miércoles, 29 de octubre de 2008

A buena hora




A veces regresa el pasado, no viene a nada, solo a regresar,
a pasar el rato, a mirar colores, a curiosear.

La vida nos lo trae, creemos que es para algo bueno, pero no es verdad,
solo viene a pasar el tiempo, a revolver heridas, a fantasear.


Y sorprendentemente, como esas ofertas que vemos del 2x1, junto a uno regresa otro pasado más. Y ya son dos. Tan iguales, tan sin motivos, tan empaquetados en si mismos, tan llenos de oportunidad. La vida los amontona, los mezcla, los confunde,
porque por si solos, tan solo son... pura vanidad.


Y al verlos, tratando de ser presente, orgullosos y vacíos de honestidad,
simplemente me sale decirles: a buena hora.

A buena hora, solo sois pasado, nada más,
ofertas de 2x1 cuya naturaleza
es tan solo... engañar.

Os dedico una canción,
a buena hora,
no merecéis más.

jueves, 9 de octubre de 2008

Me confieso




- Puedes empezar, te escucho, -se oyó una voz desconocida, cansada, lenta, rutinaria...

- Yo, yo, bueno yo...-sonó un voz niña que azorada elevaba sus ojos hacia el cielo cerrando sus manitas junto al pecho- yo...bueno yo... me confieso...

Me confieso amante de la naturaleza, de los buenos paisajes de día, de noche, de luz, color y deseos buenos.

Me confieso soñadora, creo en las estrellas y en lo que se esconde detrás de ellas, en lo que no se ve, siempre nos miran tantas bellezas desde el cielo, en ello creo.

Me confieso pescadora de momentos, creo en los impulsos que recibe un corazón sano, creo en los rincones de frescura que hay que conservar de un corazón lastimado o enfermo, en dos corazones dándose un abrazo, creo.

Me confieso enamorada, de la vida, de los espacios de calor de un sueño, de los desafíos por dar un cariñoso beso a quien me da la espalda, de los pensamientos ajenos que son brillantes, de los míos cuando son tiernos, de las manos que ayudan, de las voces que escuchan, de quienes suspiran en silencio, de quienes gritan que les hacen daño, creo y me enamoro a cada instante de los destellos que provoca en mi alma el amor de la familia, de unos amigos desprendidos en abrazos, de un trabajo hecho por mi y bien hecho, de un luminoso y amoroso te quiero, me confieso enamorada de sus ojos, con esos bellos reflejos.

Me confieso arrepentida, me arrepiento de los instantes en que no veo cielo abierto, de los lugares en los que pienso que no hay Sol, de los escondites donde mantengo mis secretos en soledad, de los anhelos que a veces no le concedo a mi cuerpo, también de aquellos excesos a que le someto, de los descansos sin paz que se hacen eternos, de mis palabras cuando se vuelven en otras mentes desasosiego. Me arrepiento de las voces que no hago callar, de los silencios que no consigo escupan su miedo, de la desesperanza que me invade la vida cuando pienso que todo lo pierdo o cuando algo no lo recupero, de todo ello me arrepiento.

Me confieso equivocada de palabras precisas, solo las expongo, muchas veces, no las escojo, no las pienso, brotan de mi alma desordenadas y yo, en mi sentir espontáneo, las voy haciendo un hueco, cuando me equivoco, lo lamento, cuando sin pretenderlo hago daño con ello también lo siento.

Me confieso retadora, rebelde para decir te quiero, confusa para entender mis pesares, dolida y asustada para expresar lo que realmente siento, esforzada en conseguirlo, sé que tal esfuerzo conlleva un hermoso premio, yo lo intento, siempre lo intento.

Me confieso idealista, de esas que llevan el alma entre las nubes y caminan con los pies en el suelo.

Yo así me confieso...

En esto la niña calló, el sacerdote con los ojos muy grandes y la voz abierta en sorpresa le dijo:
- ¡Extraordinario niña!, es como un milagro, apenas alcanzas trece añitos y hablas así, con esa soltura, con esas ideas claras, con ese manejo de palabras ¡tan profundo!... ¡tan extremo!.

- Es fácil - contestó la niña... - para mi es fácil decir todo eso.

- Pero ¿cómo lo haces? ¿de dónde salen tan hermosas palabras? - dijo impulsivo el sacerdote y emocionado mirando sin darse cuenta a las alturas.

