martes, 3 de mayo de 2011

El Sol de los sueños cumplidos

28-04-2011


Al frente el Sol de los sueños cumplidos.

Los árboles engalanados con sonrisas de hoja perenne dejaban entrever que ese sería un gran día. El Sol, a modo de sombrero, se inclinaba unos minutos elegantemente sobre la cima, observando con placidez como la vida le entregaba el futuro... al destino.

Dos manos se entrelazaron en un lento paseo de flores por la boca, comenzó a despertarse un beso en el centro mismo de dos latidos.

Por debajo de sus pies se iba abriendo, sin saberlo, un camino compartido.

Fue un ceremonia preciosa, todos alababan las sedas de paz que ella llevó por vestido y el generoso gesto de él por el cielo bendecido. El Sol se hinchó, iba de padrino.

A sus espaldas quedaban ya años inciertos, deudas de dudas, obligaciones de dolor, fantasmas de retrasos y compromisos perdidos, convertido todo con sencillez y bondad... en préstamos ya pagados y por estar pagados... vencidos.

Ella no pudo olvidarse... y lanzó un beso al Sol, parecía ir sin rumbo, pero un copo de nieve blanca era su destino.

Bendita la luz... que hizo de testigo.

lunes, 11 de abril de 2011

Los dos caminos

Un buen día se reunieron dos sabios y se pusieron a discutir sobre cual de los dos caminos de la vida era el que debía seguirse para ser feliz.

El primer sabio dijo: - yo escogería un camino fácil, normal, sin altibajos, que se sepa siempre por donde se va, sin líos y que todo sea muy llano y muy sencillo. Un camino en el que no haya dificultades, qe sea cómodo de andar, así nunca me llevaré sorpresas y todo en el camino siempre será normal y asequible.

El segundo sabio dijo: -yo sin embargo prefiero elegir un camino más complicado porque al no estar muy transitado tendrá un paisaje más cuidado, más especial, algo que no haya visto todo el mundo porque no todo el mundo lo recorrerá, un camino con más dificultades, es cierto, pero con la enorme recompensa de que pocos lo han disfrutado, por que pocos son capaces de apreciarlo.

Los dos sabios siguieron explicando su postura sin llegar a ponerse de acuerdo en una opción u otra ni acercarse siquiera a una postura intermedia.

Seguían imbuidos en su particular discusión cuando llegaron a una encrucijada en la vereda del camino por el que transitaban. Allí en el centro de la senda encontraron a un niño.

El primer sabio dijo:
- Este niño resolverá nuestro gran dilema, veamos qué rumbo toma: si elige el camino que discurre por entre esos campos su senda sería cómoda y llana, siendo niño, no sería de extrañar que busque una ruta sencilla y acorde con sus limitaciones; si por el contrario elige el que se puebla de arbustos y zarzas deberá atravesar más dificultades, pero ya se sabe que los niños siempre son más atrevidos, si tiene mente abierta puede que escoja ese camino lleno de aventuras e improvisaciones, esperemos a ver cual es su decisión - concluyó el sabio.

Pero el niño no sabiendo por cual decidirse se quedó parado en medio sin avanzar por ninguno mirando hacia los dos caminos con cara de preocupación. Pasados unos minutos los dos sabios se le acercaron y uno de ellos dijo: - ¿porqué no continuas avanzando? - y el niño respondió con ilusionada ingenuidad: - es que ambos caminos me asustan porque no sé qué hay detrás de ellos, no sé qué se esconde detrás de aquel inmenso campo, parece muy llano pero ¿y si se hace muy extenso? ¿y si me canso de andar siempre lo mismo? ¿y si al final me aburre? ¿y si no sé cómo volver atrás?; no, no puedo ir por ese camino... pero tampoco veo lo que puede esperarme tras esas zarzas y quizá sea peligroso o complicado de atravesar, ¿y si me hago daño? ¿y si aparece un monstruo y me come? ¿y si lo emocionante al final es demasiado confuso, dificil?. Uy,no sé que hacer, creo que mejor me estaré quieto o daré media vuelta, ¡no sé qué camino tomar!

- Pero has de elegir uno de los caminos - le recomendó uno de los sabios, - es imposible seguir por los dos y es muy necio desandar lo andado hasta ahora, ¿qué sentido tiene? has de tomar aquel camino que más se identifique contigo, ¿cual tomarías?

No sé repitió el niño, es que no sé.... de veras yo no sé cual tomar... si por mi fuera... se aventuró a decir el niño en un alarde de entusiasmo, ¡me convertiría en gigante! para así poder dar zancadas tanto por un camino como por el otro, así vería todos los peligros y cuando un camino me aburriera saltaría de una enorme zancada al otro y cuando el otro me asustara haría lo mismo y con grandes saltos podría estar siempre a salvo de cualquier peligro, siendo gigante solo tendría que cambiar de camino si las cosas no me gustaran o fueran mal. O si no, tal vez podría ser un enorme pájaro que volara y...

