martes, 3 de mayo de 2011
lunes, 11 de abril de 2011
Los dos caminos
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Etiquetas: conducta, enseñanza positiva, positivismo
sábado, 26 de febrero de 2011
Los héroes y los villanos de los cuentos
Los héroes en los cuentos, son las personas anónimas, que con lealtad se mantienen tanto en los buenos como en los malos momentos. Se sacrifican, se compadecen de los demás, se enfrentan a las injusticias, se cuestionan y se duelen con las maneras encubiertas de los demás, tienen defectos por eso a veces se rebelan de forma errónea, piden perdón con su corazón en la mano y sufren con sinceridad sus equivocaciones, y mantienen la esperanza de que todo cambie un día mientras continuan creciendo por dentro, para avanzar por fuera.
Son los personajes de cuentos extraordinarios, de historias grandes y superadas, son el reflejo de una inquietud constante por conocer nuevos valores, nuevos principios, nuevos caminos en su búsqueda constante de la felicidad, tratando de no hacer daño a los demás.
Pero en los cuentos también hay villanos, son personas de muchos tipos, personajes de gesto interior duro, que afianzan en la debilidad de los demás sus propias flaquezas humanas. Se encargan de desgarrar, de romper en pedazos de hipocresías, todo lo que es auténtico y por ser auténtico, especial. Son los que se aprovechan, los que manipulan, los que destruyen la bondad y la esperanza de los demás, los que imponen sus egoismos tratando de anular cualquier atisbo de inocencia, de esperanza, de verdad o se presentan ante los demás cómo injustas víctimas de historias dañinas que les han hundido, que les han paralizado, imposibles de superar.
Los héroes, en los cuentos, son silenciosos, incomprendidos, son torpes en sus inicios, tan solo triunfan en pocas líneas, no se conocen bien hasta el final, mientras los villanos están presentes en el día a día, llamativos y destacados acorralan a sus presas formando círculo de lealtades con los demás, tratan de agrupar en torno a ellos a quienes consideran sus iguales, se apropian de las ideas de otros para exhibirlas como propias deformándolas con su vanidad, se mantienen en lo más alto de las injusticias que provocan y a lo largo de su historia van obteniendo entre victimismos, lástimas y mediocridades, sonoros méritos por sus villanías.
Y esta vida, realmente, es como un cuento, un compendio de pequeños capítulos variados que conforman una historia completa y final.
La experiencia en cambio me ha demostrado, para todos aquellos que no creen en los cuentos, que en las páginas finales de cualquier historia, no entre líneas, sino de forma clara y contundente, se descubre la verdad, quiénes son los héroes y los villanos de cada historia de vida.
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Etiquetas: cuentos educativos, esperanza
domingo, 30 de enero de 2011
El cuento aburrido
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Etiquetas: cuentos educativos, cuentos positivos
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Silencio dormido
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Etiquetas: cuentos positivos, escritos emocionales
viernes, 22 de octubre de 2010
Caminando...
todavía soñamos, todavía esperamos,
a pesar de los golpes
que asestó en nuestras vidas
el ingenio del odio,
desterrando al olvido
a nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
que nos digan adónde
han escondido las flores
que aromaron las calles,
persiguiendo un destino
¿Dónde, dónde se han ido?
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
que nos den la esperanza
de saber que es posible
que el jardín se ilumine
con las risas y el canto
de los que amamos tanto.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
todavía soñamos, todavía esperamos;
por un día distinto,
sin apremios ni ayuno,
sin temor y sin llanto,
porque vuelvan al nido
nuestros seres queridos.
Todavía cantamos, todavía pedimos,
Todavía soñamos, todavía esperamos...
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Etiquetas: escrito positivo, escritos emocionales, pablo milanes, silvio rodriguez
lunes, 20 de septiembre de 2010
El Sombrero Rojo
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jueves, 16 de septiembre de 2010
Dudas que tienen respuesta
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martes, 3 de agosto de 2010
Cuentos difíciles
- ¿Qué te pasa? - le dijo su papá.
- No es nada, no es nada, estoy bien, - contestó el niño yendo rápidamente a su habitación.
Pero el padre no se quedó contento con la respuesta y preocupado por su hijo, viendo que no estaba en la mesa a la hora de la cena, fue a su cuarto a preguntarle.
