haber llegado a ser pues, humm, veamos, una pelota de futbol o, si no mejor pues un balón de baloncesto o hasta, ya puestos en pedir, pues, con una Cátedra llegarías a ser quizá un Sol grande y bello, que también es redondo, incluso si no querías ser tan importante y estar siempre trabajando pues algo más existencial como la Luna cuando está llena, en cambio.... en fin, solo te has quedado en un simple punto, solo un punto.

Pero, ¿que te has creido?, dijo Puntito muy enfadado, a ver demuestrame porqué tú eres tan importante:verás, dijo Comita, mira hacia arriba, ¿aún no lo entiendes?, intenta decir todo lo que está escrito sin ponerme en ningún sitio... ja, ja, ja, rio Comita divertida, te quedarías sin aliento, te morirías, en cambio a ti, si te sustituyeran por mi, puede que quedara todo un poco soso y aburrido, como sin ritmo, no te lo niego pero ¿sabes? nadie se moriría por no ver un solo punto, si acaso se enfadarían, nada más, pero las frases, igualmente se comprenderían sin ti. Así que no eres necesario.

Puntito miró hacia arriba, y viendo tristemente lo que Comita trataba de decir y que tenía razón, agachó la cabeza y avergonzado se fue a ponerse en último lugar.

De repente, una voz que había estado por ahí, como quien no quiere la cosa, escuchando, se acercó a Puntito, lo tomó suavemente de su mano y acercándose a la coma le dijo:Eh tú Comita, no seas tan presumida, has hecho llorar a Puntito siendo tan pretenciosa, ¡discúlpate ahora mismo!.Comita, se quedó muy sorprendida con tales palabras, pues ella no quería hacer llorar a Puntito, solo explicarse y se le había ido un poco la mano en sus fantasías, así que viendo que había sido muy dura y desconsiderada pidió disculpas a Puntito y muy apenada le dijo: Puntito, yo no quería herirte, de veras que no, a veces me dejo llevar por mi ímpetu pero yo no quería que te sintieras mal, de veras ¿qué puedo hacer para que me creas, cómo puedo hacer para que me perdones?

Y Puntito mirándola a los ojos viendo en su carita que era sincera porque resbalaba de ella una lágrima le dijo:Me gustaría que me acompañaras en las frases, yo no quiero estar siempre terminándolo todo, me gustaría hacer algo como lo que haces tú, ayudar a entender, dar aliento ¿quieres ayudarme? ¿te apetece?

Y Comita abriendo sus ojitos de par en par, le dijo a Puntito: ah sí, claro que sí, vale tú dame la mano Puntito, inventemos.



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Nota de autor: Esta es la verdadera historia de cómo se formó en una frase el punto y coma. En las noches en las que las palabras se reunen al calor del fuego de una verdad y tratan de formar bellas frases, siempre llaman a Puntito y Comita para que les acompañen. Ellos llegan, los dos juntos, siempre alegres, siempre de la mano, entonces se colocan junto a la palabra que les ha llamado y siempre hacen el mismo ritual: Comita se agacha y ayuda a Puntito a dar un salto y ponerse encima de ella, luego se miran unos segundos y sonríen; todo se hace perfecto y queda en su mejor sentido.

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Este cuento tiene derechos de autor y forma parte de una colección de cuentos infantiles.

Trencitas y cantarín...



Estoy triste, (se oyó una voz infantil de niña en el bosque) n
¿quién anda ahí? (preguntó un poco asustado un niño)


TRENCITAS: Soy yo, Trencitas y estoy muy muy muy muy triste.
CANTARIN: pero... ¿dónde estás? No te veo, sal para que pueda verte.
TRENCITAS: ¡No!, no puedo salir, estoy llorando y estoy muy fea, no quiero que me veas.

CANTARÍN: Anda Trencitas, no seas cría, anda sal, prometo no mirarte a la cara ¿vale?

TRENCITAS: humm, no sé ¿y si me engañas?

CANTARÍN: No te engaño, de veras, prometido, ¡sal de una vez ya!


La niña salió de detrás de un árbol y comenzó esta conversación:

TRENCITAS: ¡No me mires!
CANTARÍN: Vale, prometido voy a mirar a tus zapatos. Dime, porqué lloras?

TRENCITAS: Lloro porque hace unos días en este árbol que tengoa aquí detrás he visto escrito mi nombre y junto a él la palabra feaaaaa, aaaahhh buahhh... ¡mira!

CANTARÍN (mirando el árbol): ¿Y?

TRENCITAS: ¡Cómo que y!, pues que no sé quién lo ha escrito ni quién me ve tan feaaaaa, snif, snif.