Ambos sabios se miraron avergonzados y comprendiendo la sabia lección que sin saberlo les daba aquel niño sin mediar palabra se separaron y cada uno siguió avanzando por su camino elegido. Allí en medio quedó el niño, confuso, paralizado y volviendo la vista hacia atrás, hacia un lado, hacia el otro.

Y mientras los sabios con paso firme se separaban y proseguían en silencio su camino escogido, a lo lejos, como en un eco se oía una voz infantil, atudida, temblorosa... ¿qué camino tomo? ¿qué me aconsejáis? pero ¿qué camino tomo?, ¡por favor! no os vayáis, yo sólo no puedo elegir...decidme por favor... ¿mejor me quedo quieto? ¡aún soy un niño!


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Es una postura muy humana paralizarse ante una encrucijada y no seguir avanzando por ningún camino o dar media vuelta y regresar a ninguna parte, pero la verdad es que ambos caminos son lícitos para alcanzar la felicidad, sólo hay que querer avanzar por uno de ellos con firmeza, solo hay que apostar por uno y seguir el camino.

No es de sabios poner las decisiones importantes de la propia vida en la inmadurez de alguien que duda, se paraliza o desanda lo recorrido, tal vez, porque aún no haya crecido.

Solo cuando se crece... con firmeza, sin temor y sin previo aviso, se sabe escoger camino.

sábado, 26 de febrero de 2011

Los héroes y los villanos de los cuentos

Los héroes en los cuentos, son las personas anónimas, que con lealtad se mantienen tanto en los buenos como en los malos momentos. Se sacrifican, se compadecen de los demás, se enfrentan a las injusticias, se cuestionan y se duelen con las maneras encubiertas de los demás, tienen defectos por eso a veces se rebelan de forma errónea, piden perdón con su corazón en la mano y sufren con sinceridad sus equivocaciones, y mantienen la esperanza de que todo cambie un día mientras continuan creciendo por dentro, para avanzar por fuera.

Son los personajes de cuentos extraordinarios, de historias grandes y superadas, son el reflejo de una inquietud constante por conocer nuevos valores, nuevos principios, nuevos caminos en su búsqueda constante de la felicidad, tratando de no hacer daño a los demás.

Pero en los cuentos también hay villanos, son personas de muchos tipos, personajes de gesto interior duro, que afianzan en la debilidad de los demás sus propias flaquezas humanas. Se encargan de desgarrar, de romper en pedazos de hipocresías, todo lo que es auténtico y por ser auténtico, especial. Son los que se aprovechan, los que manipulan, los que destruyen la bondad y la esperanza de los demás, los que imponen sus egoismos tratando de anular cualquier atisbo de inocencia, de esperanza, de verdad o se presentan ante los demás cómo injustas víctimas de historias dañinas que les han hundido, que les han paralizado, imposibles de superar.

Los héroes, en los cuentos, son silenciosos, incomprendidos, son torpes en sus inicios, tan solo triunfan en pocas líneas, no se conocen bien hasta el final, mientras los villanos están presentes en el día a día, llamativos y destacados acorralan a sus presas formando círculo de lealtades con los demás, tratan de agrupar en torno a ellos a quienes consideran sus iguales, se apropian de las ideas de otros para exhibirlas como propias deformándolas con su vanidad, se mantienen en lo más alto de las injusticias que provocan y a lo largo de su historia van obteniendo entre victimismos, lástimas y mediocridades, sonoros méritos por sus villanías.

Y esta vida, realmente, es como un cuento, un compendio de pequeños capítulos variados que conforman una historia completa y final.

La experiencia en cambio me ha demostrado, para todos aquellos que no creen en los cuentos, que en las páginas finales de cualquier historia, no entre líneas, sino de forma clara y contundente, se descubre la verdad, quiénes son los héroes y los villanos de cada historia de vida.


Tan solo hay que ir pasando página... todo cuento tiene un final.

domingo, 30 de enero de 2011

El cuento aburrido

Había una vez un país mágico en el que vivían hadas, duendes y mil seres fantásticos de bellos colores y bellas formas que...

- Ese es un empiece de cuento aburrido ¿no hay ogros?
- No, no hay ogros.
- Entonces no me gusta el cuento, empieza otro.

- Había una vez un bosque enorme lleno de animalitos que vivían felices...
- Buah, ese ya me le sé. y luego se incendia el bosque y todos tienen que huir y buscarse una nueva casa. Buf, muy aburrido, otro más.

Había una vez un lindo gorrión que vivía en un nido construido en lo alto de un árbol.
- Vaya, ja, ja, otro cuento de pájaros... ¿es qué no te sabes alguno que sea más emocionante?, eso es algo tremendamente aburrrido, ¿no te sabes alguno más movidito?

- Hummm, veamos, déjame que piense... ah ya lo tengo...