- ¿Qué tienes? ¿algo te preocupa?, le preguntó el padre golpeando la puerta de su habitación.
- Que no es nada, ¡déjame tranquilo!, solo quiero estar solo.
El padre reflexionó unos segundos sobre la respuesta de su hijo y de nuevo habló:
- ¿puedo hablar contigo? es por algo importante, es que necesito un consejo tuyo.
El hijo, al escuchar aquellas palabras sin saber bien cómo reaccionar ante tal petición, abrió la puerta y dejó entrar a su padre.
Entonces el padre le habló así:
Verás, necesito contarle un cuento a tu hermano pequeño para que se duerma y ya se los sabe todos, no sé cuál contar, ¿podrías decirme tú uno que pudiera gustarle?
El niño tratando de demostrar normalidad le dijo a su padre con seriedad.
- No sé, cuéntale un cuento FACIL, seguro que le gustará, dijo el hijo con la voz derrotada.
- ¿uno fácil? uno... ¿fácil? - volvió a repetir su padre intentando entender a su niño.
- Sí, uno fácil, leelé un cuento fácil, - dijo el hijo.
El padre se quedó meditando y sin llegar a comprender lo que su hijo pedía no tuvo más remedio que decirle:
- ¿Y cuál podría ser para ti un cuento fácil?.
Y el niño como si le fuera a dar una lección a su padre sentado sobre la cama y con los ojos aún enrrojecidos, cruzó los brazos en actitud de adulto y le explicó a su padre:
- Pues por ejemplo un cuento en el que dos conejitos van al campo con su mamá y uno se escapa y entonces le buscan y le buscan y le buscan por todo el bosque y al final le encuentran comiendo moras y con la tripa tan llena que no podía moverse y su mamá le dice que no vuelva a irse de su lado sin avisar, que aún es chiquitín para quedarse solo y entonces el conejito le pide perdón a su mamá y le dice que no volverá a hacerlo y su mamá lo carga en sus brazos y regresan todos juntos y felices a su casa.
El papá miró al niño con asombro, no solo acababa de inventarse un cuento bonito sino que además el mensaje del cuento era educativo. Pero confuso aún por el título que le había puesto le dijo a su retoño:
- hijo y ¿porqué a ese cuento le llamas el cuento fácil?.
El niño sin demostrar un ápice de sorpresa por la pregunta le dijo a su padre:
- pues porque es un cuento fácil ¿no lo ves? es un cuento feliz, sencillo de contar y de entender, seguro que le gustará y se dormirá enseguida.
Y entonces su padre, intrigado por tal respuesta se atrevió a preguntarle de nuevo a su hijo:
- No lo entiendo bien, si eso es un cuento fácil, entonces ¿cúal podría ser un cuento dificil??
- Hummm, - dijo el niño cambiando su rostro, - eso no es fácil de responder, humm, veamos un cuento difícil sería aquel en el que dos conejitos van al campo con su mamá y uno de ellos se escapa y se va al bosque y se encuentra con otro conejito que lleva muchos años viviendo solo y se van juntos a pasarlo bien, y su mama y su hermanito le buscan desesperados pero llega la noche y no lo encuentran, entonces llaman a la policía y todos se ponen a buscarle. Al final lo encuentran pero está muy mal herido, pues su compañero de juegos, que era más mayor, lo abandonó a su suerte cuando se cansó de estar con él y como era muy chiquitín no podía defenderse de los peligros que hay en un bosque y cayó en una trampa de osos y casi se muere. Pero al final lo recuperan y se lo llevan a casa para que se cure y su mamá le dice que no vuelva a escaparse y él, al ver a su mamá tan triste, con lagrimitas en los ojos le pide perdón y le dice que lo había pasado muy mal y que no volvería a hacerlo y todos se quedan tranquilos y viven felices.
El padre se quedó aún más boquiabierto al ver la imaginación y facilidad expositiva que tenía su hijo pero una duda le quedó en el aire y le dijo de esta manera:
- Ah, ya comprendo y le llamas el cuento difícil porque se complica mucho y pasan muchas cosas hasta llegar a un final feliz, ¿no?
Entonces el hijo con una mirada ensombrecida por la pena le dijo a su padre:
- No, papi, no es un cuento difícil por eso.
Y de nuevo con los ojos enrramados, calló y bajó la mirada sin decir nada más.