- Pues veras, - contestó la niña, - cuando estoy muy triste, pero muy muy triste y necesito sentirme bien yo voy y me encierro en mi habitación, acerco una sillita a la ventana y me pongo a mirar al cielo...

- ¿Y es así como te llegan esas palabras tan bellas?, - dijo el sacerdote interrumpiéndola sin poder apenas aguantar en su voz la emoción que le embargaba por lo que estaba escuchando...

- No, es que no he terminado, - dijo la niña. - Yo miro al cielo y entonces extraigo de mi bolsillito el libro que me regaló mi mamá ante de irse con los ángeles... y sencillamente lo leo.

Y llevo tantos días leyéndolo... exclamó la niña con emoción que ya me lo sé de memoria. Así que hoy que me ha dicho mi abuelita que tenía que venir a confesarme, pues he recordado algo que me decía mi mamá; ella decía: hija mía tú cuando estés en un momento en que las palabras se te queden ahogadas en la garganta, en uno de esos momentos en que no sabes qué decir, un momento de esos que a veces tiene la vida que no entiendes por completo o que te hayan impuesto, tú mira al cielo y recuerda... las palabras surgirán, brotarán de ti como un rezo.

Y eso hago... yo, recuerdo.



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jueves, 2 de octubre de 2008

Descansa noche... descansa






- Mami, no apagues la luz hoy tampoco, ya sabes que por las noches tengo miedo...

- Pero ¿porqué tienes miedo tú, mi cielo?

- Todo está muy oscuro, no se ve nada, mami, mejor ¡no apagues la luz!.

- Vale, entiendo, la dejaré encendida de nuevo, pero llevas ya muchos días durmiendo con la luz encendida y eso no es bueno, así no descansas, tampoco dejas descansar a los demás...

- Pero es que tengo miedo..., -protestó la niña- además a nadie le molesta que yo duerma con la luz encendida, ¿verdad? - dijo la niña con una mirada punzante buscando la aprobación de su madre a sus palabras.

- Mira, hija, - dijo entonces la madre, - quiero contarte una historia, en realidad es una historia real aunque muy pocos creen que eso sea así ¿quieres oirla?

- Sí, sí, mami, me gustan las historias que cuentas, son tan bonitas... cuéntamela... pero, eso sí, tú no apagues la luz ¿vale?

- Vale, mi amor, yo no apago la luz pero tú recuéstate para que puedas escuchar mejor esta historia...

- Había una vez, -comenzó así la madre -, una niña que le tenía mucho miedo a la oscuridad. Siempre al irse a la cama llevaba consigo una pequeña linterna y cuando todo estaba a oscuras sacaba su pequeña luz y sin que nadie le viera, bajo la almohada para no despertar a su hermanita la encendía, al principio solo lo hacía durante unos minutos, tenía miedo a que alguien pudiera reñirla al verla, pero al comprobar que nada sucedía, que nadie le decía nada, cada día prolongaba más tiempo su luz y así pasaba buena parte de la noche con esa claridad en su camita. Por no dormir las horas suficientes al levantarse era perezosa, no hacía su cama y muchas veces no estaba de buen humor, más bien se levantaba casi siempre enfadada.

Un buen día al ir a acostarse, ¿sabes qué sucedió? pues que la linterna, que llevaba muchos días encendida y estaba ya muy acalorada le habló a aquella pequeña niña de esta manera:

- ¿Sabías que la noche te observa?, cuando no la dejas dormir... la noche se incomoda, -dijo descuidadamente la linterna.

- Eh, ¿quién habla ahí? - preguntó la niña muy asustada.

- Soy yo... tu linterna, no tengas miedo, verás, solo quiero hacerte una pregunta: ¿Sabías que la noche se incomoda con la luz?, - repetió seguidamente la linterna.

- ¿Qué la noche se incomoda? ¿qué quieres decir?, - preguntó la niña sorprendida.

- Pues eso, que no dejas dormir a la noche... tienes siempre mi luz encendida y de esa forma es imposible poder cerrar los ojos, y descansar ¿y sabes qué pasa si la noche no descansa?

- ¡No!, - dijo la niña confusa, - la verdad es que no había pensando que la noche tuviera que descansar.