- Había una vez un niño que no creía en los cuentos... ¿sigo?
- Eh, sí, la verdad es que ese no sé cual es, sigue, sigue.
- Pues como digo, había una vez un niño que no creía en los cuentos. Su mamá intentaba siempre dormirle leyéndole alguna historia fanstástica pero él siempre la interrumpía, no la dejaba terminar pues se sabía casi todas las historia, al ser un niño que no creía en los cuentos, se los había leído todos y como cada uno de ellos tenía una parte que podía ser vivida como real pues ninguno le parecía hermoso, todos le aburrían...
- Je, lo entiendo, me hago cargo, - interrumpió el niño, - sé cómo puede sentirse ese niño.
- No interrumpas que sigo...

Pero de repente sonó el timbre de la puerta y la mamá interrumpió su cuento para ir a abrir. Era un vendedor de libros.

-Buenas, traigo los últimos ejemplares de unos fantásticos cuentos que van a gustarle mucho a su pequeño, - dijo el vendedor dirigiéndose al niño que con la curiosidad había bajado a la puerta y estaba en ese momento agarrado a las faldas de su madre.

- ¿Van a gustarme, seguro?, - interrogó el niño frunciendo el ceño en tono de desconfianza.
- Uy, si, seguro, ¿quieres uno?.
- Bueno, - dijo el pequeño.

El vendedor sacó un pequeño libro que parecía tener muy poquitas hojas y se lo dio al niño. Mientras el pequeño lo tomaba entre sus manos la mamá pagó el precio que marcaba. El niño al abrirlo se quedó asombrado pues en sus hojas no había escrito... ¡nada!

- Oye que aquí no hay nada escrito, ¿me estás tomando el pelo?, - le dijo el pequeño al vendedor.
- No, ¡qué va!, como digo son libros especiales, verás son libros que se van escribiendo ellos solos a medida que van pasando los días.

La madre miró con enfado al vendedor tratando de advertir si se trataba de una broma pero el niño creyendo en sus palabras con emoción le preguntó:

- ¿Cómo? ¿cómo se escribe?
- Cuando llegue la noche tú, vuelve a abrir el libro y verás escrita la primera hoja.

Ante la imposibilidad de que el niño devolviera el libro la madre le cerró la puerta al vendedor un poco mosqueada pero sin decirle ya nada más, pues el niño para entonces ya había subido a su cuarto con el libro. Se sentó en la cama y esperó y esperó y esperó hasta que se hiciera de noche...

Llegando la noche el niño andaba ya muy impaciente pues quería ver rápidamente si lo que aquel vendedor decía era así. Después de cenar cuando llegó la hora de acostarse, con manitas temblorosas abrió su libro y cual no sería sorpresa al ver que en letras muy grandes en la primera hoja estaba escrita la palabra "aburrido". El niño se quedó pensativo.


Por un lado era mágica la forma en que se había escrito esa palabra pero por otro ¿cómo un cuento iba a empezar por la palabra aburrido? eso no tenía mucho sentido, más bien parecía un insulto que un empiece. Pero puesto que se había quedado prendado de cómo se había escrito mágicamente aquella palabra decidió esperar al día siguiente a ver qué era lo que se escribía de nuevo en aquel libro.

Así, al llegar la noche siguiente el niño abrió el libro por la segunda hoja. Su cara se quedó sorprendida, en letras más grandes aún que en la primera hoja estaban las palabras "muy aburrido". - Esto es increible, - se dijo el niño un poco molesto, este libro se escribe solo pero no escribe un cuento, solo pone palabras y parece que las repite ¿qué querrá decirme?

Curioso como era se dijo: - esperaré a mañana y si en el libro no aparece algo que yo entienda buscaré a ese vendedor y le pediré explicaciones, esto ya no me está gustando nada.

A la noche siguiente en la tercera hoja aparecieron unas palabras más grandes aún: "tremendamente aburrido".

- ¡Bueno, ya está bien!, se enfadó el niño, este libro no escribe un cuento, solo parece que me insulta,¡ esto es inaudito! mañana mismo voy a por ese vendedor a decirle cuatro cosas.

Al día siguiente el niño se vistió a toda prisa y se fue en busca del vendedor al que recordaba haber visto en la pequeña plaza de su pueblo como vendedor ambulante, - me va a oir, - se decía cada vez más enojado.

Al llegar a la plaza al fondo divisó a aquel señor que le había dado el libro. Al llegar hasta él le dijo sin opción ni que le saludarae si quiera: - este libro es un fraude, ¡es un fraude!

- ¿Porqué? - le preguntó el vendedor con mucha tranquilidad.
- He hecho como me dijiste pero cada día que pasa cuando voy por la noche a mirar solo está escrita la palabra aburrido, y al día siguiente, ¡mira!, - dijo el niño mostrandole al vendedor su libro por la segunda hoja, - ¿lo ves? pone muy aburrido... y ¡mira la tercera hoja! en ella pone tremendamente aburrrido. ¡Devuélvele el dinero a mi mamá!, ¡eres un mentiroso! - dijo el niño haciendo pucheros.
- No, - le dijo el vendedor muy firme, - yo te dije que ese libro se escribía solo y eso es cierto, así que yo he cumplido... yo no te he mentido.