Su padre, al comprender entonces que algo importante le pasaba a su hijo, pues esa no era su actitud normal como respuesta, le dijo así:
- Hijo, ante de ir a contarle ese cuento fácil que me has dicho a tu hermano, ¿porqué no me cuentas ahora ese cuento difícil en el que ahora estás pensando??
El niño se quedó pensativo unos segundos y habló de esta manera:
- Esta mañana al ir al cole por un camino distinto he encontrado sin vida y tirado en una calle a mi mejor amigo Tomás, cuando no estaba en clase andaba siempre con malas compañías y se había escapado de casa hace unos días. No han podido dar con él hasta ahora y su familia lo ha pasado muy mal. Cuando le he encontrado era muy tarde para hacer nada, solo he podido avisar a la policía. Al parecer en una pelea callejera anoche le han clavado un cuchillo y ha muerto desangrado y solo. Su mamá al enterarse de la noticia ha tenido un ataque de nervios y se la han llevado rápidamente al hospital. Mañana todos sus compañeros iremos al funeral.
El padre con la voz emocionada por lo que le estaba contando su hijo le dijo:
- hijo y ¿porqué no me has contado hasta ahora todo esto?
- Porque las tristezas, el dolor o las cosas que no terminan bien, me dan miedo, no me gustan, son cuentos dificiles de contar papi, - dijo el niño rompiendo a llorar y sintiéndose aliviado al descargar la verdad de sus emocionados ojos en el hombro de su padre.
Entonces el padre abrazó con fuerza a su hijo y compartió durante unos minutos el llanto, luego mirándole a los ojos le dijo a su niño:
- Mira, cuando seas más mayor me gustaría que recordaras este consejo que te doy ahora, ¿vale?.
- ¿Qué consejo es ese papá? - dijo el niño buscando los ojos amorosos de su padre y ya un poco más reconfortado.
"Esta vida en realidad es como una colección de cuentos infantiles, todos queremos siempre escuchar los cuentos fáciles, de final sencillo, pero las personas más valiosas de tu vida serán aquellas que se paren y le dediquen tiempo a querer entender tus cuentos difíciles."
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lunes, 12 de julio de 2010
El Arma invencible
Hubo una vez un viejo sabio al que acudían a consultarle siempre todas las desavenencias y problemas que surgían en un pequeño reino.Un día llegaron dos hermanos: mi hermano menor me ha insultado y agraviado -dijo el mayor, -exijo un duelo, hemos venido a consultarte por las armas.
El sabio sin decir nada, se acercó a una mesa y abriendo un viejo y alargado cofre, les dio a cada uno un arma. Luego sin mediar palabra tomó del brazo al hermano menor y en una estancia contigua le dijo estas palabras: -a ti te he entregado la Lanza del Amor, no te asustes por el nombre, pues al exhibirla ante tu hermano con su brillo mágico templarás sus ganas de venganza, se suavizará su corazón y ya no necesitarás luchar contra él, le habrás vencido.
Luego mandó llamar al hermano mayor y a solas le dijo: -te he entregado esta espada porque es la Espada del Odio, en cuanto la desenvaines adquirirá tal fuerza y poder que nadie te vencerá y podrás resarcirte del agravio de tu hermano y vengarte de esos insultos.
Ambos hermanos marcharon satisfechos con sus armas a batirse en duelo creyendo cada uno en las palabras del viejo sabio. Se adentraron en un bosque y cuando todo estaba dispuesto para la lucha , de repente, el hermano menor, impaciente, sin avisar que iba a iniciar el combate, levantó al aire la Lanza del Amor y enfrentándola con firmeza al cuerpo de su hermano, creyendo que éste se ablandaría, apenas pudo sostenerla breves segundos sobre su cabeza cuando cayó al suelo con ella, pues el peso era tan grande que era imposible levantarla de esa posición; al ver que su hermano más que ablandarse se reía de él, de su gesto y su postura final caido en el suelo, contrariado empezó a decir. - ¡no es justo!, ¡no tengo tanta fuerza!, ¡no puedo levantarla!, así no puedo luchar, esta lanza ha sido la peor arma que me haya podido dar ese viejo.