- Claro que sí, es como tú y como yo, - dijo la linterna - ¿no descansa el día haciendo que el Sol se recueste en el horizonte?, pues igual hace la noche, por el día no vemos a la noche, pero ahí está y cuando todos se van a dormir,.. ella hace lo mismo, ¡se va a su cama! y se tapa con una mantita negra, de color muy oscuro, para no coger frío, la noche siempre está muy arriba, muy alta, a veces duerme un poco más destapada porque la Luna de cerca le da calor con su blanca mirada, pero el resto de las veces se tapa bien para no coger ningún resfiado y se duerme... pero, - prosiguió la linterna,- sí tú me enciendes, no dejas dormir a la noche, la desvelas, se destapa y entonces... a la mañana siguiente la Luna intenta convencer a la noche de que descanse, y ¡hay un lío tremendo!, verás ¿no te has fijado que a veces mientras empieza a salir el Sol, la Luna aún anda luciendo su cara pálida?

- ¡Sí!, -dijo la niña como haciendo un descubriento a través de las palabras de su amiga la linterna, - ¡es verdad!, yo a veces he visto a la Luna y ya era de día!!

- Pues es por eso, - continuó argumentando la linterna, -porque algún niño poco considerado no deja descansar a la noche y la Luna ha de brillar más horas para ver si se duerme un poquito y no se levanta tan malhumorada.

- ¿La noche se enfada?, - preguntó con vocecita apenada una inocente voz.

- Pues sí, - le contestó la linterna, -cuando un niño enciende una luz, ella se desvela, y tarda en coger el sueño, se destapa en la camita y luego va y... coge frío, se resfría y... el sol que quiere mucho a la luna al verla así, tan ojerosa y cabizabaja, pasa un día entero muy muy triste porque no entiende porqué hay niños que solo se preocupan de ellos mismos y no les importa que su amada la noche... se ponga mala.

Y esa es la historia,- dijo la madre concluyendo su relato. Ese es el motivo por el que algunos días, esos, en que la noche no ha podido descansar sus horas reglamentarias, las personas se levantan tristes, perezosas o malhumoradas, la noche no ha podido descansar bien y eso... se refleja en nuestra caras.

Así que ahora, -prosiguió la madre,- vamos a ver qué podemos hacer para que la noche hoy descanse ¿a ti se te ocurre algo?,

La niña bajó un poco su cabeza avergonzada y contestó:

- no, bueeenooo, hummm, no sé, no se me ocurre, deja que piense, tal vez mañana se me ocurra algo, - dijo la niña tratando de evadirse de la pregunta.

- Vale, -dijo la madre que tenía plena confianza en el corazón de su hija, - ya lo pensamos para mañana. Buenas noches mi cielo.

- Buenas noche mami, hasta mañana.

Solo la noche pudo ver que en una pequeña habitación a oscuras una manita, se coló por debajo de su almohada, se oyó un click, y una vocecita infantil dijo en un susurro: - perdona noche ya te dejo dormir, siento haber sido tan desconsiderada. Buenas noches hermanita, descansa.

Y todos empezaron a dormir desde esa misma noche, por fin, con la luz apagada...


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Para todos los niños que le tienen miedo a la oscuridad, que aún no saben que una noche es tan importante como una mañana.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

El secreto de la felicidad

Una vez una buena amiga me preguntó:

¿cómo puedes vivir con esa alegría sabiendo que ellos no te quieren? te lo han dicho tan abiertamente que hasta debería hacerte daño escucharlo,
a mi, me lo haría.


Recuerdo que yo me la quedé mirando un momento,
siempre necesito esos segundos de más,
para saber si quien me lo dice es buena amiga ,
convencida de ello acto seguido le contesté:

Ay, es tan necesario tener fé en esta vida...

Ella, volvió a preguntarme:

ah, entonces es solo porque ¿crees que algún día te llegarán a querer?

Yo le contesté muy firme:

No, es tan solo que vivo...
como si siempre me hubieran querido.

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El secreto de la felicidad no está en ser felices con mucho
sino en sentirse felices con bien poco.





www.Tu.tv

viernes, 29 de agosto de 2008

domingo, 17 de agosto de 2008

¡¡Cómprate una cometa!!



Dialogo entre dos:

- ¿Te gusta cómo estás llevando tu vida?

- Realmente, no.

- Pues cámbiala.

- Eso es fácil decirlo.

- Y fácil hacerlo.