Tras un breve silencio el vendedor miró con más tranquilidad al pequeño y le dijo observando el libro:
- bueno, tal vez este ejemplar sea de los que escriben cuentos con verdades, tal vez sea solamente que eres aburrido y no sabe qué más escribir, ¿no te parece?.

El niño se quedó de piedra al escuchar a ese hombre y mirando el libro como embobado lo fue cerrando lentamente un poco avergonzando.

- Trata de tener un día más completo, haz más cosas, tal vez el libro se anime y escriba algo que te agrade más, - le aconsejó el viejo sin darle mayor importancia al hecho y proseguiendo con su venta.

El niño que ya no sabía qué más decir, giró sobre sus pasos y se marchó con la cabeza baja y muy pensativo. Al llegar a su casa posó el libro con tristeza. - ¿Qué te pasa? - le dijo su hermanito al verlo con el semblante tan abatido.
- Nada, es este libro que me dice que soy aburrido, protestó el niño.

El hermano se echó a reir.

- Pero qué dices... ¿un libro que te llama aburrido?.
- Sí, le dijo el niño, mira lo que me ha pasado.

Entonces el niño comenzó a contarle a su hermano todo la historia que había vivido, lo del vendedor, como pasó esos tres días pendiente de lo que se escribía en ese libro mágico, las plabras que se iban escribiendo cada día...

El hermano escuchándole atentamente cada vez abría más y más la boca con admiración, hasta que al final dijo: - ohhhh, ¡acabas de contarme una aventura apasionante!, ¡qué tonto eres! y ¿tú pensando que eres aburrrido???

Aquella noche al volver a abrir el libro por la cuarta hoja... en aquel libro... ¡¡había escritas muchas palabras!!! estaba escrita una historia... que comenzaba así:

Había una vez un niño al que no le gustaban los cuentos... hasta que un buen día un cuento se atrevió a llamarle...

¡aburrrido!.

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La gran magia de un cuento no son las palabras que contiene... ni la historia escrita, la gran magia de un cuento es la persona que lo lee, el mundo desde el que lo lee, lo que se guarda para sus adentros, lo que le transmite.

Tan solo con esas sensaciones puras se puede escribir un cuento.
Entre las palabras escritas y los silencios leidos está la magia de un cuento.
Y los cuentos están para ser contados.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

Silencio dormido

Camino descalza, camino despacio, voy mirando al cielo, a las nubes, al infinito, camino confiada, de repente me detengo, cierro los ojos, me abarco la cintura con las manos cruzadas, tan solo escucho... es el sonido del silencio... ¡hace dentro de mi tanto ruido!. Todo es conocido, nada nuevo, es la eterna calma que precederá a una nueva tormenta, bajo entonces mi cabeza, distraigo mi mirada en cualquier voz ajena que sonríe, que habla, que comparte voz, que se expresa, que opina, mientras, mi corazón se abre en un sensible tono de suspiro.

De repente, me aislo en una bola de cristal, mi cuerpo se recoge con timidez dentro de una gran esfera de cristalino paisaje, y mientras me sumerjo en un pensamiento positivo, a lo lejos entre una espesa niebla veo como surge un niño... lleva prendido en el pecho el broche de un grito... se acerca a mi con sus ojitos niños volcados en una pregunta, no habla, trata de hacerlo pero no puede, al final en su impotencia, en su frustración, sin decir nada resbala de su blanca mejilla una débil lagrimilla.

Entonces mi bola de cristal de repente explota, y caigo al suelo, caigo y con los cristales me corto, me lastimo y al levantarme de nuevo aturdida por el impacto observo que el niño me está mirando preparando un nuevo grito, esta vez de llanto, de llanto asustado por el enorme ruido que provocó tal estallido.

Y en el suelo, depositado en el suelo hay un manojo de flores desodenadas, las flores que traia ese niño y las recojo y con suave voz le digo, shhhh, calla, es de noche ya, ven, voy a contarte un cuento... y comienzo un nuevo escrito.


Cuando termino de contar mi cuento... el niño ya se ha dormido.
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viernes, 22 de octubre de 2010

Caminando...

Una vez escuché a alguien decir que un hombre camina siempre a cuestas con su propia casa, porque el hogar está, ante todo, en la mente...

Y me puse a pensar y llegué a una conclusión: así es. En la cabeza se tienen los muebles mentales más importantes. Nos preocupamos porque nuestra casa esté limpia y en orden y nos olvidamos muchas veces de hacer lo mismo con nuestro pensamiento. Al pensamiento también hay que pasarle el trapo del polvo, quitarle manchas, restos de momentos ya pasados, ya vencidos, hay que sacarle brillo y asegurarnos de que todas las ideas están bien colocadas, ocupando un buen espacio, todo en su sitio.