El hermano mayor al ver a su hermano en tan terrible desventaja se apresuró a desenvainar su Espada del Odio e ir tras su desarmado cuerpo, dispuesto a resarcirse de los agravios de su hermano pero al verlo llorando en el suelo, un sentido momento de compasión cruzó en sus ojos y al desenfundarla y exponerla al aire, la espada en un instante se oscureció y se deshizo ante sus ojos dejando un rastro de polvo oscuro cercano a sus pies. El hermano mayor no acertaba a comprender lo que había sucedido: - ¡no es justo! - dijo también con rabia, ¡esto no era realmente una espada!, ¡ese anciano me ha engañado!.
Y ambos, coincidiendo en su enojo, decidieron regresar juntos a pedir explicaciones al viejo sabio.
- ¡Nos has dado unas armas defectuosas!, protestó el hermano mayor nada más volver a tener a la vista a aquel anciano. - Así no podemos batirnos en duelo, - dijo el menor, - ¿es que acaso te querías reir de nosotros?, - interrogó con grandes ojos al sabio.
El anciano acercándose a ellos con la voz sorprendida les dijo: - pero ¿dónde están vuestras armas?. El mayor se adelantó hacia él y le dijo: - mi espada se hizo polvo apenas la desenvainé; - y mi lanza aún está clavada en la tierra me fue imposible levantarla del suelo pues pesa mucho, -dijo el menor.
- ¡Nos has engañado! dijeron a un tiempo los dos hermanos.
- Entonces por lo que veo no podeis luchar, - dijo el hombre sin inmutarse, - tú no has podido manejar la Lanza del Amor y a ti se te deshizo la Espada del Odio. Mejor, id a casa juntos y olvidad vuestros agravios.
- ¡Eso no es justo!, - dijo el mayor, - has de darnos a uno de los dos la victoria, aunque no hayamos podido luchar solo uno llevaba razón en esta contienda, has de decirnos quien ha ganado.
Entonces el anciano mirando a ambos les dijo: - está bien, es justo lo que pedís, ha ganado el que portaba el Arma Invencible.
Todos se quedaron muy sorprendidos de que el viejo sabio dijera algo así y dejara zanjado el tema sin más consideraciones ni pruebas.
Los dos hermanos, confundidos, se miraron entre sí preguntándose que había querido decir el maestro, quién de los dos era el que podía sentirse vencedor y quien era el vencido, sin embargo nada más escucharon y viendo que era imposible convencer al sabio para que se extendiera en una explicación, les diera otras nuevas armas o declarara abiertamente a uno de ellos como vencedor, expresaron su malestar durante unos minutos más pero no les quedó más remedio que regresar a casa juntos, pues el viejo hacía rato que ya había cerrado los ojos y nada contestaba a lo que le increpaban.
- Maestro, - interrumpió, de repente, la voz de un pequeño entre el gentío que se había reunido para ver el desenlace de la afrenta, - ¿qué es lo que ha pasado?, ¿porqué esos caballeros no ha podido conservar sus armas intactas? - dijo con voz inocente.
Entonces el viejo sabio abrió los ojos y mirando al niño con complacencia le dijo: - aprende esta sabia lección niño pues te será útil en la vida:
Para esgrimir la Lanza del Amor y conseguir que otros ablanden su ira hay que tomar fuerzas del fondo del corazón, en un enfrentamiento justo y equilibrado para todos, afianzando en las manos una humilde intención, extraer coraje de los buenos sentimientos, pues el amor se endurece y se vuelve inamovible con el oportunismo, el orgullo o la vanidad por ver al que se juzga más desprotegido, humillado y vencido.
Y para portar la Espada del Odio, viendo como el amor yace en el suelo, desarmado, dolido, frustrado, hay que ser una persona ofuscada y cruel, soberbia y sin conciencia, sin benevolencia ni principios, pues un simple viento de compasión puede deshacer una mala acción en un instante.
Las armas han hablado. Ninguno de los dos hermanos merecía batirse en esa lucha, ambos se han unido ante la contrariedad de una injusticia y sin pretenderlo, se han puesto de acuerdo... para atacarme a mi.
Todos aplaudieron las sabias palabras del anciano pero el pequeño queriendo llegar aún más al fondo preguntó de nuevo:
- ¿Y quién ha ganado entonces? ¿cuál es ese Arma Invencible?
- La paz, pequeño, la Paz, - respondió el sabio acariciando la cabecita del niño.
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