- Tú siempre lo ves todo muy fácil pero hay cosas que ofrecen mucha dificultad, no son tan fáciles como piensas.

- Sí, ya lo sé, las más importantes de una vida son las más difíciles, así se distingue cuáles son las más importantes.

- ¿Y cómo se consiguen fuerzas para cambiarlas?

- Preguntándote ¿qué deseas cambiar?

- Yo solo quiero ser feliz y no lo consigo, no encuentro un referente, un modelo de vida.

- Ah, entonces ¡cómprate una cometa!!.

- ¿Qué??? ¿qué me compre una cometa? pero ¿te has vuelto loco?

- No, no me he vuelto loco si quieres un modelo a seguir cómprate una cometa.

- ¿Y para qué quiero yo una cometa?.

- Verás, es sencillo, cuando la tengas vete al campo corre a favor del viento hasta que vuele, así entenderás que has de esforzarte para conseguir algo, que has de utilizar las ventajas que te ofrece la vida (tu trabajo, tu personalidad, tus virtudes, tus fortalezas) para impulsar tus ilusiones.

Cuando tu cometa ya esté volando atiende las ráfagas de viento y aprovéchalas para que prosiga volando, así entenderás que una vez has conseguido alzar el vuelo para mantenerte solo has de estar atento a a las ocasiones que te brinda la vida, un reencuentro, una mirada, una mano tendida, una sonrisa a tiempo, una casualidad, una palabra precisa, un música especial, un simple ánimo te ayudarán a valorar las oportunidades.

Cuando el viento cese observa como la cometa cae precipitadamente hasta el suelo, con velocidad, sin previo aviso, nadie puede detener su caída, pues no es momento de ello, así entenderás que es inevitable caer a veces, es inevitable no mantenerse arriba, pues hasta la propia naturaleza, que es tan sabia, hace descansar al viento.

Mientras estés caído recuerda que siempre habrá una mano que se tenderá hacia ti con ilusión y cuyo único objetivo es que vuelvas a volar para poder seguir sonriendo viendo como te elevas de nuevo. ¿acaso nunca has visto como un niño tras la caida de una cometa corre hacia ella con la intención de volver a intentarlo? No ve en esa caida una derrota sino un nuevo desafío.

¡Cómprate una cometa, deja de decir que no puedes y suelta tu vida!!!

¿aún no lo entiendes? no es a favor sino en contra del viento cuando una cometa realmente vuela muy alto.


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sábado, 9 de agosto de 2008

Hablar en colores



Hablar en colores

Me gustaría utilizar colores para decir lo que quiero, me gustaría señalar una nube para decir hoy tengo ganas de evadirme de la realidad, dibujar un sol en grandes trazos para recuperar aliento de color de esperanza en el amor, pintar una luna para contar mis sueños.

Me gustaría tomar los pinceles de colores más extraños para describir el impacto en el corazón de una traición, la duda aterciopelada de un sentimiento, la confusión de un problema, pondría en color intenso los esfuerzos y las superaciones, igualándolas, así nunca sabría si aún me hallo en el intento o si ya lo superé, siempre seguiría creciendo en mi afán por conseguirlo. Pondría de colores difuminados las penas, las tristezas, mantendría junto a mi un bote de pintura blanca y a cada momento de alegría pintaría con blanco, diluyendo ese dolor hasta confundirlo con el fondo de mi alma.

Sacaría los tonos más llamativos para imprimir en mi corazón a mi familia, a mis amigos, cada color llevaría su propia luz, su propia tonalidad de sinceridad y en el momento en que viera que algún tono se apagaba solo tendría que ver hacia qué tono viraba, si fuera hacia el negro huiría sin detenerme a dejar ni una palabra, ni una sonrisa, si fuera hacia el blanco, analizaría cuál es el motivo de su baja intensidad y con sencillez comprendería el cambio, lo aceptaría en mi paisaje como un nuevo tono natural que se suavizó de esperanza.