Una vez escuché a alguien decir que un hombre camina siempre a cuestas con su propio pensamiento y que ese pensamiento conforma su hogar y que ese hogar, allá donde esté, construye su camino... por eso no hay distancias, ni adioses, ni esperas, ni despedidas, ni llantos ni temores, ni olvidos, solo cambios de lugar físicos y acomodos mentales sanos, buenos y positivos en las distintas etapas que van llegando a una vida.

Una vez escuché a alguien decir que un hombre lleva siempre a cuestas su hogar, su pensamiento, su mochila de sueños, sus personas queridas, sus... paré en seco y medité: no era una voz extraña... ¡era yo!... allanando el camino.
:-)


Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos,
a pesar de los golpes
que asestó en nuestras vidas
el ingenio del odio,
desterrando al olvido
a nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
que nos digan adónde
han escondido las flores
que aromaron las calles,
persiguiendo un destino
¿Dónde, dónde se han ido?
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
que nos den la esperanza
de saber que es posible
que el jardín se ilumine
con las risas y el canto
de los que amamos tanto.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
por un día distinto,
sin apremios ni ayuno,
sin temor y sin llanto,
porque vuelvan al nido
nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos...
(PABLO MILANES Y SILVIO RODRIGUEZ)

lunes, 20 de septiembre de 2010

El Sombrero Rojo

Hubo una vez un hombre con un sombrero rojo. Lucía orgulloso siempre su sombrero. No hablaba, simplemente nunca se olvidaba de ponerse su sombrero rojo al salir de casa. Saludaba cortesmente a la gente, en general, nunca se dirigía hacia ellos ni levantaba su sombrero para saludar. Simplemente les dedicada un breve gesto con la mano y proseguía su camino. Iba siempre orguilloso y altivo con su sombrero rojo.

Un buen día se encontró con un paseante que llevaba un sombrero azul. - Hay que ver qué mal gusto tienen algunos, - pensó, y prosiguió su camino, sin apenas mirarle. El hombre del sombrero azul miró de reojo al del sombrero rojo y pensó a su vez - Ya me gustaría a mi poder llevar un sombrero tan rojo y bonito como ese.

El hombre del sombrero rojo prosiguió caminando. A los pocos minutos, se encontró con una mujer que lucía una pamela verde. ¡Qué pamela tan horrorosa! - pensó el hombre del sombrero rojo. La mujer de la pamela verde pensó: - ya me gustaría a mi poder lucir un sombrero aunque lo llevaría de otro color.

Continuó paseando el hombre del rojo sombrero y lo siguiente que encontró fué un cartero con su gorra gris de trabajo, un policía, con su gorra azul marino de autoridad, un marinero con su recién estrenada gorrita blanca, un caballero vestido de negro con su bombin a juego, el paseo continuó al menos dos horas más y a cada persona que se encontraba con un sombrero de color distinto al suyo se decía:- ¡Qué sombrero más feo! mientras que los demás siempre pensaban igual: - ya me gustaría a mi poder llevar un sombrero como ese.

Regresando ya a su casa el hombre del sombrero rojo vio a una niña que llevaba puesto un gorro rojo de lana y se dijo: - vaya, por fin alguien con buen gusto, me voy a parar a saludar, esta niña se merece mi saludo. La niña al ver al hombre del sombrero rojo pensó para sí:- vaya un hombre con un sombrero del mismo color que mi gorro de lana, pero... pobrecillo, ¡qué tonto! lleva sombrero en vez de gorro de lana, con el frío que hace, ¡se le quedarán las orejas heladas, hay que ser bobo! y sin mirarle siquiera prosiguió su camino. El hombre del sombrero rojo, quedó triste y desconcertado. ¿porqué no me ha saludado? se decía mientras proseguía camino a su casa.

Al llegar a casa la mujer del hombre del sombrero rojo le dijo: - te veo triste ¿qué te pasa? ¿no ha ido bien el paseo?.
- Sí, - dijo el hombre, lo que sucede es que he querido saludar a una niña y ni ha querido mirarme, no sé porqué, ha pasado de largo como si no existiera.
- Y ¿llevaba un sombrero del mismo color que el tuyo? - dijo la mujer que sabía bien a qué tipo de gente saludaba su marido.
Sí, sí, era rojo, bueno no era un sombrero, era un gorro de lana pero supongo que eso da lo mismo, ¡era de color rojo!

¡No da lo mismo! dijo la mujer toda digna, un sombrero no es lo mismo que un gorro, ¿porqué te has parado a saludar a esa niña? ¡Te has puesto en evidencia!. ¡Un gorro de lana! ¡Qué vergüenza!¡No estaba a tu altura!.

El hombre entonces quedó más desconcertado aún. No lo comprendo se dijo, llevaba el mismo color que el mío... si no está a mi altura... ¿porque soy yo el que se sintió inferior al no ser saludado??

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Moraleja:
En esta vida no todas las cosas son sombrero, pero sí todas las personas son persona.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Dudas que tienen respuesta

En la mente están las respuestas, en el corazón el valor para comprender, en el cuerpo habita la fuerza para discernir, la voluntad para un esfuerzo.
Si buscamos respuestas en el mar, allí no están, las olas no nos traerán la verdad.

