martes, 16 de marzo de 2010

Motivo encendido

Motivo encendido


Hubo una vez una niña pequeñita, al acostarse todos los días le gustaba leer a escondidas, su mamá no le permitía tener la luz encendida mucho tiempo porque molestaba a su hermanita, entonces la niña encendía una pequeña linterna para poder leer y adoptaba distintas posturas en la cama, tapándose bien con las mantas, pues no quería que nadie viera que encendía una luz.

Cuando estaba suficientemente cansada se quedaba dormida, en ocasiones con la linterna encendida. A los pocos días de encender aquella linterna para leer comenzó a escuchar una canción como si alguien tarareara, apenas se entendía y era una voz extraña que sonaba como si temblara en toda la habitación, así que de aquella lectura favorita la niña pasó a utilizar la linterna para dedicarse a investigar en las paredes de la habitación, en el techo y en otros rincones de dónde podía proceder aquel extraño sonido, sin salirse de su cama y sin destaparse para no despertar así a su hermanita. Nunca averiguó de dónde venían aquellos sonidos de canción quebrada, pero cada día le inquietaban más... Un buen día su madre descubrió bajo la almohada aquella linterna y aquella niña ya no pudo proseguir con sus investigaciones...

Y al poco tiempo, misteriosamente, aquellos cánticos también cesaron.

Ya de más mayor un día conversando con su hermanita ésta le dijo: ¿sabes? cuando eramos pequeñas y nos ibamos a dormir hubo un tiempo en que yo tenía miedo a una luz que aparecía muchas noches sobre el techo, no sabía de dónde venía pero se movía y provocaba unas sombras y luces extrañas que me recordaban a los fantasmas y no podía dormir porque me daba miedo; creía que era algún monstruo que venía a atraparme y eso me asustaba; entonces para no sentir temor... me ponía a cantar. Me temblaba la voz al hacerlo y me tapaba bien con la manta hasta la nariz, casi hasta los ojos, para que ese fantasma de luz no me descubriera ni me atrapara nunca; yo cantaba en en voz bajita intentando superar ese miedo... Nunca supe de dónde nacía esa luz, pero asustaba mucho, de veras,de veras que sí, hermanita. Un buen día esa luz desapareció, yo dejé de cantar y ya pude dormir más tranquila. Nunca se lo he contado a nadie hasta ahora porque me daba vergüenza reconocer que por las noches dormía con miedo de que una luz desconocida apareciera en el techo.

La niña se le quedó mirando con sopresa. ¿Sabes?, le dijo entonces a su hermanita. Yo de pequeña... es que tenía una linterna...

Así que ese día aquella niña comprendió algo importante: todos formamos parte de un todo, todos tenemos miedo a lo que desconocemos, hay muchos motivos por los que podemos molestar o tal vez todos sean un solo motivo, que disfrazamos de fantasma, de ruido, de noche, de dudas, de agobios, de huidas o insistencias, de oscuridad, tal vez un solo motivo y mil linternas y excusas para enfocarlo y mil tipos de canciones bajitas para disfrazar cuánto y cómo nos atemoriza. Pero al fin y al cabo un solo miedo... miedo a no ser comprendidos.

Sin embargo podemos vivir muchos años creyéndonos incomprendidos, incapaces, diferentes o ajenos a otros... hasta que un buen día nos paramos, conversamos suavemente, con la madurez de los años o el dolor de las distancias y nos sinceramos con un simple objetivo: entendernos y entonces, ¡es increible! de repente, sin esperarlo, surge lo absurdo.

Porque todos, desde ambos lados, siempre tenemos grandes y poderosas razones para hacer las cosas como las hacemos, y nos esforzamos en que nos entiendan y nos valoren y nos permitan seguir siempre incuestionablemente haciendo lo mismo, pero, al fin y al cabo, ¡es absurdo! jamás podremos evitar... tener TODOS el mismo motivo.

Todos formamos parte de un todo. Realmente, creemos que no, pero estamos equivocados, en realidad TODOS nos pasamos el mismo tiempo sufriendo de diferentes maneras... por lo mismo.

¿a qué es absurdo luchar contra el que tiene un mismo motivo?

C.M.
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5 comentarios:

Ñoco Le Bolo dijo...


¿No lo había leído ya? Tengo un vago recuerdo.

Copitos cálidos

CristalRasgado & LaMiradaAusente
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Cris dijo...

hola Ñoco! bueno si tu recuerdo es vago esperaremos a que se ponga laborioso y te contesto ;-) una abrazote y gracias por la visita, eso me recuerda que hace un ratín de tiempo que no me acerco a tu blog, allá voy! :-)

Adonai dijo...

El cuento es muy bonito y es así como nos pasa tantas y tantas veces. No nos han educado para creer en nosotros, para creer en los demas, para aceptar y respetar las diferencias... sobre todo para sentir que, independientemente de lo que pase, tenemos un valor, somos valiosos, muy valiosos, y necesitamos constantemente la confirmación, la aprobación.
Hoy me ha sucedido algo con un hombre, algo que encaja perfectamente en tu cuento :-)
Gracias Cris, por tu testimonio valioso y por tu valiosa presencia...

Aseret dijo...

Hola Cris, :) qué tal? Hacía mucho que no entraba a leer en tu blog, y siempre encuentro historias preciosas con un significado muy bueno.
Somos parte de un todo, pero también partes individuales de ese todo. De la relación que consigamos entre todas las partes, dependerá la concepción del todo, si las dos hermanas hubieran hablado antes, cuando les sucedía, el todo final hubiera sido diferente.
A todos nos afecta lo mismo, la diferencia depende de como lo concebimos .
Besotes guapa, siempre es un gustazo entrar a leerte.
La imagen también es muy linda.
:D

Cris dijo...

Hola Adonai! claro que somos muy valiosos y cuanto más lo creemos menos necesitamos que nos lo confirmen, de veras, gracias por tu visita amigo, eso me recuerda que te tengo un poquillo abandonado y no sé si habrá creado algo nuevo y bonito como tú sabes hacer... voy para allá ahora mismo!, je, abrazos

Hola Aseret! gracias por tu visita!, claro qué sí cielo, somos parte de un todo y a su vez cada uno somos un pequeño trozo, casi como el DNI, personal e intransfrible, je, un abrazote!