Me gustaría utilizar los colores para decir lo que no quiero. Todo aquello que no quiero lo pintaría en gris, las guerras, las catástrofes, las injusticias, rodearía con un halo de bello color a todas las víctimas de una barbarie, de un maltrato, de una locura, a todos los que sufren en su piel o en la piel de sus seres queridos, para que ningún nuevo gris de tristeza, desamparo o soledad, pudiera alcanzarlos, señalaría de forma evidente, con trazo grueso, los egoismos, las mentiras, las envidias, las calumnias, los rumores que tratan de hacer daño, subrayaría con color oscuro las malas intenciones, las roturas de bondad, de confianza, las grietas de buena intención, de sana voluntad, de nobles pensamientos. Nadie podría esconder su malicia con la hipocresía, ésta quedaría señalada en un fuerte y ácido color que corroería solo la zona enferma, que quedaría destacada, comprimida, aislada.

Me gustaría poder utilizar los colores más bellos para guardar con ellos mis recuerdos, para bosquejar mis sentimientos más profundos, mis anhelos, me gustaría poder hablar en colores y así no confundirme nunca al expresar mis deseos, al destapar mis realidades, al hablar, al escribir, al utilizar las palabras...

Pero lo que más me gustaría, en mi paleta imposible de sueños pintados, lo que más me gustaría sería... poder siluetearte con tinta amarilla de cercanía, de sonrisas, de confianza, de magia, de sueños, de alegría, de cariño, de esperanza, para decirte... que, aunque no sea capaz de comprender el color que pintas en mi vida, aunque el camino hacia el amor ambos lo hemos dividido, yo lo único que sé es que siempre que mi alma se goza en colores divertidos por algo bueno, siempre que mi corazón se duele con tinta gris por algo triste, siempre me acuerdo de ti, porque me haces falta.

Mientras consigo tonos... levanto la cabeza, no le tengo miedo a nada, sólo levanto mi cabeza... y escribo con el alma.


Rainbows of colours - The Sunday Drivers

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martes, 24 de junio de 2008

Zumo de Sol




Un buen día alguien llamó a mi puerta:

- Buenas tarde venimos a traerle un regalo.

- ¿un regalo?, para mí, yo no he pedido nada.

- No sabemos, nos han dicho que le entreguemos esta caja y nada más podemos decir, ¿nos firma aquí, por favor?

- sí, sí, claro, posenlo allí, parece grande, ni idea de qué sera, !muchas gracias!... adios.

Me quedé mirando una enorme caja bien envuelta, con cuidados detalles, en su exterior algo ponía, me aproximé, miré fijamente... precaución, ¡es frágil!, leí con atención, tendré cuidado al desenvolverlo pensé.

Abría la caja con mucho cuidado, en su interior, miles de estrellas se agolpaban tratando de no sobresalir en luz, a cada cual más bella, cada una de ellas con encanto, con magia ¡volaba! y se posaba confiada en mi mano, me hacía cosquillas sin pretenderlo!!, qué bellas estrellas pensé, ¿serán todas para mi?, escondida, medio adormilada, descubrí una Luna amarilla que reposaba tranquila, ¡qué bella luna! me estaba diciendo cuando de repente unos rayos dorados que emitían calor saltaron en mis ojos, me iluminaron la cara... no puede ser exclamé... ¿también hay un Sol? ¿también es para mi?, no puede ser, me repetía con asombro.


La sorpresa era demasiado grande, asustada cerré la caja, me senté sobre ella, no puede ser me repetía, esto tan grande, con tanta belleza, no puede ser para mi, se habrán equivocado, voy a mirar el remite, seguro que no es para mi... alguien debe de estar esperando este regalo y lo han entregado en casa equivocada, seguro. Me agaché, busqué y busqué, un nombre, una dirección, pero nada hallé, no había remite, ninguna seña de identidad de a quién iba destinado ese magnífico regalo.


Después de un tiempo, un buen día se acercaron a mi puerta:

- Buenas tardes, somos los de las mudanzas, venimos a por la caja grande que un día le dejamos, fue una equivocación, nos avisaron de pasar a retirarla.

- Pero... no pueden llevársela, ¡no!, - grité yo, - lleva mucho tiempo conmigo, no pueden...

- A nosotros no nos diga nada, lo sentimos, cumplimos órdenes, nos han dicho, esa caja no puede tenerla esa persona por más tiempo, por eso vinimos, ¿donde está la caja?

- Ahora que recuerdo... ya no la tengo, dije con voz templada, me cansé de ella y se la entregué a unos desconocidos que pasaban por la calle.

- Pero... nos mete en un compromiso, nos han encargado llevársela a su dueño... - dijo uno de los transportistas.