Si buscamos respuestas en el sol, nada se encuentrá allí, se derretirá nuestra conciencia antes de poder ver ningún calor de honestidad.
Si buscamos respuestas en el cielo, se hará de noche antes de poder descubrir nada y las estrellas solo brillarán en los ojos de quienes no tengan miedo a mirar de frente, a mirar hacia arriba.
Y si buscamos respuestas en otra boca, ni el mar, ni el sol, ni el cielo las besarán.

Ojalá todos podamos comprender que si buscamos respuestas lejos de donde están solo hallaremos, el eco de las espumas, los rescoldos de lo quemado, el aire de la ausencia, la mirada celosa y esquiva de un limpio azul... el beso de la duda.

Solo nosotros tenemos la llave de nuestros pensamientos, solo nosotros construimos el tiempo de pervivencia de nuestra propia esperanza, el fin de nuestro autoengaño.

Sigamos por tanto creyendo que las decisiones han de construirse con riesgo pero con voluntad sana de mejorar, de desprendernos de opresiones y conductas que nos encierran en los gustos y en los disgustos de otros, conductas que nos lastiman, que no nos dejan ser nosotros mismos, no vivamos esa vida de apariencias que quieren los demás, vivamos nuestra propia historia y entonces nadie podrá confundirnos porque ante la amistad de verdad... ni la distancia será pérdida ni el silencio será olvido.
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martes, 3 de agosto de 2010

Cuentos difíciles


Si te apetece puedes escuchar la música mientras lees el cuento...

El niño llegó a su casa con los ojos enrramados y el semblante enristecido.

- ¿Qué te pasa? - le dijo su papá.

- No es nada, no es nada, estoy bien, - contestó el niño yendo rápidamente a su habitación.

Pero el padre no se quedó contento con la respuesta y preocupado por su hijo, viendo que no estaba en la mesa a la hora de la cena, fue a su cuarto a preguntarle.

- ¿Qué tienes? ¿algo te preocupa?, le preguntó el padre golpeando la puerta de su habitación.

- Que no es nada, ¡déjame tranquilo!, solo quiero estar solo.

El padre reflexionó unos segundos sobre la respuesta de su hijo y de nuevo habló:

- ¿puedo hablar contigo? es por algo importante, es que necesito un consejo tuyo.

El hijo, al escuchar aquellas palabras sin saber bien cómo reaccionar ante tal petición, abrió la puerta y dejó entrar a su padre.

Entonces el padre le habló así:

Verás, necesito contarle un cuento a tu hermano pequeño para que se duerma y ya se los sabe todos, no sé cuál contar, ¿podrías decirme tú uno que pudiera gustarle?

El niño tratando de demostrar normalidad le dijo a su padre con seriedad.

- No sé, cuéntale un cuento FACIL, seguro que le gustará, dijo el hijo con la voz derrotada.

- ¿uno fácil? uno... ¿fácil? - volvió a repetir su padre intentando entender a su niño.

- Sí, uno fácil, leelé un cuento fácil, - dijo el hijo.

El padre se quedó meditando y sin llegar a comprender lo que su hijo pedía no tuvo más remedio que decirle:

- ¿Y cuál podría ser para ti un cuento fácil?.

Y el niño como si le fuera a dar una lección a su padre sentado sobre la cama y con los ojos aún enrrojecidos, cruzó los brazos en actitud de adulto y le explicó a su padre:

- Pues por ejemplo un cuento en el que dos conejitos van al campo con su mamá y uno se escapa y entonces le buscan y le buscan y le buscan por todo el bosque y al final le encuentran comiendo moras y con la tripa tan llena que no podía moverse y su mamá le dice que no vuelva a irse de su lado sin avisar, que aún es chiquitín para quedarse solo y entonces el conejito le pide perdón a su mamá y le dice que no volverá a hacerlo y su mamá lo carga en sus brazos y regresan todos juntos y felices a su casa.

El papá miró al niño con asombro, no solo acababa de inventarse un cuento bonito sino que además el mensaje del cuento era educativo. Pero confuso aún por el título que le había puesto le dijo a su retoño:

- hijo y ¿porqué a ese cuento le llamas el cuento fácil?.

El niño sin demostrar un ápice de sorpresa por la pregunta le dijo a su padre:

- pues porque es un cuento fácil ¿no lo ves? es un cuento feliz, sencillo de contar y de entender, seguro que le gustará y se dormirá enseguida.

Y entonces su padre, intrigado por tal respuesta se atrevió a preguntarle de nuevo a su hijo:

- No lo entiendo bien, si eso es un cuento fácil, entonces ¿cúal podría ser un cuento dificil??