CANTARÍN: Bueno, bueno, tranquilízate, a lo mejor ha sido solo una broma de alguien que no sabía que te ibas a poner a llorar, ¿no?.

TRENCITAS: Ah, pues no lo había pensado así, claro que tonta, y cuando me vea que he llorado ya no lo volverá a escribir, claro, tienes razón es mejor olvidarlo... gracias por tus palabras.
A la mañana siguiente el niño se volvió a encontrar a la niña esta vez sin esconderse, sentada junto al árbol:

TRENCITAS: buahhh, buahhh.

CANTARÍN: Pero, ¿otra vez llorando?, ¿qué te pasa esta vez?

TRENCITAS: Esta vez es peor, bajo el nombre de fea está escrito Horrorosaaaahhhh, buahh, buahh.

CANTARÍN: Anda, ¿qué mal no? ¿quién será? hay que tener ganas de fastidiar para poner esas cosas ¿no? Bueno, tranquila, a lo mejor no es algo escrito para ti, puede que sea tu mismo nombre pero no seas tú ¿no te parece?

TRENCITAS: Anda, eso tampoco lo había pensado, claro puede que esa no sea yo. Ya me quedo más tranquila, gracias de nuevo amigo.

Y niña y niño volvieron a despedirse.

La escena se repitió de la misma forma por espacio de tres semanas, todos los días en el mismo árbol, la niña decía hoy me ha puesto el apellido y al lado la palabra Bobalicona y el niño contestaba: bueno, tal vez sea una niña que te tiene envidia por lo lista que eres, ¿no?.

Y así días tras días Trencitas lloraba le contaba a su amigo, su amigo lo justificaba, Trecitas se quedaba tranquila, se abrazaba a su amiguito y luego se iba a casa contenta y tranquila. Así la lista de insultos infantiles cada vez era más grande desde fea hasta voz de pito...

Con este último insulto Trencitas se sintió particularmente mal y ya no que ría ni hablar solo lloraba, ya no tenía consuelo en su llanto y Cantarín apenas podía decir nada nuevo para calmarla puesto que se le habían terminado los argumentos para que no pensara en ello, solo la rodeaba con sus brazos y esperaba a que se apaciaguara su tristeza sin decir nada...

Pasado un tiempo de estos episodios, Trencitas un buen día se encontró con otra amiguita suya llamada Perlina y ésta le dijo:

PERLINA: ¿no sabes? tu amigo ese con el que te pasas las tardes llorando hace 10 días ha tenido un accidente con su bici, le han escayolado una pierna y está en el hospital, no puede salir.

TRENCITAS (con cara de sorpresa): ¿qué? ¿qué dices? eso no puede ser...

PERLINA: Sí, me han dicho que tiene aún para varios días.

La niña al escuchar eso, abrió los ojos con gran sorpresa y sin decirle ni una palabra más a su amiga corrió al hospital. Recorrió como una exhalación todas las habitaciones hasta dar con Cantarín que postrado en un cama leía con tranquilidad un chiste.

TRENCITAS: ¡Hola!

CANTARÍN (sorprendido): Ah, hola, ¿cómo tú por aquí?

TRENCITAS: Me ha dicho Perlina que habías tenido un accidente, he venido a ver qué tal estabas y cuando vas a volver...

CANTARÍN: Anda, pues gracias estoy bien, ya mucho mejor, muchas gracias.

TRENCITAS: y ¿cuándo vas a volver?

CANTARÍN: Pues no lo sé, creo que aún me quedan unos cuantos días aquí hasta que pueda andar pero no sé cuántos...

Y entonces la niña abrazándose a su amigo le dijo con su inocente y llorosa voz infantil:
¡No! Yo quiero que vuelvas cuanto antes, ¡cuanto antes!!.
El niño confuso contestó:
ah, buenoo, gracias por tu preocupación pero ¿por qué tanta prisa? ¿por qué te disgustas tanto?

Y Trencitas ampliando su sonrisa con mirada picarona le dijo a Cantarín:

es que si no... ¿quién va a poner cosas feas de mi en el árbol???

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MORALEJA: Siempre existe un momento en que no se puede mantener la travesura que se está haciendo sin terminar por ser descubierto. La ausencia de una acción por motivos de la ausencia de una persona, son la garantía de que ambas ausencias son una misma. Pero qué hermoso es que una niña comprenda que es más importante el motivo por el que se hace una travesura, y no la travesura en si misma...
Nota del autor:
Yo prefiero pensar que Cantarín grababa todo aquello en aquel árbol porque así podía estar cercano a su amiguita del alma, Trencitas, pensar eso me hace sonreir ante la historia de estos simpáticos personajes: Trencitas y Cantarín.

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Este cuento ha sido difundido por una productora latinoamericana.