- Pues yo ya no la tengo, puedo intentar recordar como eran esos desconocidos pero no sé ningún dato de ellos, la cosa se pinta dificil, - añadí como con indiferencia.

Uno de los hombres me escudriñó los ojos, sostuve su mirada, con seriedad, con preocupación por su problema.

- Y... ¿esos cartones que asoman por esa puerta?, - me preguntó entonces con voz incisiva.

- Ah, eso, - dije mirando hacia donde señalaba, - tiene razón, es parte de la caja, es que yo en realidad... entregué su contenido, la caja la rompí era muy fea, expliqué al hombre tratando de convencerle.

- Vámonos oí que el hombre le dijo entonces al otro.

- Pero... nos la vamos a cargar con el jefe, - protestó el otro.

- Vámonos, aquí no hay nada que hacer, - respondió de nuevo escuetamente el primero.


Se alejaron, al cerrar la puerta, mi sonrisa, inocente y espontanea brotó... corrí a mi dormitorio, al llegar las estrellas había formado corro junto a mi cama, la Luna cantaba una hermosa canción sobre dos enamorados que se declaraban amor bajo su candorosa mirada y el Sol... brillaba sobre mi cama.


De repente volvieron a llamar a la puerta, mi sonrisa se congeló, abrí la puerta, era el hombre de mirada profunda, fijando sus manos en la puerta para que no pudiera cerrarla me habló así:

- No me he creido para nada que hayas regalado esa caja pero, tranquila, no vengo a llevármela, me asalta una curiosidad y solo quiero satisfacerla.

- ¿Cúal? - dije yo totalmente entregada al verme descubierta.

- ¿Qué contiene esa caja? - me preguntó con curiosidad.


Yo sonreí. Tomándole de la mano entramos en mi casa, le acerqué a la habitación y le dije:

- Mírelo usted mismo pues está todo sobre mi cama.


El hombre entró, yo me quedé fuera esperando en el salón su comentario, su reacción, pero nada oí. Al salir, el hombre me miraba sorprendido y me dijo:

- ¿Y por eso que hay encima de su cama, tanto revuelo para que vengamos a recogerlo?, no entiendo, ¡algunas personas están locas!, - dijo cerrando la conversación y saliendo por la puerta confuso y malhumorado, - yo creía que era algo especial... vaya pérdida de tiempo y esfuerzo, - se oyó por las escaleras mientras descendía.


Me quedé perpleja con tales palabras, acudí a mi habitación rápidamente, al entrar no lograba comprender, sobre mi cama había unos grandes racimos de uvas, un plátano y una naranja. Cogí todo en mis manos como pude, no acertaba a saber qué había sucedido cuando de repente la naranja me hablo:


-Ya se ha ido?

- Sí, - balbuceé aún sin explicarme nada.

- Buf, menos mal, casi nos pillan, ¿verdad? - me dijo con su voz granulada y sus ojitos de gajos chispeantes, - eh, ¡¡Luna!!, ¡¡estrellas!!, ya podeis salir de dentro de la fruta, ¡no hay peligro!!, - gritó convencida la naranja.


Y el platano se convirtió en Luna, las uvas en estrellas y el Sol... el Sol surgió de una simple naranja.


Y justo en ese momento... desperté, me levanté, subí la persiana... llueve me dije con tristeza, me fui a la nevera, la abrí y... sonreí... creo que hoy voy a prepararme ¡un buen zumo de naranja! me dije mientras sacaba una redonda naranja que me miraba con su granulosa mirada.


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Unas veces podemos alimentarnos con zumos de frutas y otras veces podemos simplemente alimentarnos con zumos de sueños. Ambos, no lo dudéis, son energía para el cuerpo y luz para el alma.

viernes, 13 de junio de 2008

Pérdida insustituible



Everybody hurts - R.E.M.


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Mira más adentro, tiene que estar ahí...

- Pues yo no lo veo... no sé, ¿tú estás seguro de qué lo tienes ahí?

- Qué cosas tienes, ¿cómo no voy a estar seguro? ahí ha estado siempre, es dificil no tenerlo y estar aquí así tan tranquilo por el mundo ¿no te parece?.

- Es verdad, tienes razón, sería locura, pero la verdad es que yo no lo veo, por más que trato de mirar a ver si lo encuentro, pues nada, que no lo veo por ninguna parte, solo veo el hueco... mira, voy a dejarlo porque a lo mejor te sientes incómodo porque te lo diga de forma tan directa, ¿no?.