- Hummm, - dijo el niño cambiando su rostro, - eso no es fácil de responder, humm, veamos un cuento difícil sería aquel en el que dos conejitos van al campo con su mamá y uno de ellos se escapa y se va al bosque y se encuentra con otro conejito que lleva muchos años viviendo solo y se van juntos a pasarlo bien, y su mama y su hermanito le buscan desesperados pero llega la noche y no lo encuentran, entonces llaman a la policía y todos se ponen a buscarle. Al final lo encuentran pero está muy mal herido, pues su compañero de juegos, que era más mayor, lo abandonó a su suerte cuando se cansó de estar con él y como era muy chiquitín no podía defenderse de los peligros que hay en un bosque y cayó en una trampa de osos y casi se muere. Pero al final lo recuperan y se lo llevan a casa para que se cure y su mamá le dice que no vuelva a escaparse y él, al ver a su mamá tan triste, con lagrimitas en los ojos le pide perdón y le dice que lo había pasado muy mal y que no volvería a hacerlo y todos se quedan tranquilos y viven felices.

El padre se quedó aún más boquiabierto al ver la imaginación y facilidad expositiva que tenía su hijo pero una duda le quedó en el aire y le dijo de esta manera:

- Ah, ya comprendo y le llamas el cuento difícil porque se complica mucho y pasan muchas cosas hasta llegar a un final feliz, ¿no?

Entonces el hijo con una mirada ensombrecida por la pena le dijo a su padre:

- No, papi, no es un cuento difícil por eso.

Y de nuevo con los ojos enrramados, calló y bajó la mirada sin decir nada más.

Su padre, al comprender entonces que algo importante le pasaba a su hijo, pues esa no era su actitud normal como respuesta, le dijo así:

- Hijo, ante de ir a contarle ese cuento fácil que me has dicho a tu hermano, ¿porqué no me cuentas ahora ese cuento difícil en el que ahora estás pensando??

El niño se quedó pensativo unos segundos y habló de esta manera:

- Esta mañana al ir al cole por un camino distinto he encontrado sin vida y tirado en una calle a mi mejor amigo Tomás, cuando no estaba en clase andaba siempre con malas compañías y se había escapado de casa hace unos días. No han podido dar con él hasta ahora y su familia lo ha pasado muy mal. Cuando le he encontrado era muy tarde para hacer nada, solo he podido avisar a la policía. Al parecer en una pelea callejera anoche le han clavado un cuchillo y ha muerto desangrado y solo. Su mamá al enterarse de la noticia ha tenido un ataque de nervios y se la han llevado rápidamente al hospital. Mañana todos sus compañeros iremos al funeral.

El padre con la voz emocionada por lo que le estaba contando su hijo le dijo:

- hijo y ¿porqué no me has contado hasta ahora todo esto?

- Porque las tristezas, el dolor o las cosas que no terminan bien, me dan miedo, no me gustan, son cuentos dificiles de contar papi, - dijo el niño rompiendo a llorar y sintiéndose aliviado al descargar la verdad de sus emocionados ojos en el hombro de su padre.

Entonces el padre abrazó con fuerza a su hijo y compartió durante unos minutos el llanto, luego mirándole a los ojos le dijo a su niño:

- Mira, cuando seas más mayor me gustaría que recordaras este consejo que te doy ahora, ¿vale?.

- ¿Qué consejo es ese papá? - dijo el niño buscando los ojos amorosos de su padre y ya un poco más reconfortado.

"Esta vida en realidad es como una colección de cuentos infantiles, todos queremos siempre escuchar los cuentos fáciles, de final sencillo, pero las personas más valiosas de tu vida serán aquellas que se paren y le dediquen tiempo a querer entender tus cuentos difíciles."


lunes, 12 de julio de 2010

El Arma invencible

Hubo una vez un viejo sabio al que acudían a consultarle siempre todas las desavenencias y problemas que surgían en un pequeño reino.

Un día llegaron dos hermanos: mi hermano menor me ha insultado y agraviado -dijo el mayor, -exijo un duelo, hemos venido a consultarte por las armas.

El sabio sin decir nada, se acercó a una mesa y abriendo un viejo y alargado cofre, les dio a cada uno un arma. Luego sin mediar palabra tomó del brazo al hermano menor y en una estancia contigua le dijo estas palabras: -a ti te he entregado la Lanza del Amor, no te asustes por el nombre, pues al exhibirla ante tu hermano con su brillo mágico templarás sus ganas de venganza, se suavizará su corazón y ya no necesitarás luchar contra él, le habrás vencido.

Luego mandó llamar al hermano mayor y a solas le dijo: -te he entregado esta espada porque es la Espada del Odio, en cuanto la desenvaines adquirirá tal fuerza y poder que nadie te vencerá y podrás resarcirte del agravio de tu hermano y vengarte de esos insultos.