- Mujer, más que incómodo me siento triste, yo sé que lo tengo, que tú no lo veas pues me entristece más.

- A lo mejor se te desplazó hacia abajo...

- Pero ¿a dónde va a ir?, no seas loca, ¡eso no se mueve de su sitio así como así!

-Bueno... no te enfades, a veces yo creo que sí que se desplaza, ejem, sobre todo hacia las partes más bajas...

- No empecemos que sé por dónde vas, te digo que está en su sitio y está muy bien, es hermoso, grande, admirable y muy bien formado, está completo.

- Si tú lo dices, yo es que por más que miro sigo sin ver esa parte...

- Tiene que estar ahí será simplemente que no has mirado bien, claro, lo habrás hecho de forma rápida, una vistazo por encima, te quedas con que no lo ves y... hale ¡a decir que no lo tengo!, pero te equivocas, yo sé que te equivocas, lo tengo, lo luzco, estoy muy orgulloso de él. No le demos más vueltas, no hay que buscarle tres pies al gato, está y punto.

- Bueno, si lo dices tan convencido, no sé... pues por algo lo dirás, vamos pienso yo, pero que conste que si yo no lo veo es dificil que lo vea alguien más, no sé, yo que te conozco un poquito no te lo encuentro así que otras personas lo verán aún menos... bueno, es solo mi opinión si me la aceptas, claro.

- Pero ¿qué dices? no solo lo tengo sino que además es muy grande, vamos tan enorme que todos al verlo me dicen que es especial y me lo cuidan, todos menos tú, que debe ser que no me lo cuidas porque no lo ves.

- Sí, tienes razón, no le demos más vueltas que como bien dices no hay que buscarle tres pies al gato, debes de tenerlo y es solo que yo no me he fijado bien y por eso aún no sé cómo cuidarlo.

Ella le ayudó a vestirse. De repente se paró frente a él y le dijo:
- Mira, no valgo para mentirte, si no te lo digo es que reviento, yo creo que deberías ir al médico...

- Pero... - dijo él aturdido, - ¿de verdad crees que no lo tengo?

- Ese boquete tan enorme en la zona del pecho me inquieta, no me gusta nada de nada... has de averiguar si realmente lo tienes o en algún momento de tu vida, no sé, tal vez sin darte cuenta pues lo perdiste, te lo arrancaron o simplemente escapó atemorizado por algo. Siendo una persona tan sensata, me preocupa de veras que no te des ni cuenta que te falta o que te han arrebatado...

el pedacito más noble de tu corazón.

jueves, 5 de junio de 2008

Sueños de niñez




Elevé mis manos hacie el cielo, recogí con mis manos una nube y con ella me sequé los ojos, estaba triste. Luego, porque tenía frío, alcancé con los dedos la punta de un manto de hermosas estrellas y me tapé con él mis hombros dándome calor. Recogí caída del suelo una flor y la prendí en mi pelo.

Alcancé detrás de una nube dos rayos y con ellos me puse a tejer un jersey de hierbas verdes y frescas, le gustará, pensé. Mientras tejía me llegaba un aroma de añoranzas muy similar a cuando era muy chiquitina y en aquel campo, el de mi abuelo, jugaba a ser una de esas flores que al soplarla se revienta en mil pedazos y se extiende y hace cosquillas y alborota la nariz y luego se reposa, suave y sumisa, sobre una mano.

Cuando terminé de tejer aquel jersey, tomé con mis manos ramas y hojas de los árboles más cercanos y lo envolví atando a su alrededor un lazo hecho con jirones de corteza de uno de aquellos magníficos troncos. Iba a ser un regalo. Lo posé a mis pies y me senté sobre un manto de mariposas que enlazadas viajaban a posarse en el pétalo de un inmensa rosa. Volé un ratito con ellas, acarciando sus sedosos colores mientras me contaron que allá, en el país de las ilusiones, un duende estaba haciendo una colección enorme con alas de muchos colores y ya quedaban muy poquitas que hubieran escapado de su intención.

Me enfadé, no era justo que alguien les privara de tal belleza. Cogí un trebol, uno grande de cuatro hojas, de los que traen suerte y en cada hoja puse una ley que protegía las alas de las mariposas para siempre, añadiendo que si el duende no las cumplía yo iría personalmente a coserle las manos con hilos fuertes y tensos de lluvia enojada, impidiéndole por toda la eternidad que hiciera más daño a tan bellas criaturas.

Cuando las mariposas, muy agradecidas, me dejaron posada en una barca y se llevaron aquel trebol, yo remé un ratito y cuando me cansé, me asomé al espejo de aguas y tomé en mis manos un pedacito de mar, lo amasé para que tomara forma de bufanda y me la puse, acerqué mi tela de aguas al rostro, me acariciaron suaves las olas, toqué con mi lengua la punta de un hilo azul ondulado que se deshilaba, sonreí, sabía salado!.

Luego acerqué la barca a una orilla hasta que encalló en una playa. Entonces, exhausta por mi paseo, me recoste sobre unas rocas de plata y recogiendo arena fina y blanca me moldeé unos zapatos, para que mis pies con los agudos cantos no se lastimaran. Luego en mi soledad ví como empezaban a caer gotas de agua del cielo y para disimularlas me puse a soltar lágrimas; al ver caer tanto agua el sol se puso furioso y le dió un empujón a esa nube negra que creía que estaba tan enfadada. Entonces alargué mi mano y tomé un arcoiris a modo de paraguas y sobre él cayeron las últimas gotas de lluvia...y al cerrarlo, será locura, pero creí ver mezcladas en sus bandas de colores algunas de mis lágrimas.

Me levanté y le suspiré al sol para que brillara, y él generoso se hinchó como un globo, tanto que explotó en rayos dorados, algunos cayeron sobre mi corazón, otros adornaron como anillos mis dedos, unos cuentos brillaron como chispas en el agua y algunos directamente incidieron sobre la arena de la playa.

Enrredada en mis pensamientos se me hizo tarde. Entonces me pusé a mirar al cielo y con ojillos traviesos tuve una idea: colgarme de la luna! pensé que quizá ella, entendiendo mi soledad tal vez me acompañara, balanceándome un ratito. Qué bien!, me dije, está creciente... pero al querer sujetarme por los extremos, lo hice con tanta fuerza que sin querer, rompí sus dos puntas y me asusté y caí al suelo y horrorizada huí de allí sin mirar hacia arriba, pues mientras caminaba creía percibir sollozos, alguien que desde el cielo lloraba.

Regresé a mi casa y sin decir nada a mi madre me metí en mi cama de espumas blancas a esperar el mañana. Nació el sol y me saludó entrando por la ventana, como si fuera otro buen día. Yo estaba nerviosa, quería ver a la luna, pero me daba miedo pensar que ya no fuera tan bella, que le faltaran aquellas dos puntas que se habían quedado clavadas en mi piel. Escondí mis manos para que nadie las viera y estuve todo el día deambulando de aquí para allá. Esperé y esperé y finalmente, llegando la noche, una estrella, la más brillante, me anunció con su esplendora luz que la luna ya llegaba. Y allí la ví...

Y suspiré y me arrodillé a dar las gracias, era tan grande, tan generosa, tan bien formada... pues aquella luna para que nadie supiera de mi travesura de la noche anterior se había hecho redonda y ninguna punta rota le sobresalía, ninguna torpeza delataba.

Entonces estando muy contenta, le dí un tirón a una esquinita de cielo y enseguida aparecieron el resto de las estrellas que sonrientes cayeron a mis manos, me saludaron felices y todos juntos volamos y volamos! y nos acercamos hasta la luna y todos estaban tan contentos con mi compañía que tocamos en el firmamento la letra de una canción, que aquellas estrellas habían compuesto para mi.


Feliz, regresé a mi casa.

¿Qué has hecho hoy, mi vida? me dijo mi madre, hay que ver como traes las manos de sucias!!, vete a lavarte inmediatamente antes de comer, ay, ay, ¿qué habrás estado haciendo con las manos?? suspiraba mi madre al ver que la alegría me inundaba.

Construí un sueño, mami!, jugué con la luna y las estrellas, viajé con las mariposas... y luego cuando llovió un arcoiris fue mi paraguas... ¡¡lo pasé fenomenal!!!.

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No dejeis jamás de creer en vuestro pequeño sueño, como trata de deciros este cuento, si está en vuestro corazón... en vuestras manos estará hacerlo realidad.