Ambos hermanos marcharon satisfechos con sus armas a batirse en duelo creyendo cada uno en las palabras del viejo sabio. Se adentraron en un bosque y cuando todo estaba dispuesto para la lucha , de repente, el hermano menor, impaciente, sin avisar que iba a iniciar el combate, levantó al aire la Lanza del Amor y enfrentándola con firmeza al cuerpo de su hermano, creyendo que éste se ablandaría, apenas pudo sostenerla breves segundos sobre su cabeza cuando cayó al suelo con ella, pues el peso era tan grande que era imposible levantarla de esa posición; al ver que su hermano más que ablandarse se reía de él, de su gesto y su postura final caido en el suelo, contrariado empezó a decir. - ¡no es justo!, ¡no tengo tanta fuerza!, ¡no puedo levantarla!, así no puedo luchar, esta lanza ha sido la peor arma que me haya podido dar ese viejo.

El hermano mayor al ver a su hermano en tan terrible desventaja se apresuró a desenvainar su Espada del Odio e ir tras su desarmado cuerpo, dispuesto a resarcirse de los agravios de su hermano pero al verlo llorando en el suelo, un sentido momento de compasión cruzó en sus ojos y al desenfundarla y exponerla al aire, la espada en un instante se oscureció y se deshizo ante sus ojos dejando un rastro de polvo oscuro cercano a sus pies. El hermano mayor no acertaba a comprender lo que había sucedido: - ¡no es justo! - dijo también con rabia, ¡esto no era realmente una espada!, ¡ese anciano me ha engañado!.

Y ambos, coincidiendo en su enojo, decidieron regresar juntos a pedir explicaciones al viejo sabio.

- ¡Nos has dado unas armas defectuosas!, protestó el hermano mayor nada más volver a tener a la vista a aquel anciano. - Así no podemos batirnos en duelo, - dijo el menor, - ¿es que acaso te querías reir de nosotros?, - interrogó con grandes ojos al sabio.

El anciano acercándose a ellos con la voz sorprendida les dijo: - pero ¿dónde están vuestras armas?. El mayor se adelantó hacia él y le dijo: - mi espada se hizo polvo apenas la desenvainé; - y mi lanza aún está clavada en la tierra me fue imposible levantarla del suelo pues pesa mucho, -dijo el menor.

- ¡Nos has engañado! dijeron a un tiempo los dos hermanos.

- Entonces por lo que veo no podeis luchar, - dijo el hombre sin inmutarse, - tú no has podido manejar la Lanza del Amor y a ti se te deshizo la Espada del Odio. Mejor, id a casa juntos y olvidad vuestros agravios.

- ¡Eso no es justo!, - dijo el mayor, - has de darnos a uno de los dos la victoria, aunque no hayamos podido luchar solo uno llevaba razón en esta contienda, has de decirnos quien ha ganado.

Entonces el anciano mirando a ambos les dijo: - está bien, es justo lo que pedís, ha ganado el que portaba el Arma Invencible.

Todos se quedaron muy sorprendidos de que el viejo sabio dijera algo así y dejara zanjado el tema sin más consideraciones ni pruebas.

Los dos hermanos, confundidos, se miraron entre sí preguntándose que había querido decir el maestro, quién de los dos era el que podía sentirse vencedor y quien era el vencido, sin embargo nada más escucharon y viendo que era imposible convencer al sabio para que se extendiera en una explicación, les diera otras nuevas armas o declarara abiertamente a uno de ellos como vencedor, expresaron su malestar durante unos minutos más pero no les quedó más remedio que regresar a casa juntos, pues el viejo hacía rato que ya había cerrado los ojos y nada contestaba a lo que le increpaban.

- Maestro, - interrumpió, de repente, la voz de un pequeño entre el gentío que se había reunido para ver el desenlace de la afrenta, - ¿qué es lo que ha pasado?, ¿porqué esos caballeros no ha podido conservar sus armas intactas? - dijo con voz inocente.

Entonces el viejo sabio abrió los ojos y mirando al niño con complacencia le dijo: - aprende esta sabia lección niño pues te será útil en la vida:

Para esgrimir la Lanza del Amor y conseguir que otros ablanden su ira hay que tomar fuerzas del fondo del corazón, en un enfrentamiento justo y equilibrado para todos, afianzando en las manos una humilde intención, extraer coraje de los buenos sentimientos, pues el amor se endurece y se vuelve inamovible con el oportunismo, el orgullo o la vanidad por ver al que se juzga más desprotegido, humillado y vencido.

Y para portar la Espada del Odio, viendo como el amor yace en el suelo, desarmado, dolido, frustrado, hay que ser una persona ofuscada y cruel, soberbia y sin conciencia, sin benevolencia ni principios, pues un simple viento de compasión puede deshacer una mala acción en un instante.

Las armas han hablado. Ninguno de los dos hermanos merecía batirse en esa lucha, ambos se han unido ante la contrariedad de una injusticia y sin pretenderlo, se han puesto de acuerdo... para atacarme a mi.

Todos aplaudieron las sabias palabras del anciano pero el pequeño queriendo llegar aún más al fondo preguntó de nuevo:

- ¿Y quién ha ganado entonces? ¿cuál es ese Arma Invencible?

- La paz, pequeño, la Paz, - respondió el sabio acariciando la cabecita del niño.